
El lado oscuro del amor, de Rafik Schami, es un fenómeno, una paradoja y una concepción literaria retrógrada, rasgos que se funden para entregar un producto tan heterogéneo que es virtualmente imposible resumirlo. Es un fenómeno desde el punto de vista más visible del embrujo que ha ejercido sobre el público: centenares de miles de personas se han volcado sobre un volumen que supera las 800 páginas y donde es fácil perderse; pero también lo es porque revela un ambiente cercano, al que conocemos sólo por el estado de guerra ininterrumpida en que ha vivido —el Medio Oriente—, que Schami retrata de modo sumario, para detenerse en la intimidad de los primeros 70 años del siglo pasado, con saltos cronológicos que nos remontan a épocas muy remotas. Es una paradoja, pues el autor escribe en alemán, su idioma materno es el árabe y, al menos en la traducción española —bastante mediocre y apresurada—, pareceríamos estar siguiendo una secuencia narrativa en la lengua de Mahoma y, sin duda, la misma impresión deben sentir los lectores germanos o europeos. Y es un texto retrógrado —no reaccionario— en el buen sentido de la palabra: nos zambulle en melodramas románticos, feroces, interminables, y al estilo de Las mil y una noches, referencia ineludible para El lado oscuro del amor (Salamandra, $23.350), un libro “de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas, que añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor”. Dentro del marasmo posmodernista y la languidez reinantes en el panorama novelístico del presente, Schami se juega entero por temas eternos, aunque parecían olvidados: odios ancestrales, pasiones irrefrenables, juegos deliciosos en jardines con fuentes, perfumados de azahar, bajo el cielo tórrido de la vigilia en el levante.
El escenario es Damasco que, entre las ciudades más antiguas del mundo, es aquella que ha sido continuamente habitada por más tiempo que ninguna otra. Destruida, reconstruida, conquistada y conquistadora, capital del islam durante la dinastía de los Omeyas, quienes erigieron la mezquita más fabulosa del imperio, Ash-Sham —el norte—, como se la conoce por el pueblo, retiene un espíritu indomable y una belleza única, en gran parte fruto de la acumulación de culturas, razas y religiones que se han asentado y todavía coexisten en ella. El otro punto geográfico, de donde arranca la acción de El lado oscuro… se encuentra en el pueblo montañés de Mala, casi en la frontera con el Líbano, regido desde siempre por dos clanes cristianos rivales, los Shahin y los Mushtak, cuyos líderes han librado una cruenta guerra desde que se tiene memoria. Tal como Shakespeare nunca explica la rivalidad entre Montescos y Capuletos, Schami da por sentada la animadversión entre las dos familias que con altibajos, ejercen el control sobre Mala, hasta alcanzar el comienzo y el final de su tapiz novelesco en la relación de Farid con Rana, ambos pertenecientes a bandos opuestos.
Pero antes de llegar a este momento debemos tener en cuenta que hay un centenar de personajes vinculados con los Shahin o los Mushtak; sus existencias y aventuras se nos exponen en detalle o a la pasada, de manera que El lado oscuro… presenta dificultades similares a ciertas ficciones rusas del siglo XIX: demasiado a menudo tenemos que retroceder decenas de carillas para saber de quien se está hablando, con la diferencia, claro está, que si se trata de Los endemoniados o Guerra y paz, tal esfuerzo siempre es gratificante. En cambio, al promediar el inmenso ejemplar de Schami nos damos cuenta que no vale la pena, porque es preferible olvidar muchos nombres. Como el canto de Sherezade, los hechos se entrelazan sin lógica ni coherencia.
Una de las mayores sorpresas de la crónica reside en el protagonismo decisivo de las mujeres. Sean católicas, ortodoxas o musulmanas, terminan ocupando el primer plano gracias a su hermosura, su inteligencia, su orgullo o su ambición. Matronas respetables con amantes jóvenes, viudas que dirigen transacciones, matriarcas que planean terribles venganzas, jefas de tribus encabezadas por peleles, jóvenes que huyen a caballo, adivinas, comadronas, artistas y un sinfín de heroínas son la sal y la pimienta del tomo.
Ellas, junto a los varones que pierden la cabeza por sus encantos, son un tópico constante de este aclamado, formidable, si bien irregular relato de adoraciones imposibles en el abigarrado país de Schami.
|
Posteado por: Mónica Riveros Gutmann 01/06/2009 14:52 [ N° 1 ] |
Mmmn, hmmm, me huele muy bien esto de jardines orientales, noches perfumadas de azahar y terribles historias de amor, con pasiones irrefrenables, odios reconcentrados, aventuras por doquier. Porque todo lo que se escribe ahora tiene menos gusto que la comida para diabéticos y menos gracia que la televisión chilena, lo que es mucho decir, porque nada en el mundo supera la estupidez, falta de imaginación, aburrimiento de nuestra televisión. Felicitaciones por esta crítica tan entusiasta que aunque encuentre defectos -son inevitables en un libro de casi mil páginas- dan muchas ganas de leerlo. |
|
Posteado por: Bernardo Gutierrez 01/06/2009 20:09 [ N° 2 ] |
Vengo oyendo hablar de este libro hace meses. Todos me dicen que es muy bueno y todos me dicen que es muy anticuado. Y yo creo que ahí está la gracia, tal vez, en lo anticuado. De lo contrario, ¿por qué esa locura que le ha dado a la gente por leer a Sándor Márai, que escribe como hace 100 años, pero historias con temas de siempre, problemas de siempre, conflictos de siempre? Creo que, hasta hace poco, la novela había entrado en un punto de no retorno: pensemos en los textos insportables del nouveau roman francés, en el barroco latinoamericano llevado a su exasperación, en los novelistas para universidades de Estados Unidos. Y he aquí alguien que nos cuenta algo parecido a Las mil y una noches. Y esa es, creo, la gracia del género novelístico. |
|
Posteado por: Margarita Fernandez 02/06/2009 17:43 [ N° 3 ] |
Scheherezade, las mil y una noches, Damasco, ¿Bagdad?, jardines perfumados, odios familiares, guerra, rivalidades religiosas, sociedades multirraciales, civilizacioes antiquísimas versus modernidad, el misterio detrás del velo, mujeres que dirigen todo o casi todo, ¿se puede pedir más en estos días de eterno aburrimiento electoral? |
|
Posteado por: Margarita Fernandez 03/06/2009 18:29 [ N° 4 ] |
Y debe ser extraño, curioso, incluso peregrino, como escribe este crítico, encontrar a tanta mujer decisiva en un medio donde se tiende a pensar que las mujeres poseen cero importancia. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 |