
Por una curiosa forma de anacronismo psicológico, tendemos a pensar que los escritores del pasado, digamos, por ejemplo, de la Edad Media o del Renacimiento, fueron siempre viejos. Es como si la antigüedad de sus libros la trasladáramos al autor en el momento de escribirlos. Solemos imaginarlos como vetustos caballeros de pelucas empolvadas y expresión severa, ajenos a los desenfrenos de la juventud. Y ni hablar si los hemos visto en alguna plaza, en calidad de pétreas estatuas. Además, se agrega el hecho de que, en nuestra cultura, ciertos apelativos hispanos como Gutierre, Garcilaso o Lope están marcados a priori con la impronta de lo rancio.
Confieso haber caído alguna vez en el mismo estereotipo, hasta que se me ocurrió realizar una pequeña investigación al respecto. Garcilaso de la Vega es el poeta español del siglo XVI que escribió un puñado de composiciones memorables, entre ellas la famosa Égloga Primera, considerada uno de los grandes poemas de amor de nuestra lengua. Estuvo enamorado de una dama de la corte portuguesa llamada Isabel Freyre, pero para desgracia suya, la mujer prefirió casarse con Antonio de Fonseca, un comerciante ricachón muy poco agraciado físicamente. Según sus biógrafos, el poeta que era buenmozo, inteligente, y muy admirado en la corte del emperador Carlos V, no entendía que Isabel hubiera elegido a alguien inferior a él. De esto Garcilaso está bastante consciente, porque en la égloga dice con sarcasmo: “No soy, pues, bien mirado,/ tan deforme ni feo”.
Para poder expresar sus sentimientos con entera libertad, Garcilaso se oculta tras los nombres de dos pastores: Salicio y Nemoroso. El primero lo usa para lamentarse amargamente del desdén a que lo sometió Isabel: “¿Cómo te vine en tanto menosprecio?/ ¿Cómo te fui tan presto aborrecible?”, y el segundo, para llorar la muerte de la dama, quien después de casarse con Fonseca, murió de parto. ¿Qué edad tenía Garcilaso cuando escribió estos poemas? No lo sabemos con exactitud, pero en investigaciones recientes los especialistas calculan que Garcilaso tenía alrededor de 23 años cuando se enamoró de Isabel. De caballero mayor, nada. En el Chile actual habría sido alumno de alguna universidad. Próximo caso: Lope de Vega, dramaturgo famoso y autor de numerosos poemas líricos. Difícil no imaginarlo como anciano de nacimiento. Lope había mantenido una relación con la actriz Elena Osorio, hija de un empresario teatral de Madrid, hacia la cual había desarrollado una pasión irrefrenable. Dice Lope: “No sé qué estrella propicia a los amantes reinaba entonces, que apenas nos vimos y nos hablamos cuando quedamos rendidos el uno al otro”. Por algún tiempo todo marcha bien, hasta que se entera de que Elena va a dejarlo por Francisco Perrenot, sobrino del poderoso Cardenal de Granvela y mucho mayor que ella. Lope no tiene el carácter cortesano de Garcilaso, por lo que herido y resentido escribe una serie de libelos contra Elena y su familia, los que hace circular por todo Madrid. Uno de ellos dice: “Una dama se vende a quien la quiera,/ en almoneda está. ¿Quieren comprarla?/ Su padre es quien la vende, que aunque calla,/ su madre le sirvió de pregonera”. El progenitor de Elena no está dispuesto a tolerar el resentimiento del despechado galán y presenta una demanda judicial contra Lope por difamación. El poeta va a parar a la cárcel. ¿Qué edad tenía Lope cuando inicia su romance con Elena? Apenas 21 años. Un lolo, como quien dice.
Les cuento a mis alumnos universitarios que en 1888 Rubén Darío publicó Azul, un libro que revolucionó la poesía y la prosa en lengua española e inició un nuevo movimiento literario. “¿Cuántos años creen ustedes que tenía Rubén Darío cuando escribió ese libro?”, les pregunto. Desde distintos puntos de la sala de clases surgen las opiniones: “¿45?, ¿30 y tantos?, ¿cincuentón?”. “Ni cerca. Tenía 20 años. Queridos jóvenes, tomen nota: ahora mismo ustedes son más viejos de lo que era Rubén Darío en esos días. Si aquí hay alguien que tiene vocación literaria, que se ponga a escribir cuanto antes. Ya no podrá emular en edad a Darío, pero a lo mejor le alcanza para Lope o Garcilaso”.
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Posteado por: Sebastian Eduardo Venegas Carrasco 19/04/2009 22:45 [ N° 1 ] |
Comparto plenamente la analogía, pero difiero en que hoy por hoy no se haga tal cosa, es que ya la majestuosidad de escribir, la estereotipada pluma y el ostentoso lenguaje ha sido rechazado por una generación practica y de uso rápido, la famosa pluma reemplazada por el ruidoso teclado, que sin duda no es en nada algo relajante, basta escuchar el clickeo constante de cada tecla, el ruidoso enter y el desesperante “clack” de la barra espaciadora, para que mencionar la escasez de vocabulario y la orografía…con decir que no me atreví a escribir directamente, si no que en Word para disimular tal carencia, obviamente resulta mas fácil garabatear que leer un diccionario, pero insisto, espero no equivocarme al afirmar que las generaciones de hoy tienen gran afinidad con la literatura, no con la “majestuosidad” o el vocabulario de antaño, pero literatura al fin. Clara es la cantidad de blog presentes, los anuncios en facebook, y el relato cotidiano del fotolog, si bien para muchos pueden ser historias de poco interés o relevancia, y que sin lugar a duda están muy lejos de poder marcar un hito en la literatura, pero es la manifestación clara de la literatura de hoy.
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 20/04/2009 18:24 [ N° 2 ] |
Y Rimabaud tenia menos de 20 cuando escribio sus poemas |
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Posteado por: Jorge Alvarado Robles 23/04/2009 17:56 [ N° 3 ] |
Los poetas españoles del renacimiento eran jóvenes y todos Vega. Hya algún Vega que quiera emularlos. Ya lo saben, a ponerse a escribir. Saludos. |
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Posteado por: Margarita Isabel Acuña Espejo 23/04/2009 18:30 [ N° 4 ] |
Cuando leí esta columna en el diario, me quedé con un gusto agridulce. Agrio, porque hay una visión sesgada del mundo literario adolescente y juvenil (tengo dieciocho años, escribo, participo en un taller literario desde hace tres años, y además, conozco y sé de contemporáneos a mí que también lo hacen y gustan de ello), que se debe principalmente a la falta de recursos para publicar (porque es caro) y pensar, justamente, que hay que ser un Escritor hecho y derecho (¡como si existiera una carrera para ello!). No es casualidad que se piense que los grandes autores hayan sido siempre viejos; el mundo literario se ha alejado de la sociedad por ser tan elitista (quizás no siempre, pero esa pareciera ser la tónica). Lo dulce, es justamente que personas recuerden que habemos jóvenes que aún podemos ser un Rubén Darío. Siempre dicen que la juventud tiene el futuro en sus manos, pero no nos dan los recursos para que lo seamos. Felices aceptaríamos los que nos atrevemos a emprender un desafío. Nunca es tarde para empezar a escribir, y tampoco demasiado temprano... |
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