
Antón Riveiro Coello es uno de los narradores más prestigiosos y galardonados entre los que han surgido en los últimos años en la novelística gallega. Una manifestación interesante de la España de hoy, que no ocurre en otros países europeos, es el surgimiento de una literatura regional, concebida en los idiomas de las provincias que gozan de autonomía, con representación en el gobierno central: hay, entonces, numerosos hombres y mujeres de letras que escriben en vasco, catalán, valenciano y las autoridades locales fomentan este tipo de publicaciones. En Inglaterra, hasta donde se sabe, nadie escribe en la lengua de Gales o Escocia, así como tampoco en Italia aparecen textos en genovés ni sardo o Francia no estimula la creación en dialecto provenzal. El fenómeno es únicamente hispano y el tema daría para un ensayo que escapa a las posibilidades de esta crítica.
Riveiro Coello es prolífico en grado sumo, popular y exitoso, lleva editada una veintena de volúmenes, traducidos al español, mejor dicho al castellano, y su temática, por lo general, aborda la Guerra Civil, siempre en contraposición con el presente, a primera vista moderno, próspero, vigoroso, aunque baste con soplar una cáscara para descubrir los horrores de hace medio siglo, que todavía siguen penando. Los hijos de Bakunin (El Andén, $10.900), su última entrega, ha sido saludada por la crítica como merecedora del lugar privilegiado de las grandes novelas en Galicia.
El gancho para atrapar a los eventuales lectores de Los hijos... es casi irresistible: un Consejo de Guerra dicta sentencia de muerte contra Camilo Sabio por haber auxiliado a la rebelión. Sin embargo, el director de la cárcel le promete la libertad si en quince días es capaz de aprenderse de memoria un libro, sin autor ni título, que Camilo siempre lleva consigo. Será su única arma para luchar contra la represión militar en la cárcel. Está claro que Riveira Coello desea recuperar, una vez más, parte de un pasado desconocido para algunos, totalmente olvidado para otros, en diversas historias que giran en torno al incidente central del argumento.
Así, Los hijos… transcurre a comienzos de este siglo, con Camilo, viudo reciente de Rosalía, llevando muy bien sus 76 años, pese a la pérdida lacerante que ha sufrido, a los esfuerzos titánicos por sobrevivir y a renovadas desgracias que le afectan. Vive con su hija Branca, cuyo vástago, Lázaro, único nieto de Camilo, está quedando ciego. De modo paralelo, se inicia la búsqueda del viejo tomo que salvó la vida del protagonista y que un desconocido compró, pagando una suma exorbitante en una librería de Santiago de Compostela. Un tercer hilo conductor consiste en la remembranza de los días de prisión, cuando se yuxtaponen las diferentes aventuras de los reclusos condenados a la pena capital. Las tres vertientes de la trama se exponen en forma simultánea, de modo que los saltos cronológicos, en ocasiones de muchas décadas, nos remiten a un todo argumental que intenta ser un proceso continuo, sin lagunas ni cabos sueltos. Esto último se logra de manera parcial ya que, en un relato de mediana extensión, hay tantos personajes y sucesos, que después son imposibles de recordar.
Un problema serio de Los hijos… es su prosa: recargada, metafórica en exceso, barroca, anticuada, puede resultar atractiva para los habitantes de La Coruña o Pontevedra, pero llega a ser cómica para nosotros. Otro inconveniente, de bastante peso, reside en motivos de orden político y moral. Riveiro Coello siente una admiración rayana en el fanatismo hacia los anarquistas y nos pide enternecernos tanto como él con sus correrías. Los seguidores de la Falange son, sin excepción, malvados, perversos, torturadores, en tanto no hay ni un libertario —es decir, los discípulos de Proudhon y Bakunin— que no sea un héroe arrojado, generoso, desprendido. Pero si caemos en la trampa, terminamos comulgando con ruedas de carreta. Porque los presidiarios se jactan de sus homicidios, de haber violado a monjas o mujeres de oficiales, de asaltos a personas indefensas y otros crímenes. Si la mayoría se comportó así, con razón les fue como les fue. Por más fascinante que, a la distancia, parezca ese movimiento, Riveira Coello peca de un romanticismo demasiado ingenuo al convertir las tropelías en hazañas.
Los hijos…, en cualquier caso, constituye una ventana para conocer una producción literaria singular y por ese solo hecho, la narración vale la pena.
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Posteado por: Luis Muñoz González 28/09/2009 00:04 [ N° 1 ] |
¿Seguimos con los anarquistas, españoles y de los otros? |
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Posteado por: Sonia Arnal 28/09/2009 23:42 [ N° 2 ] |
¿Y qué de malo tienen los anarquistas españoles? Si no los mataron a todos, los que quedan son unos niñitos de pecho al lado de los vándalos locales, de los delincuentes a granel, de las patotas juveniles que invaden todo y ni siquiera te dejan caminar. |
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Posteado por: Sonia Arnal 29/09/2009 20:34 [ N° 3 ] |
Además, la CNT fue una organización formidable, que movilizó a decenas de miles de personas, en forma coherente y nada de anárquica. Los anarquistas españoles pueden haber sido, en muchos casos, forajidos o asesinos, pero no se les puede culpar del delito de corrupción, denominador común de todos los partidos políticos en los últimos 150 años. |
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Posteado por: Elena Latlippe 30/09/2009 23:47 [ N° 4 ] |
¿Esto es una tribuna política a propósito de los anarquistas españoles o una discusión literaria a propósito de una novela que parece tener méritos, pero también ser bastante problemática? |
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Posteado por: Elena Latlippe 01/10/2009 14:43 [ N° 5 ] |
Para ser francos, el tema de los anarquistas españoles me parece muy pasado de moda, si no completamente caduco. Más interesante me parece que exista una literatura gallega, independiente de la española. ¿Pero será interesante o solo una simple curiosidad? |
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Posteado por: Bernardo Gutierrez 02/10/2009 00:39 [ N° 6 ] |
Los anarquistas españoles fueron el movimiento radical más exitoso del siglo pasado. Demostraron que podían gobernar y formar coaliciones políticas. Entre los grupos que apoyaron la República, destacaron por su decencia e integridad. Es cierto que hubo muchos delincuentes entre ellos, pero ¿no los hay en todos los partidos políticos? |
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Posteado por: Bernardo Gutierrez 02/10/2009 14:22 [ N° 7 ] |
La novela puede ser una curiosidad, pero hay tantas clases de anarquistas como la hay de socialistas, liberales, conservadores: los grupos de acción directa, los pacifistas, hasta contemplativos, las comunidades, los anarcosindicalistas, etc. |
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