
La mano de Fátima, de Ildelfonso Falcones (1958), es una novela de trasfondo histórico, ambientada en la Andalucía del siglo XVI en el contexto de las guerras y persecuciones religiosas entre musulmanes y católicos. El autor adopta la misma estructura que aplicó con éxito en su anterior novela —La catedral del mar— de combinar y entrecruzar la biografía íntima de sus héroes con el desarrollo de los eventos históricos, esquema arquitectónico que quizás alcanza paradigmas insuperables en Guerra y Paz y La Cartuja de Parma.
El arco histórico de esta extensa novela (casi mil apretadas páginas) va desde la sublevación morisca de las Alpujarras (1568-1571) hasta la expulsión definitiva de los moros de España (1599), y el biográfico abarca desde la adolescencia de Hernando, el ultraacontecido héroe, hasta su plácida adultez con su segunda esposa, Rafaela. La novela está relatada por un narrador en tercera persona omnisciente, erudito, con mucha conciencia histórica y que, sin perjuicio de buscar el equilibrio en la estimación de los hechos, asume la perspectiva de los moriscos. Su prosa, sin ningún asomo de brillantez, ingenio o humor, es correcta y lenta en su despliegue (de sujeto, verbo y predicado). El párrafo inicial es bastante representativo a este respecto: “El tañido de la campana que llamaba a la misa mayor de las diez de la mañana quebró la gélida atmósfera que envolvía a aquel pequeño pueblo, situado en una de las muchas estribaciones de Sierra Nevada…”. La mano de Fátima es una novela que más bien no tiene historia, sino acumulación de vicisitudes. La suma de peripecias que acaecen a su protagonista, hijo de la violación de la musulmana Aisha por un sacerdote católico, es inútil e imposible de resumir. De un lado, la vida de Hernando es vapuleada por su carácter mestizo (“heredó los ojos azules de su padre”) rechazado en parte por moriscos y cristianos, aunque él siempre permanecerá fiel a su fe materna. Del otro lado, Falcones introduce una melodramática y estereotipada historia de amor entre Hernando y Fátima. La presencia de esta figura femenina es, sin embargo, sólo esbozada por señales exteriores: más que un personaje activo es un objeto opaco, víctima de innumerables tropelías y desgracias. El título de la novela alude al nombre de un amuleto musulmán que, según explica el autor en sus notas, representa los cinco pilares de la fe, amuleto que, a su vez, portaba en su cuello la misma Fátima.
La novela de Ildefonso Falcones es producto de una larga y rigurosa documentación. La sublevación de las Alpujarras, la descripción de ambientes, lugares y oficios demuestran talento para la recreación histórica a través de un lenguaje actual, ameno y directo, sin eludir la exhibición de la crudeza y la barbarie. La mano de Fátima es, sin duda, un libro sólidamente informativo y, por momentos, didáctico. Su erudición, que es su fortaleza, se torna excesiva.
Así, no es temerario afirmar que a este libro le sobran páginas. El lector se sentirá gratamente guiado por la trama hasta llegar, más o menos, a la mitad. De ahí en adelante, la historia que propone Falcones se acerca demasiado al género del folletín. El relato, como se señaló, se sobrecarga, los acontecimientos se tornan exagerados, se dispersan y pierden verosimilitud. A decir verdad, el lector se verá abrumado por tantos giros en las situaciones y abusos del Deus ex machina. A diferencia de La catedral del mar, el autor no logra construir aquí un relato claro, creíble y que atrape al lector, paralelo al acontecer histórico.
La novela de Ildefonso Falcones se siente larga (no es aventurado pensar que también el autor —o su editor— la consideró así), ya que, súbitamente, el lector advierte la poda, los cortes hechos por el autor como cuando, al escuchar una canción, por una falla en el equipo reproductor de sonido, se percibe la falta de un compás.
Como novela de acción (porque acontecimientos hay en abundancia) falla por el exceso de información y descripción innecesaria y por lo confusa de la trama, cuyos vericuetos y personajes son difíciles de seguir. Si se busca la entretención (lo cual es, por completo legítimo), comparada con la primera entrega de Falcones y con novelas equivalentes como El sanador de caballos, de Gonzalo Giner, o El mozárabe, de Jesús González Adalid, el lector atento quedará insatisfecho.
En fin, hay una visible intencionalidad política en esta novela, políticamente correcta. El narrador elabora a un héroe y se aprovecha de los acontecimientos para abogar gruesamente por la tolerancia religiosa, la libertad de conciencia y de cultos, por la reconciliación del islam y el cristianismo. A veces pareciera que el morisco Hernando viviera, pensara y hablara de cara no a su época, sino a la nuestra.
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Posteado por: Cristián Andres A G 24/07/2009 11:50 [ N° 1 ] |
No he tenido el gusto de leer "la mano de Fátima" de Idelfonso Falcones, pero coincidentemente ayer pasé por una libreria del centro y la ví. Me llamó la atención por su presentación y además por el autor, ya que me trajo a la memoria como menciona Don Pedro en su blog, "la catedral del mar". Coincido completamente con usted que la estructura de dicho libro deja al lector con una sensación de historicidad y literatura mezcladas homogeneamente. Además de "la catedral del mar" tuve el gusto tremendo de leer "el mozárabe" de Adalid, una novela extensa pero a la cual el lector puede sacar el jugo a cada una de sus paginas. Soy un lector empedernido de las novelas históricas, por lo que tomando en cuenta la opinion de Don Pedro Gandolfo pero haciendo la vista gorda al mismo tiempo, intentaré inmiscuirme dentro de aquel periodo de guerras y persecuciones religiosas entre musulmanes y católicos. Nota aparte merece un libro interesantisimo donde aparecen documentadas en una sección dichas persecuciones, este libro se llama "La Inquisición española. Crónica negra del Santo Oficio" de Joseph Pérez, el cual recomiendo totalmente. Saludos |
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Posteado por: Pedro Gandolfo Gandolfo 25/07/2009 20:03 [ N° 2 ] |
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