Camilo Marks
Domingo 07 de Junio de 2009
Los confines de la realidad

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“Quién sabe si los términos ‘ficción’ y ‘no ficción’ resulten anacrónicos para nuestros días” son las palabras finales que figuran en el Apéndice de El fotógrafo de Dios (Norma, $ 7.990), la última novela de Marcelo Simonetti. El extenso documento incluye una irritada carta de Sergio Larraín, legendario artífice chileno, al cual se le ha enviado el manuscrito del libro, quien, con razones justificadas, parece refunfuñar por las licencias que Simonetti y sus editores se han tomado para entrar en detalles de su vida íntima para componer el personaje de Santiago Larrea, central en la historia. Indiscreciones más o menos, es seguro que los admiradores de El abanico de madame Czechowska, la excepcional colección de cuentos de Simonetti, o La traición de Borges, su primera y notable obra dedicada al género prosístico mayor, hallarán en El fotógrafo…, tanto motivos de regocijo como de perplejidad.

Para aclarar las cosas, no se trata de un paso atrás ni de un título de categoría menor dentro de la esporádica, pero contundente, original, significativa producción de este autor. La prosa es tan aplomada como en sus demás textos, la seguridad estilística proviene de un escritor que no se precipita a publicar por obligación, del modo en que muchos lo hacen y, sobre todo, de alguien que viene practicando su oficio en calidad de periodista, redactor deportivo, columnista y forjador de guiones por largos años. De esta forma, la lectura de los trabajos del narrador oriundo de Valparaíso siempre ha deparado placer, ningún tropiezo y es probable que continúe siendo así cada vez que Simonetti emprenda la tarea de construir un relato. Él es, junto a Jorge Marchant, Patricio Jara, José Gai, Carlos Tromben, Juan Forch, Gustavo Frías y varios más, la evidencia indudable de que la novelística chilena actual posee buen nivel y poco o nada deba envidiarle a la de otros países latinoamericanos. Que el público nativo posea escaso interés hacia ella y que prefiera manuales de autoayuda, crónicas pergeñadas por figuras audiovisuales y los sempiternos bestsellers, es un fenómeno lamentable y ahondar en sus causas y consecuencias escapa a las posibilidades de este espacio.

Dicho lo anterior, el tema de El fotógrafo… se ocupa de un arte, indicado en el título, bastante arcano para los legos, sobre todo si tenemos en cuenta el grado de especialización que exhibe Simonetti, con referencias a marcas de cámaras, listas de lumbreras de esta profesión o bien el acto de evocar en distintos capítulos los instantes espectaculares, la escenografía, los ángulos que han grabado gracias a su vista y el uso de los lentes. Entendámonos: ninguna materia es ajena a la labor de la imaginación literaria. Sin embargo, en El fotógrafo… hay cierto rebuscamiento, cierta tendencia a caer en detalles técnicos, familiares para nuestro novelista, un tanto inalcanzables inclusive para un leyente culto. Si el volumen posee méritos a la vista y es, por lo general, ameno, ello se debe a la pericia de Simonetti y debemos agradecerle que convierta su curiosa erudición en un estímulo para seguir las estrambóticas o desoladoras aventuras que conforman la acción de este peculiar tomo.

Manuel Rijtman es el protagonista de la trama y, tras una fracasada expedición para retratar a los indios ikunzas, aborígenes rubios de la Amazonía peruana, se recluye en una ciudad similar a Santiago y apenas percibe el éxito de su reportaje, debido a que no consiguió dar con los hermosos salvajes. Mientras alojó en el hotel Savoy de Lima, trabó conocimiento con Burt Rodríguez, un curioso sujeto que se desentiende de las deudas y siempre está elaborando planes muy singulares, en los que compromete a su empresa, adecuadamente llamada Small Business. La relación entre ambos se interrumpe, hasta que Burt envía un correo electrónico a Rijtman, proponiéndole la búsqueda del desaparecido Santiago Larrea. Este último captó la imagen de Giuseppe Renco Russo, el más temido jefe de la mafia siciliana, pudo huir sin ser asesinado, trabajó en la agencia Magnum y finalmente, se aisló, transformándose en un eremita. Enzo Rijtman, otro actor importante, corresponde a Enzo Simonetti, padre de Marcelo.

Los límites entre fantasía y realidad se desdibujan, los incidentes se multiplican, el argumento se complica; El fotógrafo… es, en última instancia, el fruto de una mente que, según puede pronosticarse, nos entregará intrigas logradas y de valor superior.

5 Comentarios publicados
Posteado por:
Sonia Arnal
08/06/2009 22:04
[ N° 1 ]

Resulta que tenemos a excelntes autoes, como Marcelo Simonetti y otros tantos mencionados en el artículo, a quienes muy pocos o casi nadie lee. ¿Es que ya nos hemos idiotizado completamente con los bestsellers de vampiros o con el feng shui? ¿O bien la literatura chilena, que parece estar pasando por un buen momento, está destinada a los museoss de arquelogía? Es un hecho lamentable, que habla mal, pésimo de nuestra cultura de país cada vez más subdesarrolaldo, cada vez con más desigualdad, cada vez más entontecido con lo audiovisual.

Posteado por:
Sonia Arnal
08/06/2009 22:29
[ N° 2 ]

Y debo agregar que no coincido con el crítico en cuanto a lo poco literario que sería el tema de la fotografía. ¡Susan Sontag escribió sus mejores páginas a propósito de este arte! Y ahora que, en teoría todas las fotos se pueden "arreglar" o "perfeccionar" gracias a las cámaras digitales, nada iguala a las instantáneas tomadas con una Leica o una Pentax.

Posteado por:
Sonia Arnal
09/06/2009 12:50
[ N° 3 ]

Estoy leyendo el libro y lo recomiendo urbi et orbis: no es tan bueno como "La traición de Borges", pero igualmente es interesantísimo, original, culto, divertido, ¿qué más se puede pedir en este país donde solo se lees desechos?

Posteado por:
Carlos Gumucio
09/06/2009 23:01
[ N° 4 ]

Haré acaso a la recomendación, mejor dicho, a las dos recomendaciones, la del crítico y la de la lectora: compraré y leeeré el libro, porque parece muy original e interesante y tenemos que apoyar a nuestros autores. Si no lo hacemos nosotros ¿con qué derechos nos quejamos después?

Posteado por:
Carlos Gumucio
10/06/2009 19:01
[ N° 5 ]

El libro parece bueno de veras, está muy bien escrito, sin alardes, sin efectos especiales. Creo que hice nuy bien en seguir los consejos.

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