Óscar Hahn
Domingo 14 de Junio de 2009
Yo fui Cagliostro


Siempre he pensado que Vicente Huidobro vivió vicariamente a través de los protagonistas de sus libros. ¿Qué quiero decir con esto? Que las vidas que le habría gustado vivir y los personajes que habría querido ser los puso en escena en sus poemas y novelas, como verdaderos dobles suyos. No por nada proclama en su famoso poema: “Soy yo Altazor el doble de mí mismo/ el que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente”. Y en la novela Mío Cid Campeador, el héroe castellano aparece como un antepasado de Huidobro, cuyos genes dice haber heredado: “Me sentí nieto del Cid, me vi sentado en sus rodillas y acariciando esa noble barba tan crecida que nadie se atrevió a tocar jamás”. A través de esos personajes, el poeta busca realizar sus sueños de grandeza y defender sus ideas, creando escenarios propicios para ponerlas en juego. Más aún: para su novela Cagliostro, que apareció traducida al inglés antes que se publicara en español, Huidobro había preparado un prefacio que no fue incluido y permaneció inédito. Sin embargo, se conserva el original escrito a máquina y firmado por Huidobro. En él sostiene que Cagliostro emergía en las noches desde el interior de su cuerpo y corregía el manuscrito. La novela se editó en Estados Unidos con el nombre de Mirror of a Mage. En 1934 fue publicada en español por la Editorial Zig Zag de Santiago. Huidobro la llama novela-film, porque en su narración utiliza técnicas visuales que provienen del cine. Recordemos que la primera versión del texto había sido el guión de una película muda que nunca se filmó.

Impostor, mixtificador, embaucador, falsificador fueron algunos de los epítetos que recibió Cagliostro. Hasta cierto punto, también Huidobro. Entre otras cosas, fue acusado de antedatar algunas fechas de sus libros, debido a su obsesión por estar a la vanguardia de la nueva poesía. En 1924 inventó que había sido raptado por una sociedad secreta, como represalia por haber publicado un libelo contra el imperialismo británico. Cuando algunos amigos suyos se enteraron de la superchería, le quitaron el saludo. También se jactaba de haber sido uno de los primeros en entrar en el bunker de Hitler con un grupo de soldados, y para probarlo mostraba el supuesto teléfono del Fuhrer. En este contexto, la figura del mago Cagliostro le viene como anillo al dedo.

El mismo Huidobro era un mago aficionado, que solía amenizar las fiestas infantiles de sus hijos o reuniones de amigos, realizando actos de prestidigitación. Otras veces servía como médium en sesiones de espiritismo. Huidobro estudió seriamente la historia de la magia y aprendió algunos de sus trucos, pero siempre creyó que, más allá del ilusionismo de utilería, había una dimensión del mundo que estaba regida por leyes propias, no conocidas o no aceptadas por la ciencia. Fue en esas lecturas donde se encontró con su doble: el conde Alessandro Cagliostro, un médico italiano del siglo XVIII. Taumaturgo, alquimista, espiritista, ocultista, hipnotizador, curandero milagroso, vidente y astrólogo, Cagliostro se paseó por Europa maravillando a los que creían en sus poderes sobrenaturales e irritando a los que lo acusaban de no ser más que un charlatán.

En el relato de Huidobro el mago no muere. Se sube en una carroza y desaparece en el horizonte. El narrador se pregunta: “¿Qué pasó después? ¿Adónde fue a refugiarse? ¿Pudo vencer a la muerte? ¿Vive aún con los suyos en alguna parte?”. Todas las respuestas conducen al mismo punto: Cagliostro reapareció con el nombre de Vicente Huidobro, en un país llamado Chile. Allí habría escrito la historia de sus aventuras, usando al poeta como médium. Cabe preguntarse ahora: ¿era éste un nuevo truco mediático de Huidobro o realmente creía ser la reencarnación del mago? No lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que el título del prefacio que fue excluido de la edición en inglés era “Yo fui Cagliostro”. Y algo más. Los campesinos que viven en Cartagena, cerca de la colina donde está enterrado Huidobro, juran que han visto al fantasma del poeta salir de su tumba, subirse en una carroza y perderse en el horizonte.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Felipe Castro Illesca
23/07/2009 10:59
[ N° 1 ]

Don Óscar, espero con humildad que llegue a leer estas tímidas líneas en donde quiero liberar ese fecundo latido que me produce el haber encontrado su nombre en la firma de esta columna, y agregándole aún más luminosidad a este hallazgo, figura el nombre de Vicente Huidobro, un autor también admirado por mi.
Es decir, en una fría mañana de jueves,acabo de toparme en medio de la vorágine de la maquina, con dos soles. En la vida nunca sabes que va a traer la marea.

Es un revolución para mi alma, poder leerlo Don Óscar, espero poder continuar con esta lectura por muchísimo tiempo más.

Un abrazo cordial.

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