Pedro Gandolfo
Domingo 23 de Agosto de 2009
Correcta, pero no brillante

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Luego del éxito de ventas y crítica de Suite francesa, la oportuna reedición de las otras obras de Irène Némirovsky (1903-1942) continúa ahora con El maestro de almas, una novela publicada en el antiguo formato “por entregas”, cuyo primer capítulo apareció en mayo de 1939, en la revista “Gringoire” con el título original de “Las escalas del Levante”. No espere el lector, con todo, la elegancia de estilo, el equilibrio de la arquitectura ni la sutileza en construcción de los personajes de aquella estupenda novela coral.

Como bien se indica en el epílogo, el tema de esta novela es “una transposición de Fausto al mundo de la inmigración”. Las “escalas” a que alude el nombre primero de la obra son las ciudades que, una a una, en la década de los años 20, constituían las fases de emigración desde el Oriente (levante) al prometedor Occidente (poniente) y, a la vez, a las distintas etapas del ascenso del astuto “escalador” que protagoniza este relato. Así, el joven Dario Asfar, un emigrante de Crimea, levantino por lo tanto, llega a Francia con su mujer embarazada, huyendo de la pobreza, el dolor y la desesperación de ver morir a su primer hijo, “pacta” para lograr ascender económica y socialmente y, gracias a su ambición, transgresiones y tenacidad, consigue convertirse en un prestigiado médico.

Al llegar a Francia, Dario percibe la futilidad, hipocresía y xenofobia de la burguesía que lo rechaza por su etnia, el color de su piel, su aspecto descuidado y su acento extranjero. Pero el héroe de la novela no es un rebelde, sino que se aplica a una crapulosa asimilación por la cual paga un elevado precio: las constantes transgresiones morales, las infidelidades hacia su mujer, Clara, la enemistad de su hijo que no tolera sus corruptas actividades, el desarraigo.

Astuto estudioso de los misterios de la mente humana, Dario acaba por transformarse en el “curandero” charlatán de la alta burguesía parisina: los mismos que lo ignoran y desprecian como médico del cuerpo, son los que le abren de par en par su mundo interior: “Lo que necesitan es un confesor que conozca sus sucios secretos, los escuche y los despida con un ego te absolvo”. El médico juega hábilmente con sus esperanzas, promete la salvación y mejoría milagrosa mediante un complejo método de falso psicoanálisis, embaucando a quienes desean aliviar el peso de sus conciencias. El “maestro de las almas” es también dueño de ellas por cuanto con su capacidad de manipulación puede alterar sus vidas y, además, como trasfondo social del relato, el “maestro de las almas” es el dinero mismo, motor pasional que ensucia las conciencias y arrastra a cualquiera acción en la cambiante sociedad de la entre guerras.

La novela plantea los problemas de la inmigración y del racismo y el desarraigo en Francia ya que, incluso en la cima, Dario Asfar sigue siendo un sospechoso para las clases altas de París: un “meteco”, de quien se desconfía pero, a la vez, a quien se necesita.

El personaje central, el joven ambicioso sin límites que arriba a París, tiene antecedentes insuperables en la tradición literaria francesa: Julian Sorel (Rojo y Negro) y Eugene de Rastignac (Comedia humana). Dario Asfar, visto a la luz de esas figuras, no alcanza la potencia, complejidad y el desgarro de sus modelos. La otra tradición literaria que se puede percibir aquí es la rusa (Dostoiesvki, Chéjov), en particular, porque esta novela es una variante un tema clásico de la narrativa rusa: la desgracia y la miseria que persiguen y destruyen la vida de personas llamadas a una existencia superior.

A medio camino de novela realista y de fábula moralizante, la moraleja de esta narración es quizás: “Ten mucho cuidado con lo que deseas, porque puede llegar a cumplirse” (sabia premisa, muy utilizada por otros autores). El protagonista lucha por ser aceptado socialmente, transa principios y valores en pos de su sueño obsesivo de escapar de la miseria, pero al final, al conseguirlo, debe pagar un precio muy alto por ello.

Libro ácido en sus críticas a la burguesía, implacable y sin piedad con sus personajes, dotado de un trazo rápido, si bien algo grueso y ligero, capaz de caracterizar con pocas palabras el carácter de un personaje, El maestro de almas es una novela correctamente escrita, aunque un lector atento puede apreciar las características a las que a veces se ven forzadas las novelas por entregas: simplicidad en los personajes, reiteraciones para refrescar la memoria del lector, capítulos cortos en que se agota una situación y se deja entrever lo que vendrá después, elipsis, efectismo, empleo constante de climax, en fin, una serie de rasgos provenientes del folletín francés y que introducen una rara velocidad a la pluma siempre eficaz de Irène Némirovsky.

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