Camilo Marks
Domingo 21 de Junio de 2009
El fulgor de la escoria


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Las manos al fuego, primera novela de José Gai, fue una excelente irrupción en el género negro. Lo más obvio era que el autor siguiera por esa misma senda construyendo una serie detectivesca con las reglas de esa clase de títulos, en moldes asegurados. Pero Los Lambton demuestra que el escritor está muy lejos de optar por la facilidad y los caminos complacientes. Por el contrario, en esta maciza, impresionante narración, se advierte una renuncia a los trucos del suspenso, a cualquier forma de sensacionalismo, en fin, a negarse a seducir al lector mediante los halagos del enganche indulgente, la búsqueda de efectos que generen adicción o, en otras palabras, reproducir el deseo de dar vuelta rápidamente las páginas mezclado con el anhelo de que el libro no termine nunca.

Los Lambton (Tajamar Editores, $12.800) es una construcción imaginativa compleja y una de las empresas novelísticas más ambiciosas aparecidas ahora último en nuestro medio. Sin embargo, lo anterior no se traduce en un texto de comprensión ardua, en falta de amenidad o en un rompecabezas a los que acuden con frecuencia los prosistas actuales. Con gran desenvoltura, pericia estilística y encomiable dominio histórico, Gai retrata el período que va desde 1910 —el Centenario de la Independencia— a los primeros años 30 en La Serena, cuando la depresión económica y la cesantía causadas por la clausura de las oficinas salitreras provocaron la mayor crisis sociopolítica que ha conocido el país. El eje del relato gira en torno al auge, decadencia y caída —en este caso cierre— de la fundición Lambton, que producía cobre a partir de relaves obtenidos en yacimientos vecinos. La familia inglesa propietaria de la fábrica decide venderla cuando el mineral se agota y abandona Chile, dejando tras sí una estela de miseria, que conducirá a estallidos de violencia y despiadada represión. No obstante, este es sólo el telón de fondo para que Gai despliegue las vidas de un extenso conjunto de personajes, cuyas trayectorias se remontan a la Guerra Civil de 1891 y finalizan en la tercera década del siglo pasado. Así, Los Lambton está dividida en cuatro partes que corresponden a los protagonistas del friso novelesco: Amparo, Erminda, Remijio y Carlos. La primera fue miembro de la aristocracia serenense y novia del joven Carlos Lambton, quien partió de viaje para morir en misteriosas circunstancias. Los hermanos Erminda y Remijio Caimanque, provenientes de sectores desposeídos, se ven ligados con los poderosos debido a que la muchacha tiene un hijo natural con el heredero de la fortuna de los Lambton; el mayor de los Caimanque se convierte en líder sindical y llega a ser candidato por una coalición izquierdista en las elecciones municipales. Carlitos, el vástago de Erminda y el potentado, es un chico con problemas mentales y sus aventuras y desventuras concluyen la compacta trenza argumental, que también relata la sublevación de la Escuadra, el paso de las Milicias Republicanas y los tímidos comienzos del movimiento obrero chileno.

Los acontecimientos públicos parecen interesar a Gai sólo en la medida en que inciden en las peripecias individuales del medio centenar de hombres y mujeres que constituyen la carne y la sangre de Los Lambton. La división en distintas secciones es abrupta y la composición de la trama desafía la linealidad y el orden cronológico. Muchos sucesos, encuentros, incidentes se repiten, aunque siempre desde distintos puntos de vista. Por otra parte, Gai desecha el raconto o el flashback, de tal forma que en una página o un capítulo reaparecen sujetos olvidados o bien nos encontramos con referencias a acontecimientos remotos, bajo una luz diferente. El procedimiento es tan desenvuelto que Los Lambton jamás confunde o desorienta, lo que es un mérito adicional del volumen.

Y otro, no menos digno de elogios, es el tono en el cual están descritos los episodios. En otras manos, esta secuencia de crímenes, traiciones, abusos, sufrimientos, persecuciones, hasta hechizos y maldiciones se habría expresado en un folletín truculento. Paradójicamente, quizá ahí puede residir el único defecto de Los Lambton, pues la mirada de Gai posee cierta frialdad que impide emocionarse frente a tanta tragedia.

Como sea, es un reparo menor dentro de una obra que conforma un significativo logro literario. Tal como el metal rojo se funde en la escoria, Los Lambton consigue su poder artístico gracias a las existencias de los desheredados.

8 Comentarios publicados
Posteado por:
Sonia Arnal
22/06/2009 00:47
[ N° 1 ]

¿Es o no es una novela histórica? En la excelente entrevista de la semana pasada, el autor parece decir que sí lo es. Pero la crítica no la claifica como tal. A mí, personalmente, me encantaría que tuviéramos buenos novelistas históricos.

Posteado por:
Carlos Gumucio
22/06/2009 01:32
[ N° 2 ]

Y el final es estupendo: creo que a muy pocos se les puede ocurrir que de las escorias puede nacer el resplandor o fulgor, en este caso, el de los desposeídos o desheredados, que han hecho la historia de este paìs sin haber sido jamás reconcodios.

Posteado por:
Carlos Gumucio
22/06/2009 16:10
[ N° 3 ]

Es loable en extremo escribir sobre el pasado, sea cercano o lejano, ya que tenemos una historia conocida de 500 años y otra, mucho menos conocida, de varios miles. Y los escritores de ahora solo viven sumergidos en el presente, en el día a día, en la actualidad.

Posteado por:
Ulises Gomez
22/06/2009 17:52
[ N° 4 ]

Notable: cuenta un poco, contextualiza, entrega unas pocas pinceladas históricas y, sobre todo, dan ganas de leer el libro.

Posteado por:
Ulises Gomez
22/06/2009 21:51
[ N° 5 ]

Además, sintetiza una hisotria que se ve muy compleja y poco apta para la síntesis, en lenguaje claro, accesible, sin pedantería, pero elegante y para cualquiera que le interese la literatura y el mundo que nos rodea.

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
23/06/2009 22:09
[ N° 6 ]

Novela histórica, costumbrista, local, recreación del pasado no tan reciente, lo que sea, pero el hecho de que constituya un relato ameno, poderoso, inteligente, lo hace muy atractivo. De modo que a leerla se ha dicho.

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
24/06/2009 18:50
[ N° 7 ]

¿Por qué nadie escribe ahora sobre nuestra historia y, en particular, acerca de los comienzos del siglo pasado, el Centenario, la crisis del salitre, la depresión y todo ese convulsionado y tan rico período, que nunca ha sido bien tratado por la literatura?

Posteado por:
Margarita Fernandez
26/06/2009 03:39
[ N° 8 ]

Muy buena crítica para lo que parece un muy buen libro. Tal vez Camilo Marks tiene razón cuando ha dicho, en este medio o en otras partes, que tenemos a muy buenos escritores locales, pero prefrimos el camino fácil y cómodo de los bestsellers.

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