Camilo Marks
Domingo 04 de Octubre de 2009
Griego busca griega

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Petros Márkaris (1937) se ha hecho internacionalmente famoso gracias a la serie de novelas negras protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos. Todas ellas se han traducido a las principales lenguas europeas, con inmediato éxito de público; por su parte, la crítica, sin excepción, ha saludado a Márkaris como uno de los mejores descubrimientos de la actual narrativa helénica. Una importante editorial literaria española ha publicado todos sus títulos, pero a nosotros, mal que mal en el último rincón del mundo, recién nos llega el quinto: Muerte en Estambul (Tusquets, 2009, $24.540). Las intrigas y el estilo de este simpatiquísimo autor se distancian de la vertiente angloamericana y su carga de erudición y complejidad, presentando un parentesco con los relatos detectivescos italianos o franceses —en el pasado, Simenon, en el presente, Camilleri, Carofiglio—. Así, en lugar de pesquisas en asuntos tenebrosos o la sordidez del hampa, tenemos desenvoltura, humor, formas de vida contradictorias y ancestrales, típicamente mediterráneas. Pero lo más inesperado de esta ficción se produce al constatar que, en las culturas provenientes de la antigüedad, asociadas con formas hieráticas, monumentales, pueden surgir narraciones policíacas con renovada frescura y originalidad.

Muerte... se desarrolla en una secuencia cronológica de dos semanas, que incluye turismo, gastronomía, historia, problemas familiares y, por cierto, una inusitada cadena de crímenes. La trama comienza con el viaje de Jaritos y su esposa, Adrianí, a Estambul, para pasar el mal rato que les ha causado el matrimonio de su hija Katerina. La abogada sólo celebró una ceremonia civil con el médico Fanis, rehusando la boda por la iglesia. Jaritos, quien, como mucho, asiste a funerales, siente una honda desilusión, en tanto Adrianí, devota hasta lo supersticioso, es presa del desconsuelo. Los griegos siguen llamando Constantinopla a la única ciudad que fue capital de tres imperios, su nexo con ella es ambivalente y sus sentimientos hacia los turcos van del desprecio a la hostilidad, no sólo por la dominación que sufrieron durante 400 años, sino que también por sucesos políticos más próximos: la partición de Chipre y el destierro masivo de sus compatriotas en 1955. Márkaris nació en la urbe del Bósforo que une a dos continentes y conoce al dedillo sus laberínticas calles. Muerte…, ineludiblemente, describe la luminosa escenografía de mezquitas, palacios e iglesias; con todo, la impresión predominante es la de una ruina catastrófica, poblada por 17 millones de almas, en circunstancias de que hace 50 años no sobrepasaba el millón de personas.

El tour luego se interrumpe para Jaritos cuando un escritor y después sus jefes en Atenas le informan la desaparición de María Jambu, una nonagenaria, de su aldea natal, y su viaje a Turquía, donde se le pierde la pista. María ha envenenado a su hermano preparándole unas exquisitas empanadas de queso, aderezadas con polvo raticida. Pronto se convierte en asesina múltiple, utilizando el mismo recurso culinario para matar a viejos parientes o conocidos, sin que sea posible dar con su paradero. El denominador común de las víctimas es que se trata de individuos execrables, odiados con justa razón, porque infligieron sufrimientos espantosos a quienes les rodearon. La investigación se lleva a cabo por la policía local que, a regañadientes, requiere la ayuda de Jaritos. La relación entre el prefecto Murat y Kostas, que va derivando de la suspicacia y el recelo, a la camaradería, para culminar en amistad, es uno de los regalos de este libro.

Sin embargo, hay varios más. El seguimiento de María no es el tema central de Muerte…, si bien sirve para hilvanar un conjunto de tramas muy amenas y heterogéneas. Las peleas entre Jaritos y Adrianí, con inteligencias y visiones irreconciliables, son un sabroso condimento, tal como resultan entrañables los vínculos humanos que la pareja establece con la notable y refinada señora Murátoglu, con Zeodosis y Aleja Kurtidis, con Nermín, la mujer musulmana de Murat, todos los cuales entregan un prodigioso anecdotario.

Muerte… es un thriller inusual por diversos motivos: la ambientación, la aguda ironía de un héroe que está de vuelta en todo, los giros del argumento, que pasan de la atmósfera de una comedia de maneras a la acción trepidante. Márkaris forma parte de esa clase de narradores, cada vez más escasa, que entretiene a gran nivel y lo hace sin complejos.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Bernardo Gutierrez
05/10/2009 02:50
[ N° 1 ]

Se quivoca Marks. Suicidio perfecto se liquidó a mil o dos mil pesos en un libro de Ediciones B. Y Defensa cerrda, El accionista mayoritario y Noticias de la noche también llegaron y pocos se dieron cuenta. Ahora que Tusquets agarró el negocio, Márkaris, autor de todas estas excelentes novelas, pasará a ser inaccesible.

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
05/10/2009 19:09
[ N° 2 ]

En todo caso, muy buena la crítica. Soy de los que prefieren las celebraciones a los fusilamientos.

Posteado por:
Josefa Cernadas
06/10/2009 21:03
[ N° 3 ]

El título de la crónica es, desde luego, el de la novela "Griego busca griega", de Friedrich Dürrenmatt, la única incursión que le conozco en el género negro.

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