Camilo Marks
Domingo 06 de Septiembre de 2009
Apocalipsis de pacotilla

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En Caído en desgracia, su primera novela, Mauricio Hasbún demostró una extraña capacidad para retratar a personajes desagradables y cobardes —entiéndase, seres repelentes, no antihéroes—, aunque la trama se le escapaba en una conspiración dirigida por cierto empresario poderosísimo del país, cuya identidad quedaba en el aire. Mala letra (Ril, $6.800), recién publicada, es un notable adelanto técnico, literario y estructural. Tal como en el anterior relato, el motor de la acción es la paranoia del protagonista, con la diferencia de que ahora el mundo viciado, tóxico, opaco del argumento, luego de sortear los tropiezos de un estilo poco amable y una sucesión argumental cerrada, termina por subyugarnos con una intriga a veces irresistible. El epígrafe del libro es una cita de Saramago; Hasbún, salvando las distancias, hace suyo el procedimiento narrativo del maestro portugués. Compuesta casi enteramente en base a diálogos, intercalados con bruscas meditaciones de los actores, a quienes de modo gradual se traspasa la primera persona, la segunda incursión novelística de Hasbún consigue a ratos alcanzar el suspenso de un buen thriller. Parece que en el Chile de hoy los periodistas —profesión de Hasbún— se están convirtiendo en nuestros narradores más significativos: Alejandra Costamagna, Patricio Jara, Tito Matamala, Marcelo Simonetti, María José Viera-Gallo, por nombrar a algunos, son prueba fehaciente de que la superabundancia de escuelas que forman a comunicadores sociales no sólo producen cesantes, sino que también escritores de valor.

A los 37 años, Manuel Haddad, miembro de una asociación que mejora la imagen de empresas que maltratan a sus empleados, siente una crisis de conciencia al recordar a dos profesores que le hicieron la vida imposible en el colegio San Ignacio. Los maestros son Padilla, un sádico que le forzó a escribir con la mano derecha, siendo zurdo, y Labbé, instructor de gimnasia, quien calificaba de “objetos peludos” a los niños con escasas aptitudes atléticas. Padilla resultó además un pedófilo empedernido que fue discretamente retirado del plantel para evitar escándalos. Manuel no sufrió las atenciones del docente debido a su falta de encanto; otros compañeros recurrían a complejas maniobras para evitarlo y hasta se le llegó a culpar por el suicidio de un joven poblador. El juicio de Haddad acerca de sus ex condiscípulos tampoco mejora el panorama: cuando pequeños se mostraban clasistas, matones, obscenos y en el presente son ejecutivos sinvergüenzas, borrachos, viejos prematuros. Un asado de camaradería con su promoción gatilla la memoria de Haddad y su deseo de hallar el paradero de Padilla y Labbé se transforma en monomanía.

La tarea le sale más fácil que lo que pensaba, por sus contactos laborales y porque en Chile todos nos conocemos. El desempeño de Haddad en la consultoría tambalea y sus propuestas para soluciones a la pésima visión de una multitienda que esclaviza a sus trabajadores chocan con la cruel realidad libremercadista. Esos proyectos, esencialmente pragmáticos, huelen a sindicalismo, comunismo y otros ismos siniestros.

Las cosas se complican cuando lleva a Labbé, personal trainer de celebridades de la farándula, a un seminario que pretende demostrar que el deporte elimina la depresión, ya que el evento obtiene una minúscula cobertura mediática. Padilla es resbaloso: sabemos que usa su pederastia en beneficio de una AFP, ofreciendo paquetes de prestaciones sexuales gratuitas a clientes que opten por cambiarse a su firma. No obstante, sus tácticas, que incluyen el chantaje y la exposición pública, son infalibles.

Si se considerara que Mala letra es una denuncia de la corrupción del sector privado sería un grave error. El texto se sostiene por sus propios méritos y aun cuando todos hablan sin cesar, ninguno despotrica a favor o en contra de nada. Sin duda es una historia extremista, que bordearía lo inverosímil si no fuera por la aceptación impasible de quienes toman parte en ella. Hasbún nos zambulle en un ambiente fastidioso, árido, desecado; en virtud de su destreza para fraguar confabulaciones, a ratos creemos en lo que él mismo llama apocalipsis de pacotilla.

Un defecto serio de Mala letra es el exceso de jerigonza mercantil: términos como simulación de flujo, gerente de portafolio, asunto externalizado y muchos similares pueden ahogar la naturalidad de una tragicomedia que, por momentos, es vibrante, implacable, perturbadora.

8 Comentarios publicados
Posteado por:
Ulises Gomez
06/09/2009 23:54
[ N° 1 ]

Si en una AFP ofrecen servicios sexuales a cambio de entrar en esa firma y si un profesor de gimnasiea es personal trainer de personajes de la farándula y luego aprovechado para mejorar la imgen de una multitienda, si todo eso y mucho más que debe haber en esto libro, no es corrpción del sector pirvado, ¿entonces de qué cosa em están hablando?

Posteado por:
Sonia Arnal
07/09/2009 20:32
[ N° 2 ]

¿Parece que aquí solo existe corrupción en el sector público? Con razón somos un país nodelo para el resto del mundo.

Posteado por:
Luis Muñoz González
10/09/2009 15:08
[ N° 3 ]

Si en Chile no hay corrupción en el sector privado, entonces debería instituirse un nuevo premio Nobel para los paises sin corrupción.

Posteado por:
Luis Muñoz González
10/09/2009 15:16
[ N° 4 ]

Además, es falsa la contraposición entre sector público y privado con respecto a la corrupción, ya que siemkpre la ha habido en ambos.

Posteado por:
Margarita Fernandez
11/09/2009 13:34
[ N° 5 ]

O entendóí mal o la novela trata sobre un hombre llegando a la madurez que se reenceuntra, de modo traumático, so0n su pasado y su infancia. Entonces, la corrupción sería un tema lateral.
Es bueno leer los libros antes de opinar sobre ellos y en cuanto a las críticas, es también positivo discutirlas, pero sin sacar conclusiones apresuradas por hechos laterales.

Posteado por:
Josefa Cernadas
12/09/2009 23:08
[ N° 6 ]

Leí la crítica y me parece excelente. También creo que el libro debe serlo. Es muy difícil y complejo hacer masas compactas de escritura donde caben los diálogos y las reflexiones repentinas de los personajes, como es el estilo de Saramago. El tema de la corrución, al igual que a otros que aquí han escrito, me parece lateral si estamos ante una buena novela, algo cada vez más escaso.

Posteado por:
Elena Latlippe
12/09/2009 23:26
[ N° 7 ]

El tema de la corrupción me tiene hasta la coronilla, como si Chile fuera el centro mundial de eso. Por supuesto que la hay, pero "Mala letra" parece ser una buena novela más allá de ese tema, que debe ser lateral. Compraré y leeré el libro en pirmer lugar porque es barato y en segundo porque lo sacó una editorial independiente. Que sigan existiendo es un milagro en un país dominado porlas transnacionales.

Posteado por:
Elena Latlippe
13/09/2009 00:11
[ N° 8 ]

Por supuesto, omití lo más importante: una excelente, divertida, pero seria, acertada, aguda crítica, por lo que, una vez más los felicito.

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