
Evelyn Erlij
La figura de Qin Shi Huang, autoproclamado “Primer Emperador” de China, es recordada como la del gran unificador de un territorio que hasta el año 221 a.C. había sido una enorme extensión de estados feudales. También como el hombre que impulsó la construcción de la Gran Muralla y estandarizó la divisa y la escritura de lo que hoy es el cuarto país más grande del mundo. Se le conoce por su enorme crueldad y sus legendarias manías, y se cuenta que ordenó enterrar vivos a estudiosos confucianos y quemar todos los libros contrarios a su pensamiento. Grandes hazañas y extravagantes leyendas se asocian a su vida, pero poco y nada se sabría de él fuera de China si no fuese por su megalomanía y su obsesión con la vida eterna.
Se dice que, en su afán de alcanzar la inmortalidad, lo intentó todo. Buscó en vano las míticas “islas de los inmortales” para conocer el secreto de sus habitantes, tomó pociones que supuestamente perpetuarían su existencia e incluso cuenta la leyenda que murió tras beber uno de esos brebajes. No obstante, lo que lo hizo pasar a la posteridad no fue ninguna de sus ideas fantásticas, sino, por el contrario, la más terrenal de todas: construir el complejo mortuorio más espectacular de la historia, un palacio subterráneo que en su interior contuviera una réplica exacta de su vida en terracota, donde sus restos y tesoros no estarían solos, sino acompañados por efigies de su corte y sus mascotas.
Así lo consigna en sus textos el padre de la historiografía china, Sima Qian, quien cien años después de la muerte del temido emperador escribió que éste habría mandado a construir su mausoleo al momento de haber ascendido al trono. “En sus ‘Memorias históricas’, Qian revela algunos detalles sobre la grandeza de la tumba, pero se centra en su decoración interior y en sus medidas de seguridad”, explica David Schaberg, co-director del Centro de Estudios Chinos de la UCLA. Si bien otros textos también advertían su magnitud, nadie imaginó la real fastuosidad del complejo mortuorio hasta que 2.300 años después, en 1974, un grupo de campesinos que cavaban un pozo en Xi’an encontraron figuras de lo que parecían ser soldados hechos en terracota.
“Por los libros de historia se sabía dónde se ubicaba el complejo mortuorio, pero lo que no se sabía era que éste estaba resguardado por un ejército subterráneo de guerreros”, explica Michael Nylan, profesor del Instituto de Estudios de Asia Oriental de la U. de Berkeley. El hallazgo dejó al mundo perplejo: miles de figuras de soldados en tamaño real —cinco de las cuales serán exhibidas en diciembre en el Centro Cultural Palacio La Moneda— se encontraban enterradas en lo que hoy se conoce como el Terracota Army Museum, lugar que abarca una extensión de sesenta kilómetros cuadrados y donde cree existen unos 8 mil guerreros.
Arte subterráneo
Los trabajos arqueológicos en el sector del descubrimiento comenzaron en 1978, y, desde entonces, sólo se han abierto tres fosas, donde se han encontrado más de dos mil guerreros, carrozas, caballos, músicos, bailarines, acróbatas, burócratas y otros personajes que formaban parte de la vida de Qin Shi Huang. Para quienes trabajan en el lugar, lo más desconcertante es que ni siquiera tienen una idea de qué es lo que están desenterrando, ya que se estima que los sectores hasta ahora excavados representan apenas una porción menor de lo que se cree está bajo tierra.
En julio pasado, de hecho, cien nuevas figuras fueron encontradas, lo que revela que aún queda mucho por descubrir, y también plantea el problema de cómo hacerlo. “Hay que ser conscientes de que ninguna tecnología garantiza la preservación de una reliquia para siempre”, afirmó el presidente del Instituto de Arqueología de Shaanxi, encargado de las excavaciones, acerca de los posibles riesgos de dañar el lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad y octava maravilla del mundo.
Un ejército polémico
Además de su magnitud, lo que sorprende de este hallazgo arqueológico es que cada una de las figuras del ejército —única parte descubierta del complejo mortuorio— es distinta de la otra, tanto por su expresión, postura, rasgos físicos y detalles como por sus hoy desvanecidos colores, lo que revela la complejidad de una construcción que tardó 36 años en ser terminada y que costó una gran cantidad de vidas.
“Las condiciones de trabajo fueron horrendas. Cientos de miles de convictos y trabajadores fueron llevados al sector del mausoleo para construirlo en poco tiempo y varias de sus tumbas se encuentran dispersas en el sitio, lo que indica la crueldad con que fueron tratados. La leyenda cuenta que quienes trabajaron al interior de la tumba —y que por ello podrían saber cómo robarla después— fueron enterrados vivos cuando estaba siendo terminada”, explica Nylan.
Este hecho fue uno de los motivos que generaron una dura crítica publicada por el periodista William Langley en The Telegraph a raíz de la exposición en 2007 de 20 guerreros de terracota en el British Museum, artículo en que no sólo reprochaba la omisión de la labor forzada a la que habían sido sometidos los artesanos para hacer las figuras, sino además afirmaba que como reformador de la sociedad, “Qin hace ver a Stalin como un oso de peluche”. Langley iba más lejos y afirmaba que los guerreros eran, como el panda y el ping-pong, un mecanismo del poder blando chino.
“Aquellos que usan a los soldados de terracota para insinuar por ‘valores asiáticos’ una manera autocrática o dictatorial de hacer gobierno están entregando un argumento falaz”, responde a esa crítica Michael Nylan, quien opina que lo que simboliza el ejército es el interés frecuente de la antigua China en la construcción modular, “eso que podría llamarse ‘línea de montaje de fábrica’, milenios antes de la Revolución Industrial”.
La de Langley no es ni la primera ni la única crítica realizada al ejército de terracota. En 1988, Guy Debord hizo una acusación más grave al referirse a “la ridícula falsificación burocrática china de las grandes estatuas del enorme ejército industrial (…) que tantos hombres de Estado en sus viajes han sido convidados a admirar in situ”. El filósofo, sin embargo, no cita fuentes ni da argumentos que respalden su versión.
A pesar de esto, ninguna polémica ha logrado opacar la popularidad de los soldados. La efectiva mercantilización de su imagen los convirtió en parte de la cultura popular mundial —réplicas adornan hoy desde jardines hasta restaurantes chinos— y las exposiciones que se han hecho en el mundo han tenido verdaderos récords de asistencia. Fue la segunda más vista de la historia del British Museum y algo similar se espera que ocurra en Chile en diciembre, donde además se exhibirán piezas de la dinastía Han, posterior a la Qin.
En la actualidad, el ejército de terracota es uno de los lugares turísticos más visitados de China y uno de los principales referentes visuales del país, lo que revela que, a la luz de la historia, la ambición de Qin Shi Huang le jugó en contra: no es su imagen la que hoy, más de 2 mil años después, permanece en la memoria de la humanidad, sino la de sus miles de soldados de terracota que combaten firmes el paso del tiempo.
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Posteado por: sergio prince cruzat 19/08/2009 00:09 [ N° 1 ] |
William Langley y Guy Debord hacen observaciones muy agudas. Efectivamente, lo que hasta hoy sabemos de Qin Shi Huang, primer emperador de China, es que fue un gran guerreo que con los años se transformó en un paranoico que gobernó de modo criminal. Su proyecto de unificar China se ha opacado por su reputación. La relación osos panda , ping pong, soldados de terracota, poder, dominación es digna de Foucault. Sin embargo, contemplando los soldados, podemos rendir homenaje a todos quienes se les arrebato la vida para asegurar la vida eterna del emperador. |
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Posteado por: Raúl Alejandro Staforelli Zamorano 19/08/2009 05:43 [ N° 2 ] |
Estudios relizados por historiadores y arqueologos chinos dan a suponer que las formaciones de soldados de terracota son la antesala de un complejo mortuorio muchisimo mayor y de creciente complejidad tanto en hornamentos como en tesoros y seguridad. Una loma cercana a los soldados cubriría una edificación tipo mausoleo que entre otras protecciones constaría de 'rios de mercurio',este metal es altamente tóxico y nocivo para la salud. Una prospección y posterior análisis realizado al subsuelo de dicho lugar demostró un contenido de mercurio muy por sobre lo normalmente esperado. Talvez investigadores con caractéristicas parecidas al personaje del Doctor Indiana Jones sean los llamados a develar lo que ocultó hace tantos años el genial,cruel y megalómano emperador Qin. |
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