Camilo Marks
Domingo 19 de Julio de 2009
Un egocéntrico devastador

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Thomas Bernhard es considerado uno de los mayores escritores de nuestro tiempo y el autor más importante de la segunda mitad del siglo pasado en alemán. En su corta vida (1931-1988), marcada por la desgracia y la enfermedad, produjo un corpus impresionante y se aventuró en la poesía, la novela, el teatro, las memorias y otros géneros. Luego de la muerte del artista austriaco, han proliferado centenares de biografías, miles de libros y congresos anuales sobre él, convirtiéndolo en una especie de circo literario y una industria editorial. Si Bernhard hubiera vivido para ver esto, lo habría combatido con la furia de su poder retórico, porque entre las muchas cosas que detestaba —eran tantas que son innumerables— sobresalían los carnavales en torno a figuras consagradas.

Relatos autobiográficos (Anagrama, $31.110), que se compone de cinco novelas de mediana extensión —El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño— nos revela la quintaesencia del estilo y las obsesiones de Bernhard. Ambos son inseparables, y sólo con fines de claridad diremos que Bernhard desafía al lector mediante una prosa descalabrada, a primera vista caótica, febril, sin pausas, perturbadora, densa hasta lo impenetrable, incluso para estándares germanos. Renunciando a los signos convencionales y dejando de lado el punto aparte, tenemos una masa compacta de repeticiones, frases u oraciones sin terminar, enjambres de palabras, que se reiteran una y otra vez, en todo lo cual se han visto similitudes con los temas musicales —Bernhard estudió violín, canto y musicología—, aunque, a decir verdad, parecería que el excéntrico narrador estuviese haciendo todo lo contrario a buscar armonía cuando redacta así. Luego de traspasar esta jungla léxica, es preciso decir que Bernhard genera casi una adicción magnética, siendo difícil sustraerse al conjuro verbal que suscita.

El contenido de las ficciones de Bernhard está indeleblemente ligado con su estrafalario modo de escribir. En Relatos…, sus paranoicas manías, sus agitadas indignaciones se centran, entre muchos temas, en la pervivencia del nacionalsocialismo, en la identificación que él ve entre la ideología nazi y la religión católica, en lo que piensa es la criminal tendencia de hombres y mujeres para procrear, en el sistema educativo que convierte a seres humanos en máquinas de consumo y malignidad; en la explotación y miseria que hacen posible, por ejemplo, los Festivales de Salzburgo, reputados como sucesos de un sublime nivel espiritual, en el suicidio como salida digna y viable para existencias ya aniquiladas (Bernhard barajó esta posibilidad durante toda su vida, y se estimó un cobarde por no atreverse a terminar con sus días), en fin, en el intrínseco carácter demoledor, mendaz de las relaciones interpersonales. Hay, por cierto, muchos otros motivos que, página tras página, surgen en calidad de fuentes de la inacabable cólera de Bernhard, pero si ya es extenuante referirse a unas pocas, continuar enumerándolas es un ejercicio desgastador y opresivo. La posición del literato es egocéntrica, autorreferente, solipsista, por lo que en sus invectivas no hallamos justificaciones de ninguna especie: solo él emite juicios y dictamina. De manera paradójica, desasosegadora, este frenético, asolador narcisismo causa efectos más devastadores que muchos tratados sobre los males de la sociedad contemporánea.

Bernhard estuvo lejos de ser un intelectual de café. En su infancia y juventud, experimentó las postrimerías del régimen hitleriano, los bombardeos seguidos por el desmantelamiento de ciudades, la invasión de norteamericanos e ingleses, las penurias inenarrables de la posguerra y una situación familiar desastrosa, por mencionar unas pocas calamidades que un niño hipersensible sufrió. Y en vez de seguir estudios superiores, optó por el trabajo de aprendiz en una tienda menor, situada en un barrio miserable, donde convivió con escorias humanas, asesinos, desplazados sumidos en el espanto, el hambre, el infierno de la desesperación.

Al conocer el éxito debido a sus textos, la ira explosiva creció en él como temporal y tuvo que dar la cara por querellas de parientes, personas e instituciones ofendidas. Aun así, nada ni nadie lo doblegaron. Relatos… podría entenderse cual una serie de pataletas nihilistas; sería un grave error, pues gracias a un compromiso único consigo mismo y su época, Bernhard surge como una voz sin par en la actual literatura europea.

10 Comentarios publicados
Posteado por:
Margarita Fernandez
21/07/2009 00:35
[ N° 1 ]

Quizá leer este libro tremendo sea un esfiuerzo enorme. Pero ver la obra de teatro "Comida alemana" de Bernhard, que se dio recientemente y en forma brillante, es una experiencia notable, fuera de serie.

Posteado por:
Alicia López
21/07/2009 17:56
[ N° 2 ]

Bernhard puede ser muy importante, a lo mejor lo más importante del mundo, pero para mí es una barbaridad y un abrurrimiento totales, con una filosofía bastante limitada, que puede resumirse así: el mundo fue y será una porquería ya lo sé.

Posteado por:
Carlos Gumucio
21/07/2009 20:06
[ N° 3 ]

Resulta muy fácil descalificar a autores que exigen al lector el mismo compromiso que Bernhard tuvo en su vida y obra. Por cierto, no es un escritor agradable. ¿Pero acaso vivimos en un mundo agradable y lleno de motivos para estar felices?

Posteado por:
Carlos Gumucio
22/07/2009 02:19
[ N° 4 ]

En cuanto a lo de filosofías limitadas, bueno, prefiero la de Bernhard a la complacencia experimental, las novelas para leerse en universidades, la literatura de especialistas, la ramplonería de todo lo que hoy se lee en Chile

Posteado por:
Sonia Arnal
23/07/2009 01:12
[ N° 5 ]

Bernhard es uno de los grandes escritores no solo en lengua alemana, sino también de todas las lenguas europeas durnate sl siglo pasado. Y debieron, por miles de razones, haberle dado el Premio Nobel a él en lugar de la estridente Elfriede Jellinek. "El sobrino de Wittgenstein", tal vez su obra maestra, a mi juicio no ha sido superada por otra novela en los pasados 30 años.

Posteado por:
Luis Muñoz González
23/07/2009 16:23
[ N° 6 ]

Bernhard posiblemente no fue un genio, pero sí un autor único, que exige bastante al lector y al público y se niega a hacer concesiones. Que hoy, a más de 20 años de su muerte continúe más vigente que nunca, lo convierte, como a muy pocos, en un caso excepcional.

Posteado por:
Luis Muñoz González
23/07/2009 16:47
[ N° 7 ]

Además, claro, Bernhard no figurará nunca al lado de las porquerías qeu hoy ocupan los primeros lugares de venta y lectura. Pero leerlo no es solo un ejercicio intelectual y moral, sino que también obliga, constantemente,a preguntarse sobre uno mismo.

Posteado por:
Ulises Gomez
24/07/2009 00:13
[ N° 8 ]

Sí, claro, Bernhard es un gran escritor, mejor dicho lo fue. Pero también fue unenergúmeno y en eso no le ganaba nadie o casi nadie.

Posteado por:
Ulises Gomez
24/07/2009 00:33
[ N° 9 ]

El crítico, seguramente por falta de espacio, hace una referencia muy somera a la relación que Bernhard tuvo con la música. Resulta que, además de gran escreitor, fue un músico y un musicólogo de primera y un cantante destacado. La música, según sus propias palabras, le salvó la vida. Así que tan pesimista no fue.

Posteado por:
Mónica Riveros Gutmann
25/07/2009 01:36
[ N° 10 ]

Bueno, ahora parece que Bernhard fue un genio. Tambien dicen que Musil, Broch o Beckett lo fueron. Pero prefiero a otros escritores antes que a los teutones o los irlandeses que cambian el ingles por el frances y siguen siendo impenetrables.

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