
Marcelo Contreras
La vida de Julio Iglesias es viajar en jet, actuar en todo el planeta, y que le adoren como un eterno galán. Y Julio devuelve a cambio un espectáculo que simula un vuelo sin turbulencias en la más sofisticada de las aeronaves. El cantante español más famoso del mundo quiere agradar a todos, y su manera de hacerlo es centrando la atención exclusivamente en su persona, relegando al fondo del cuadro a los músicos que lo acompañan, para que nadie le robe miradas.
Así entonces, un concierto de Julio Iglesias ahora es como escuchar un casete. En la calidad del audio hay un siseo de fondo permanente. Y no se trata del acento del cantante español más famoso en el mundo, sino de toda su banda, ecualizada con los agudos a tope, sin ninguna profundidad. ¿Todo para qué? Para que su voz de escaso cuerpo pueda dominar la escena por completo, sazonada con esos gestos de marca registrada -la mano acariciando afectada su pecho, buscando algo que nunca encuentra-, que describen en su lenguaje al conquistador por esencia.
El resultado es absolutamente plástico, como un número musical de estelar para televisión perdido en los 80. Pero Julio, que es un bribón que presentó su última visita de 2007 como la última, compensa el menguado volumen de su música adulando a sus anfitriones de turno con palabras irresistibles. Anoche proclamó la singularidad del chileno en la Tierra, tal como sin duda hace lo mismo con el público de Vancouver. Esas loas, y un puñado de clásicos desfigurados de sus formas originales como "Quijote", "Ni te tengo ni te olvido", "Nathalie", "Me olvidé de vivir", "Un canto a Galicia", "Manuela" y "De niña a mujer", bastaron para que Julio Iglesias renovara un romance que ya lleva 40 años con este país.
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Posteado por: Alex Montenegro Montenegro 03/04/2009 07:08 [ N° 1 ] |
Sorprende que este señor aún cante, es muy posible que doble todos sus temas. Es la versión latina de Mickael Jackson, pero con el doble de edad. Marcó una época pero ya debiera retirarse dignamente, si ya ganó todos los premios musicales conocidos no debiera exponerse a sufrir una abrupta caída en plena actuación porque el auditorio puede serle cruel, no perdona voces desafinadas y débiles. Debido a esto es que muchos grandes artistas prefieren dejar los escenarios en el peak de su carrera, para que sean recordados por siempre en la plenitud de sus capacidades. |
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