
Dióscoro Rojas
Estamos pañueliando en otro cumpleaños de nuestro querido Chilito. Y lo digo así, porque este año los remolinos indican que el festejo se viene más chinchoso, más cuequero y más amable. Nos hallamos, si es dable decirlo, con el carné de identidad más colorido, y con los populares, soñando un Chile futuro con mayor regocijo. Los olores, las músicas y los sabores nos inundan, reconstruyendo los ánimos y desbordes de los hijos de esta tierra, compartiendo con un sentido más fraterno, con todas sus diferencias y similitudes. Este es nuestro carnaval que les asigna un significado distinto a la patria y a su territorio, generando lo que entiendo como nueva chilenidad.
Antes de hacer las Cumbres Guachacas, nunca reflexioné lo que hoy les cuento, pero luego de tanto recorrido, cada vez me emociono más con la alegría que se desata entre los populares. Pude darme cuenta de que ese sentimiento al que invitábamos tenía resonancias en el espíritu la gente, y en su día a día. ¿Y por qué este suceso? Ahí me di cuenta que en estos doce años, no nos habíamos dedicado sólo a espolvorear berlines, ni a predicar a las baldosas del centro de Santiago.
Es cosa de entrarle a picar a la memoria: desde el siglo XIX y atravesando todo el siglo XX la fiesta de La Chaya, las chinganas y fondas, los malones, cualquier expresión popular, fue considerada "peligrosa" e "incivil" por las elites, que veían a la "cultura" como patrimonio donde reproducir sus propios principios.
Pero entraron a tallar los próceres sencillos que reclamamos como nuestros: el Tío Roberto, el Tony Caluga, Fernandito, Fray Andresito y Don Tinto. Con ellos nos redimimos todos y volvimos a los abrazos. Ahí comenzamos a cuidar la alegría y le dimos cauce a nuestro festejo. Nos asombramos cuando la gente nos dijo que el beber era para compartir, acompañando una bonita historia para contar; que es bonito ser chileno todo el año, que para celebrar basta con el solo hecho de caminar bajo el mismo cielo. En plena globalización, reclamamos el derecho al espacio para conversar a la sombra de un árbol, y demandamos nuestra casita para pintarla todas las primaveras. La cueca volvió a ser infinita cuando volvimos a ser un país de amigos.
En esa estamos, tirando el carretón de la patria chilenera pa' adelante. Y sacamos pechito por lo que hemos construido en este tiempo. Pasito a paso, vamos fundando los futuros recuerdos de esta nueva chilenidad, la que estamos fraguando ahora. A izar, entonces, nuestra propia fiesta, con el alma llena de copihues, en esta patria que hoy día acariciamos porque sabemos que está más cerquita de nosotros, de los humildes, los cariñosos y los republicanos. Salud por Chile y los chilenos.
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Posteado por: José Gabriel Mardones Fernández 18/09/2009 10:17 [ N° 1 ] |
¡¡¡¡ Salud por Chile, mi amigo!!! Cordialmente José Mardones F. |
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Posteado por: MAURICIO JESUS FABRES AZOCAR 18/09/2009 13:37 [ N° 2 ] |
saaaluuurrr mi amigo |
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Posteado por: Jorge Roberto Mihovilovic Suarez 18/09/2009 15:53 [ N° 3 ] |
Bien Dióscoro, amigo y entusiasta portaestandarte de una forma de chilenidad integradora, respetuosa, alegre y democrática!! |
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Posteado por: juan alfonso arce caceres 18/09/2009 19:37 [ N° 4 ] |
Salud! |
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