Artículo
Domingo 05 de Julio de 2009
La historia llevada al límite

Jaime Collyer

Dos citas de Borges bastan para resumir la intención y el desarrollo excepcional de esta nueva indagación de Cercas. Una está tomada —por el propio autor— de un conocido relato del argentino, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. La otra es uno de tantos pensamientos en apariencia fugaces —sólo en apariencia— que Borges regó a su paso: “Nadie se arrepiente nunca de haber sido valiente”. Una tercera referencia —más manoseada— podría ser el aforismo tan habitual de Santayana: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

Lo que aquí hay es de grueso calibre, trascendente por derecho propio: una recreación exhaustiva y pormenorizada, vista desde el interior (el cliché diría desde la piel de sus protagonistas), del “tejerazo”, ese episodio rocambolesco, grotesco y a la par siniestro, en que la democracia española recién inaugurada estuvo a un paso de irse al traste, por obra y gracia de los manipuladores en las sombras, de aquellos factores democráticos que desconfiaban de sus posibilidades, de los oportunistas de siempre y de los salvadores de la patria, esos que nunca faltan en nuestras latitudes hispanohablantes, Honduras incluida.

Una reserva última de humanidad

Ocurrió en Madrid el 23 de febrero de 1981, cuando el mencionado Tejero irrumpió, pistola en mano, en el hemiciclo del Congreso y conminó a gritos a quienes allí estaban para que se arrojaran al suelo. Luego hubo una balacera, tiros al aire para conseguir la sumisión de la clase política, y tanques en las calles de Valencia, y una noche larga en que la asonada puso, al menos por unas horas, a la totalidad del gobierno español de la época, y el Poder Legislativo, de rodilllas. A todos, salvo a un hombre: Adolfo Suárez, el adalid de las transformaciones habidas a la muerte de Franco, personaje del antiguo régimen que no vaciló en hacer lo que la historia le exigía y al que Cercas califica, hacia el final de su relato, como el político español más relevante de todo el siglo veinte. Suárez no se movió de su escaño. Otros dos individuos allí presentes lo imitaron en su gesto: el líder del Partido Comunista, Santiago Carrillo, y un militar claramente matriculado con la democracia: el general Gutiérrez Mellado, que hizo amago de enfrentar a los golpistas y fue reducido a empellones hasta su escaño. Quienquiera que hoy rastree en youtube esos acontecimientos podrá comprobar lo ocurrido, los detalles a la vez sórdidos y bufonescos del episodio, esa mezcla de gran pantomima y gestos heroicos que fue todo ello, gracias a una cámara de Televisión Española que quedó funcionando y lo filmó todo sin que los golpistas lo advirtieran.

El hecho en sí fue una excepción a la regla, no tanto el esfuerzo de documentarlo: a contar de esa noche, se han escrito en España decenas de libros y reportajes, biografías y semblanzas de sus protagonistas, de las circunstancias que propiciaron el episodio, del juicio seguido a sus responsables. La novedad complementaria está en lo que ha hecho ahora Cercas: fijar la mirada en un detalle aparentemente banal de la representación, hacer su propio close-up de un gesto allí apreciable, aferrarse a dicho gesto con dientes y uñas, y toda la inspiración de que fue capaz, para rastrearlo en sus motivaciones secretas, volverlo inteligible, descifrarlo en sus consecuencias íntimas e históricas. Hablamos del gesto ya mencionado de Adolfo Suárez de no arrojarse al piso cuando arreciaban los disparos a su alrededor. Una reacción estoica que pocos tendrían, con seguridad, en tales circunstancias. Carrillo se agachó a medias; Gutiérrez Mellado se alzó del escaño y fue luego reducido. Tan sólo Suárez permaneció impertérrito, sin mover un músculo ni doblegarse a la parafernalia amenazante que lo cercaba.

Igual que hiciera en “Soldados de Salamina”, lo que a Cercas parece interesarle no es la gran historia de los manuales, a ratos manipulada y tan protocolar, interesada y muchas veces oscura, sino el detalle visible y anónimo que, en un segundo apenas, redime a sus protagonistas, nos redime a todos, de los desaguisados y crueldades que esa misma historia trae consigo. En la novela aludida, el asunto era incluso más evidente: un ideólogo del franquismo triunfante se libraba, por azar, de un fusilamiento de última hora en un descampado cercano a Barcelona y, al escabullirse hacia un bosque próximo, era detectado por un joven miliciano de la República. Algún jefe a cargo del fusilamiento preguntaba desde lejos si por allí había alguien, a lo que el jovencito respondía que no, que no había nadie, y permitía al fugitivo escapar con vida. Era una historia también verídica y su protagonista fue Rafael Sánchez Mazas, escritor amparado luego por la España oficial y, según muchos, uno de los responsables doctrinarios de la propia guerra civil. La historia le fue sugerida a Cercas por Bolaño —es lo que propone la propia novela, donde Bolaño asoma incluso como personaje—, pero es el punto de vista adoptado por Cercas, su táctica personalísima al referir el episodio —sobre la base de reiteraciones y enigmas que se suceden uno tras otro, intercalados con las versiones oficiales—, lo que hace la diferencia.

De todo ello resulta una interrogante, que el autor formula y reformula obsesivamente: ¿habrá, una vez desencadenada la matanza y la barbarie, alguien, algún individuo ínfimo, algún gesto residual que salven de algún modo a la civilización? Ese joven miliciano, con su sonrisa adolescente, liberadora, es dicho gesto, esa reserva no prevista de humanidad, que redime de algún modo a la humanidad toda.

La historia

desde la ficción

De algún modo, “Anatomía de un instante” reproduce este juego de espejos y sombras que se escabullen y ello es lo que brinda a estas páginas, y a este nuevo recuento del “tejerazo”, su originalidad suprema, un punto de vista novedoso y desde luego necesario, que ningún relato previo y ningún intento documental habían conseguido hasta aquí. La pregunta es: ¿por qué? ¿Cómo lo logra?

Posiblemente, el gran mérito de Cercas sea que ha dado un giro último a un asunto que el llamado “nuevo periodismo” venía esbozando desde la época en que Truman Capote lanzó a librerías “A sangre fría”. Al decir “esbozando”, quiero decir que no lo había resuelto del todo, ni se había decidido a dar un paso adicional: el gesto de abandonar, finalmente, el territorio circunscrito de la crónica habitual, del episodio cotidiano que luego está en boca de todos, y hasta en el noticiero de las diez, para entrar en ese otro terreno más ambicioso y vasto, más abarcador y arriesgado, de la historia en un sentido amplio, con mayúsculas, un territorio plagado de otros adversarios y de contrincantes inflexibles (los académicos amparados en su presunto rigor, los historiadores de viejo cuño). La crónica novelada que Capote propuso de dos pequeños rateros librando su proeza homicida en Kansas City es una cosa; otra bien distinta es tomar un momento crucial, decisivo, del devenir de una nación en pos de la democracia, y de su propio futuro, y hacer de ese momento una radiografía novelada, un cuadro de época, atendiendo a lo que fue y a sus causas ocultas, a sus alcances insospechados y sus protagonistas directos o indirectos. Y capturar sobre la marcha los pequeños gestos y detalles, su devenir interno y sus introspecciones probables, sus resoluciones y dudas, y todo eso que los va perfilando de otro modo en la memoria histórica, con toda su desconocida grandeza y también sus miserias. Con su pequeño ego librado al azar de la coyuntura, sacando fuerzas de flaqueza, enaltecido de manera sorpresiva ante el adversario.

Es lo que aquí hay, en suma: una remembranza apasionante del intento golpista desde los detalles ocultos, insoslayables, que sólo un novelista fogueado como Cercas —con su don narrativo y su visión personalísima de la historia, de sus personajes grandilocuentes y ante todo de sus protagonistas menores— podía recrear con sus recursos bien administrados de ficcionador, diseccionando el “instante” escogido hasta el límite de sus posibilidades. Sólo se me ocurre, ahora, un ejemplo parecido, igualmente notable, y son los “Momentos estelares de la humanidad” de Stefan Zweig, que fue capaz de iluminar en su día la derrota napoleónica en Waterloo —entre otros episodios “estelares”— con igual fuerza reveladora que lo ha hecho Cercas en su indagación. Poco importa, en este sentido, si el llamado “23-F” español nos atañe o no (y por cierto que nos atañe), si fuimos o no súbditos de esa historia peculiar. Es —como el de “Soldados de Salamina”— un episodio emblemático de nuestra época, un signo de los tiempos y, como tal, ineludible. Un episodio multiplicado en su significación, capaz de interesar, comprometer, involucrar a cualquier lector, también de otras latitudes, porque nos habla de individuos confrontados a su propia valía en estado latente, a la espera de su hora propicia. Esa hora en que todos y cada uno, si tenemos suerte, sabremos al fin quiénes somos en verdad y cuál es la medida de nuestro auténtico coraje.

0 Comentarios publicados
Email Contraseña

Archivo

      Noviembre 2009     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30          

Los más comentados

¿Cuál es el mejor disco del rock chileno?

517 comentarios

Amor a la chilena: ¿Cuál es la mejor canción romántica nacional?

509 comentarios

Serrano y el misterio de Chile

353 comentarios

¿Cuál es la mejor canción de Michael Jackson?

262 comentarios

Gobierno no prestó el Nacional: AC/DC saca a Santiago de su tour

250 comentarios

¿Quién escribió la Biblia?

171 comentarios

AC/DC desata la furia de los blogueros

145 comentarios

Los más recientes

Una historia frustrada

2 comentarios

Pregúntenle a Faulkner

0 comentarios

La historia llevada al límite

0 comentarios

El Rey ha muerto: ¿Que viva el pop?

3 comentarios

“Michael Jackson pavimentó el camino a Barack Obama”

3 comentarios

The gutter twins: Dos tipos duros

0 comentarios

Hija de Michael Jackson: "Mi papá ha sido el mejor que uno pueda imaginar"

1 comentarios