
Carmen Gloria Larenas
Como aún intentando ubicarse en el lugar del mundo donde habían aterrizado horas antes, los diez bailarines solistas rusos -sólo algunos graduados de la escuela Vaganova de San Petersburgo y con categoría de solistas y primeros bailarines en diversas compañías de su país- debutaron en el escenario del Teatro Municipal en el contexto de una gira por Chile.
Aun cuando las fibrosas piernas, líneas limpias, prestancia escénica y largos brazos de los integrantes de esta troupe develaron efectivamente una buen escuela de origen, el nivel general estuvo lejos del esperado. Por el contrario, hubo falencias que se repitieron en todas las parejas, con excepción de una. Es así como en los pas de deux de "La Bella Durmiente" y "Cascanueces", por ejemplo, Elena Kotsubira y Maria Makarenko junto a Oleg Kharutkin, respectivamente, evidenciaron deficiencias en el afiatamiento como dupla, así como recurrentes problemas en la musicalidad de la interpretación. Sumaron a eso diversas inseguridades técnicas -muy patentes en la diagonal del adagio de "La Bella Durmiente", por ejemplo-, lo que perjudicó el brillo de ambos pas de deux.
Por su parte, la interpretación de Vera Arbuzova y Mihail Venshikov del adagio del acto blanco de "El Lago de los Cines" y del pas de deux de Esmeralda fue fría y sólo correcta. Y Dmitry Dmitriev, en sus intervenciones de "Grand pas Classique" y el adagio de "Las Sílfides", fue sencillamente desconcertante por su irregular nivel técnico y como partenaire. Mejor desempeño tuvo Dmitry Zavalishin, quien pudo lucirse más en "Don Quijote" que en "El Corsario".
Quienes se destacaron del grupo fueron el muy alto Marat Shemiunov y la longuilínea Irina Perren, esta última logrando un buen momento con la interpretación de "La Muerte del Cisne" que inmortalizara a la mítica Anna Pavlova. Ambos, con oficio y experiencia, habiendo bailado claramente mucho juntos, consiguieron entusiasmar al público con el adagio de "Espartaco" y "Aguas Primaverales". Lucieron grandes destrezas como pareja y disfrutaron claramente sus intervenciones. Junto a ellos, la talentosa Tatiana Tkachenko también marcó una diferencia, con técnica sólida, aplomo y seguridad sobre el escenario. Todo ello quedó de manifiesto en sus intervenciones en el "Grand Pas Classique" con exigentes equilibrios y en "Don Quijote" con virtuosismos como fouéttes y grandes saltos. En ambos casos no fue bien secundada por sus partenaires.
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