Camilo Marks
Domingo 12 de Julio de 2009
Vívidas historias otoñales

Arthur Miller (1915-2005) será recordado, con plena certeza, como uno de los grandes dramaturgos norteamericanos del siglo pasado y una figura central en la literatura de su país. Las producción de Miller como autor teatral es copiosísima —más de 30 dramas— y abarca un período que cubre desde la década de 1940 hasta la de 1970; sin duda, sus tres obras maestras, que continúan representándose en todo el mundo y en todos los idiomas son “Muerte de un viajante”, “Las brujas de Salem” y “Panorama desde el puente”, estrenadas en forma seguida y correspondientes a su primera época dedicada a las tablas. Sin embargo, el creador oriundo de Nueva York también ha incursionado, con menos resonancia, aunque con igual calidad artística, en la autobiografía (Vueltas al tiempo, de 1987, obtuvo gran acogida de público y crítica), en la novela —Una chica cualquiera, En el punto de mira— y, especialmente, en el cuento, al que se aplicó con esmero en los últimos lustros de su vida.

Presencia (Tusquets, $23.000), de reciente publicación, contiene seis relatos que aparecieron por primera vez en prestigiosas revistas estadounidenses, tales como “The New Yorker” o “Esquire”. En general, se trata de textos pulidos, sin baches, de estilo parco, destilado, casi esencial, relativamente parecidos unos con otros en el tono crepuscular, nostálgico, a veces sombrío de una prosa que se niega a las concesiones gratuitas o la narración fácil, simplista. En su larguísima carrera, que estuvo en muchas ocasiones coronada por premios en su nación o en el extranjero, Miller nunca aflojó en los rigurosos estándares que se impuso y ni por un momento cayó en el sentimentalismo o la banalidad, por lo general inevitables en un hombre de letras dotado de tanto talento y tanta facilidad para concebir ficciones.

Presencia es prueba de ello en las mejores tramas de la colección y también en las menos logradas: es imposible dejar de admirar sin reservas a un octogenario que entrega piezas que parecerían imaginadas por un adolescente o un joven iniciándose con absoluto aplomo en el complejo y laborioso género breve, donde es tan cómodo caer en la imprecisión o la vaguedad.

“La función” es, incuestionablemente, la joya de esta antología. El protagonista, Harold May, va explicando sus increíbles aventuras a un interlocutor, por cierto el propio Arthur Miller, mientras toman juntos un café a lo largo de una somnolienta tarde de fines de los años 40. El objetivo que May persiguió al desarrollar sus enrevesados discursos consistía claramente en “suscitar mi interés para que yo escribiera un artículo sobre él. Mi viejo amigo Ralph Barton me lo había traído pensando que tal vez yo pudiera sacarle partido a su rocambolesca historia, aun sabiendo que por aquel entonces yo había dejado el periodismo, pues ya era lo bastante conocido como escritor”. Cincuenta años más tarde, Miller desentierra, con increíble vividez y frescura, la trayectoria de la troupe de bailarines de jazz dirigida por May, que se desplazó a mediados de los 30 por Europa Central, hasta que, en Budapest, fue abordado por el empresario alemán Damian Fugler, quien los conduce a Berlín, haciéndolos actuar ante el mismísimo Hitler. El Führer queda tan entusiasmado con la presentación que propone formar una academia, con financiamiento estatal, para que miembros y cuadros del nazismo aprendan los nuevos ritmos. Por desgracia, May es judío y si bien, como toda la gente en esa época, algo sabía acerca de las propensiones antisemitas del régimen, desconocía su magnitud (acaban de tener lugar las Olimpíadas de 1936). A partir de ese malentendido, se suceden las confusiones y “La función” culmina en un cómico y ambiguo desenlace.

“Bulldog” y “Presencia”, de breve extensión, conforman el inicio y el final del tomo. El primer episodio, más que describir el accidentado despertar sexual de un muchacho, es un abanico febril en torno a la vida suburbana que tiene como héroe a un chico de clase media que intenta comprar una mascota; el último, que transcurre en la actualidad, constituye la melancólica reflexión de un anciano que asiste, sin querer, al espectáculo de dos jóvenes haciendo el amor en la playa.

“La destilería de trementina” posee la longitud de una novela corta y no es la pieza más calificada del volumen, así como tampoco lo son “Castores” ni “El manuscrito desnudo”. Con todo, Presencia revela a un Miller poco conocido y en la cima de sus poderes expresivos.

8 Comentarios publicados
Posteado por:
Ernesto Parra
12/07/2009 20:21
[ N° 1 ]

En 1956, Arthur Miller, con su mujer de entonces, la actriz Marilyn Monroe, se negaron a comparecer ante la fatídica Comisión de Actividades Antinorteamericanas, presidida por el lamentable Joseph McCarthy. Era la cacería de brujas en Hollywood. A diferencia de otros amigos suyos, no se prestó para justificar sus ideas democráticas ni menos para delatar a colegas o amigos.

Posteado por:
Santiago Montenegro
12/07/2009 22:25
[ N° 2 ]

Arthur Miller, recordémoslo, estuvo en Chile en 1988 para apoyar a quienes estaban por la opción NO en el plebiscito de sucesión presidencial, en particular a escritores, artistas, intelectuales, pero también al resto del entonces mundo opositor al régimen militar.

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
13/07/2009 18:17
[ N° 3 ]

¿Por qué cada vez que se habla o escribe sobre Arthur Miller sale a relucir su matrimonio de 5 o 6 años con Marilyn Monroe?

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
13/07/2009 22:39
[ N° 4 ]

Bueno, hay que recordar que Miller escribió la obra de teatro "Los desadaptados", luego guión de cine, especialmente para Marilyn. Y el drama "Después de la caída", aunque él lo haya negado, se basa en la trágica carrera de la diosa rubia.

Posteado por:
Josefa Cernadas
15/07/2009 03:26
[ N° 5 ]

The misfists o Los desadaptados es la única película en que todos los protagopnistas murieron antes de su estreno.

Posteado por:
Jorge Camposanto Camposanto
16/07/2009 22:37
[ N° 6 ]

El titulo no es en castellano “Muerte de un viajante”,
sino "La muerte de un vendedor viajero" que es muy diferente. Y el personaje principal es eso.
En inglés es "Death of a Salesman". Hay quew tener mas cuidado con las traducciones, especialmente cuando el titulo en ingles no es complicado de traducir. Eso de "viajante" es mala traducción por donde se mire.
El articulista Camilo Marks podría haber investigado en cinco segundo sn ¨google¨.

Posteado por:
Ulises Gomez
18/07/2009 01:36
[ N° 7 ]

"Muerte de un viajante" es el título de la obra en la editorial Losada, hace más de 50 años y ahora en Tusquets. ¿Por qué cambiarlo si viajante es sinónimo de vendedor viajero? Y "Las brujas de Salem" se llama en el original "The crucible", o sea, "El crisol", nombre que ahora no nos dice nada, porque es uno de los pocos casos en que el título traducido suena mejor en otros idiomas que en el original.

Posteado por:
Carlos Gumucio
18/07/2009 22:51
[ N° 8 ]

Lo de buscar en el google es peligroso. Conduce a errores e inexactitudes. ¿Por qué no hacerlo en una biografía o autobiografía del propio Miller? Ojo con la internet.

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