
Hace años, cuando leí “Maus”, me sorprendió que lo verdaderamente atroz de esa historieta de Spiegelman no fuera la descripción pormenorizada del ecosistema infernal de Auschwitz, sino que el horror que éste seguía proyectando por años en la intimidad de sus sobrevivientes. Cuando leí la novela gráfica, lo que me pareció más terrible fue ese silencio doméstico esbozado, aquel drama sordo de un hijo intentando anotar y dibujar una memoria familiar rota —los días finales del padre, la tragedia opaca del suicidio de la madre, la distancia generacional vuelta violencia sorda— antes de que se perdiese, antes de que volviera el silencio atroz de una página en blanco.
Spiegelman se ganó un Pulitzer en 1992 por todo aquello. “Maus” era inevitable y terrible a la vez, del mismo modo que, años después, también lo sería “Sin la sombra de las torres”, su trabajo sobre el 9/11. Quizás, lo mismo puede decirse de “Breakdowns”, la compilación de sus trabajos de la década del 70, cuando era alguien que “en una escena de cómics underground que se enorgullecía por romper tabúes (…) estaba rompiendo el único tabú que quedaba: se atrevía a considerarse artista y a considerar su medio una forma de arte”.
No suena descaminado: ese arte en “Breakdowns” cobra siempre la forma de un puñado de historias brevísimas y experimentales que incluyen la narración de suicidio de la madre de autor, su primera revisión del horror nazi, una comedia triste sobre Freud, parábolas sexuales y una peculiar historieta noir, donde conviven Hammett y las mujeres de Picasso.
En todas ellas, Spiegelman luce su capacidad autorreflexiva, a la hora de volver sobre sí mismo y sus obsesiones. Para eso, no deja de usar la propia biografía, como si el ejercicio intelectual tuviera el transfondo ético de un exorcismo continuo que va moldeándose viñeta a viñeta de maneras tan crueles como sensibles. Influido por Robert Crumb, Spiegelman hace de la historieta un medio perfecto para analizar y remediar el olvido, la pena y el trauma. Casi siempre, “Breakdowns” es la confesión de un arte hecho de un dolor que se vuelve nítido en imágenes tan breves como indelebles: un holocausto protagonizado por funny animals, la vida cotidiana del suburbio como una irremontable prisión kafkiana, el porno visto como una forma helada, las cercanías monstruosas entre cubismo y novela negra.
Leer a este Spiegelman vale la pena y no sólo por las historietas de los 70 que contiene. Por el contrario, el prólogo y el epílogo de “Breakdowns” son poderosísimos análisis sobre el acecho constante que un artista realiza al medio que lo rodea. Spiegelman compone su desolado mundo realizando un extraño maridaje que hermana el dolor y la experimentación narrativa, haciendo que los ejercicios de estilo parezcan más bien las entradas de un diario de vida sobre el colapso de su propia biografía. El resultado es terrible y genial: “Breakdowns” es un laboratorio de investigación de recursos formales donde alguien se pregunta dramáticamente sobre cuáles son límites —físicos, morales, históricos, formales— de lo que puede llegar a contener una viñeta.
|
Posteado por: Beatriz García - Huidobro M. 31/05/2009 14:25 [ N° 1 ] |
Los dos tomos de Maus son impresionantes y como bien dices, pocos escritos logran la potencia atroz de estas viñetas, en apariencia simples y lineales, pero que entregan una impresión tan vívida no sólo del holocausto, sino de las consecuencias piscológicas en los sobrevivientes (la página sobre la madre es increíble). Lástima que acá no se consiguen ejemplares... |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 |