Camilo Marks
Domingo 26 de Julio de 2009
Réquiem por el fuego


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El rey de las dos Sicilias (Anagrama, $25.300), de Andrzej Kúsniewicz (1904-1993), fue publicada en Polonia en 1978, cuando el autor ya había recibido el Premio Nacional de Literatura de su país como poeta y narrador. La novela se tradujo enseguida y lo consagró fuera de su patria como el máximo escritor polaco contemporáneo. En 1983 se la conoció en español, y al hallarse fuera de catálogo por varios lustros, la misma editorial que lo imprimió ha decidido relanzar El rey… en el primer número de una nueva colección, cuyos requisitos para figurar en ella son, a juicio de Jorge Herralde, el dueño de la firma, que “en su día la publicación me pareció inevitable. Y ahora me lo sigue pareciendo”.

Con tales antecedentes, es natural que uno espere algo similar a un suceso cósmico o, cuando menos, muy fuera de lo común al leer El rey… Dichas expectativas se disipan luego, porque Kúsniewicz, si bien posee un estilo refinado y exhibe una vasta formación cultural, su libro más famoso resulta, en gran medida, una bella aunque brumosa divagación sobre la decadencia y caída del Imperio Austro-Húngaro. Los motivos que pudo tener un hombre de letras de múltiples preocupaciones —jurista, diplomático, funcionario internacional— y que escribe en un idioma eslavo, para aventurarse en los confines de un territorio ya explorado por otras mentes ilustres, son tan impenetrables como muchas páginas de El rey… Aun cuando la acción de este friso novelesco se sitúa en Serbia, hay una constante evocación de la Viena finisecular, inclusive diversos pasajes del relato transcurren en la gran metrópolis. Y son Freud, Hofmannstahl, Wedekind, Schnitzler o Richard Strauss y Mahler a quienes tendemos a asociar con aquella época y aquel lugar; en cambio, Kúsniewicz está mucho más familiarizado con oscuros pintores, ignorados músicos, desconocidos versificadores, y si en alguna oportunidad surgen nombres del dominio público —Schubert, Chopin—, el narrador los sepulta en medio de la multitud de otros hombres y mujeres que a él le dicen mucho y a nosotros nada.

“El rey de las dos Sicilias” corresponde a la designación de un regimiento de la caballería austriaca —los ulanos sicilianos— que participó en las campañas contra la unificación italiana, hasta que los invasores fueron expulsados de la península. Sus vestimentas, calzados, adornos, así como el tipo de caballos que los militares montan, nos son descritos con una minuciosidad agobiadora. Lo mismo ocurre con otros destacamentos castrenses, con la ropa femenina, con los interiores y exteriores de edificios, y, hay que admitirlo, con el paisaje de la llanura magyar o los bosques serbocroatas, en ráfagas de espléndida luminosidad, en momentos de magnificencia expresiva que nos acercan más a un vasto poema en prosa que a lo que comúnmente se entiende como novela.

El punto de partida y llegada de El rey… tiene fecha: 28 de junio de 1914, día del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, precipitando la Primera Guerra Mundial. Kúsniewicz juega, una y otra vez, con lo que hoy llamamos “el efecto mariposa”: qué habría pasado si tal o cual persona hubiera estado, segundos antes o después, en otra parte; si hubiese llovido en lugar de hacer un calor sofocante, y más aún, si Rusia, renuente a comprometerse, se hubiese abstenido, puesto que entonces para Alemania, Francia e Inglaterra el magnicidio era quizá una anécdota sin trascendencia en un paraje fronterizo. Los dos protagonistas son Emil R., joven y apuesto subteniente, hijo de burgueses ilustrados de la capital, y su hermana Elisabeth; la relación entre ambos trae ineludiblemente a la memoria el magistral texto de Nabokov, Ada, que se interna en el incesto bajo inéditas perspectivas literarias. Emil es un esteta exquisito, perverso y lúcido que se sabe condenado a causa de su pasión por Elisabeth, tal vez el personaje más extraño, dominador e inquietante de la intriga. En las afueras del poblado que alberga al escuadrón de Emil aparece el cadáver degollado de una muchacha, prostituta gitana cuya muerte pudo haber sido el pretexto para ocultar el amor prohibido entre Emil y Elisabeth.

El rey… es un réquiem por el fuego de una civilización extinta y un concepto barroco, sensual de la realidad, manifestada siempre de modo simultáneo, al encontrarse todos los componentes interrelacionados. En el culto romántico por una era reside su particular seducción, que se volatiliza en sus excesos manieristas.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Ernesto Parra
30/07/2009 00:04
[ N° 1 ]

Parece que el libro es un poco confuso y aburridor. ¿O me equivoco?

Posteado por:
Josefa Cernadas
30/07/2009 00:12
[ N° 2 ]

El único problema que tengo con las críticas de Marks es que a veces me siento muy ignorante. No es culpa de
él, en todo caso. Mientras no dejamos de mirarnos el ombligo, él nos habla sobre escritores ingleses, norteamericanos, alemanes, austriacos, polacos y...policiales.

Posteado por:
Ulises Gomez
30/07/2009 22:24
[ N° 3 ]

Muy bien Mahler y Richard Strauss, faltó Berg, que hizo una ópera sobre un drama de Wedekind. Pero parece que El rey de las dos Sicilias no tiene nada que ver con eso y, para variar, es un libro carísimo.

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