
Patricio Tapia
Amaba andar en bicicleta. Cuando no debía ir a la universidad, cuando no tenía que escribir o estudiar, tomaba la suya y daba largos paseos. Es probable que muchas veces en sus clases y conferencias, Franco Volpi abordara de qué manera la filosofía ha intentado dar (o negar) sentido al absurdo. La mañana del lunes 13 de abril tendría su propio encuentro con él en las colinas Berici, que bordean la ciudad donde vivía, Vicenza, cuando un automóvil no respetó un disco “pare”, y lo atropelló: las lesiones lo llevarían a un coma que terminaría en su muerte dos días después.
Especialista en la filosofía alemana (particularmente en Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger), Franco Volpi era un intelectual de amplios intereses y de extraordinaria apertura, inmune a las constricciones ideológicas y disciplinarias. Le preocupaban no sólo asuntos filosóficos, sino también históricos, filológicos, e incluso literarios. Políglota, aprendió castellano para leer al autor colombiano Nicolás Gómez Dávila, a quien traduciría y ayudaría a difundir en Europa. “Nunca he estudiado castellano en serio”, decía, con una clara y buena pronunciación, quizá porque no tenía el dominio sutil y elegante con que escribía y hablaba tanto el francés como el alemán.
Nacido en Vicenza, la “Ciudad de Palladio” (en el norte de Italia), en el liceo fue alumno de Giuseppe Faggin, el estudioso de Plotino, y en la universidad, con apenas 20 años, se vinculó, para hacer su tesis, con el profesor Enrico Berti (de ahí surgiría su primera publicación, “Heidegger e Brentano”, en 1976). Con ambos mantendría una relación cercana. Luego su carrera como profesor se desarrollaría en varias universidades tanto italianas como extranjeras (particularmente importante fue su labor en Alemania). También estuvo en Chile como profesor visitante (en 1996) e hizo viajes posteriores (en 2005 y 2007). Exégeta y editor ejemplar de algunos grandes textos del pensamiento moderno, podía trabajar tanto en archivos recónditos sobre temas abstrusos como escribir también para un público no académico (colaboró largamente en el diario “La Repubblica”). Publicó algunos libros de conversaciones (junto a su amigo Antonio Gnoli) con autores como Ernst Jünger y Albert Hofmann.
Muchas veces se calificó como un historiador de la filosofía, probablemente sin intención de humildad, pues en su estudio sobre el nihilismo sostiene que éste, como todos los verdaderos problemas filosóficos, no tiene solución, sino historia. Aunque el suyo es un análisis histórico conceptual, más de una vez defendió al nihilismo: “Un individuo armado de verdades se vuelve fácilmente un potencial asesino”, señaló. Así, el nihilismo, que ha carcomido ideales y verdades, tiene “una cara bella”: “disuelve el dogmatismo y el fundamentalismo, enseñándonos a mantener una razonable prudencia y tolerancia”.
Conferencista brillante, sus palabras en público tenían la misma franqueza, el mismo ingenio seco e irónico que animaba su conversación en privado. No obstante su prestigio, era un hombre carente de toda solemnidad, amable (a cualquiera que se le acercara, incluso en la calle, cuando, para su sorpresa, lo reconocían, le dedicaba todo el tiempo necesario). Era además divertido, como el histrionismo al narrar anécdotas demostraba.
La última vez que estuvo en Chile buscó algunos libros en castellano que necesitaba su hija. Y en una librería de viejo encontró otros, rarísimos y, según él, no tan caros, que lo alegraron. Una buena lectura, una comida sabrosa (por sencilla que fuera), un paseo, una conversación, podían despertar su controlado fervor. Amigo generoso y preocupado, todo en él desmentía aquello que gustaba referir como única alternativa en este mundo, un dicho de su admirado Gómez Dávila: “Ser indiferente sin cinismo, y apasionado sin entusiasmo”.
La muerte prematura de Franco Volpi priva al mundo cultural de la vivacidad y el rigor de su pensamiento. Pero para los más cercanos, torna el mundo un lugar más feo y más silencioso. Queda el consuelo, como él señalaba el viernes 10 de abril, en el que sería su último escrito en “La Repubblica”, comentando las declaraciones del Papa sobre Nietzsche: “Incluso si la vida no es bella, está en nosotros hacerla tal”.
|
Posteado por: Daniel Beza Islas 20/04/2009 14:49 [ N° 1 ] |
La última vez que estuvo en Chile buscó algunos libros en castellano que necesitaba su hija. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |