
El informe de Brodeck, de Philippe Claudel (1962), reúne todos los atributos que el lector espera de una novela. Al principio puede llegar a confundirse, pues cierta ingenuidad pareciera estar presente en sus páginas, algo así como el tanteo de un escritor que no domina del todo sus materiales. Pero ello es parte de la habilidad de Claudel para otorgar autoridad a su narrador y así lograr que parezca que es a él, a Brodeck, a quien se lee en lo sucesivo, y no al autor. El libro comienza de una manera muy simple: “Me llamo Brodeck y no tuve nada que ver. Necesito decirlo. Tiene que saberlo todo el mundo”. Luego, los hechos se develan poco a poco, de modo de mostrar las miserias de la condición humana cuando se ve enfrentada a situaciones extremas.
Escrito en una prosa rica en matices y giros, el libro narra eventos acaecidos en un pueblo indeterminado de Europa al cual regresa el narrador (que estuvo prisionero en un campo de exterminio) una vez terminada la guerra. Pero no encuentra allí descanso porque las autoridades le encargan la redacción de un informe. “Yo siempre tuve —dice Brodeck— un poco de dificultad para hablar y decir el fondo de mi pensamiento. Prefiero escribir. Me parece entonces que las palabras se convierten en dóciles, que vienen a comer en mis manos como pequeños pájaros, y hago casi lo que quiero, mientras que cuando intento reunirlas en el aire, se me escapan”. El informe que Brodeck intenta redactar da cuenta de la llegada, poco tiempo antes que él, a ese mismo pueblo de un inquietante personaje que nunca dice su nombre, y al que los habitantes comienzan a llamar “Der Andener”, “el Otro”, un ser curioso, sonriente, extravagante, que deambula por el lugar tomando notas en un cuaderno. En un principio el pueblo se entusiasma con el forastero; incluso, el alcalde le da una pomposa bienvenida. Pero su extraña indiferencia, su presencia en ciertos lugares, siempre dibujando, más su peculiar modo de ser generan crecientes sospechas en su contra. Todo termina cuando el misterioso y llamativo intruso monta una exposición de retratos y paisajes; pero no se trataba sólo de arte, o lo era de manera inusitada, porque enfrenta al pueblo con su propia imagen. Brodeck inicialmente busca justificar a los suyos, pero luego “los paisajes, que me habían parecido mediocres, empezaron a animarse y las caras, a contar los secretos y las angustias, los vicios, las faltas, las preocupaciones, las bajezas… No había probado el vino ni la cerveza, pero la cabeza me daba vueltas y casi me tambaleaba”. Las ansias de los habitantes del pueblo por olvidar un pasado vil y doloroso finalmente acabarían con la vida de “El Otro”. Así, junto a esta historia, emerge otra anterior, una historia de injusticias y traiciones imperdonables.
La guerra aquí es el escenario determinante. Las atrocidades de los nazis (aunque el autor jamás los menciona directamente), la delación, la persecución al pueblo judío y todo el horror de aquella época —las violaciones y los cobardes asesinatos— tiñen de manera siniestra un paisaje que tiene mucho de ensueño, de grata atmósfera enrarecida. Porque Brodeck, el narrador, encargado de escribir el informe sobre las circunstancias que determinaron la muerte de “Der Andener”, a petición de sus propios ejecutores (el pueblo entero), indaga también en su propia experiencia y de ese modo el relato adquiere otra dimensión: un misterio nuevo se cierne en las páginas de Philippe Claudel, unido a una mayor intensidad narrativa. Hay pasajes notables, imágenes que, de alguna manera, recuerdan ciertos matices presentes en novelas de Victor Hugo: “En las calles también había peleles tumbados con los brazos en cruz o el cuerpo ovillado. Peleles grandes, aunque con la distancia parecían diminutos. Luego, cuando lo miré de frente, el sol me vertió oro fundido en los ojos e hizo desaparecer la imagen de mi pueblo”.
Es evidente que el autor de El informe de Brodeck posee la maestría suficiente, en la formulación de la estructura y en el despliegue del relato, para que el lector no se percate sino hasta avanzadas muchas páginas de que se halla inmerso a su turno en un plan, en una especie de mecanismo que entrelaza situaciones, retrocediendo hacia varios pasados en los que el pueblo y su vida cotidiana, la guerra, la naturaleza y sus colores son descritos con precisión y ligereza, y forzando al lector a dar vuelta la página sin cesar.
El informe de Brodeck es un libro superior en el panorama de la narrativa actual: el arte de la novela se hace notar en sus páginas. Claudel es un autor en un sentido clásico y, a la vez, renovado de la palabra.
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