
Juan Ignacio Rodríguez Medina
Decía un profesor de filosofía de la Universidad de Chile que era una contradicción en los términos hablar de “filosofía chilena”. Quizás un juicio demasiado categórico, pero en línea con lo más granado de la tradición filosófica, o al menos de la alemana, con un Kant que decía que Latinoamérica era incapaz de civilización o un Hegel que vinculaba a estas tierras con la nada, con un territorio donde no había llegado el espíritu absoluto o, en fin, un Heidegger, para quien sólo en griego y en alemán cabía hacer filosofía. ¿Hay entonces filosofía chilena? Hay escuelas, publicaciones, profesores y estudiantes. ¿No basta eso? El debate está abierto y probablemente siempre lo esté. Seis filósofos… chilenos opinan.
Cristóbal Holzapfel: “Falta la gran obra”.
Filósofo, profesor de la Universidad de Chile.
“Es lo más discutido desde que hay atisbos de una filosofía chilena o latinoamericana. Ahora, en rigor, no existe filosofía latinoamericana, alemana ni griega; la filosofía es una sola. De todos modos, se ve un estado de pujanza significativo y prometedor. En Chile hay figuras como Pablo Oyarzún, José Jara, Humberto Giannini, Jorge Acevedo, Eduardo Carrasco, Mariano de la Maza, Luis Flores, Carlos Ruiz, Agustín Squella, Carlos Osandón, entre otros. Ahí tienes planteamientos contundentes, pero mientras no está el reconocimiento europeo, no se oficializa, no alcanza proyección internacional, no es. Tendremos que seguir así, salvo que aparezca una gran obra, como en parte ocurrió con el boom latinoamericano: algo tan potente, que le dio nuevos rumbos a la literatura universal. A los del boom empezamos a leerlos nosotros y eso habría que hacer en filosofía, pues no nos leemos. Hay un atomismo inesperado, que en Chile es extremo. Aunque hay cuestiones positivas: los Fondecyt permiten equipos que ayudan a interactuar, están las becas para estudiar fuera, los proyectos Mecesup, los núcleos filosóficos en algunas universidades privadas. Se está formando masa crítica que permite una mayor consideración del otro. En este sentido, el congreso nacional es una idea acertada que ayuda a superar el atomismo”.
Luis Flores: “No hay una comunidad con tradición propia”.
Filósofo, Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica.
“¿Hay filosofía chilena? Distingamos, siguiendo a Reichenbach, que la supuesta filosofía chilena en cuanto filosofía es verdadera o falsa, es aspirante a la universalidad. Por ende, depende del contexto de justificación, tiene que ver con la validez de la filosofía y su carácter chileno es anecdótico. En cuanto chilena, mienta la génesis (contexto de descubrimiento), la que se refiere a la perspectiva o las circunstancias desde las que se filosofa. La filosofía se puede presentar como investigación histórico-hermenéutica acerca de filósofos desde Platón a Wittgenstein, como enseñanza y divulgación, o finalmente como una investigación estricta de las cosas mismas, de los presupuestos o fundamentos de la realidad y del conocer, etcétera. Ahora bien, en Chile, desde Fray Alonso de Briseño hasta nuestros días, hay contribuciones relevantes respecto de los dos primeros ámbitos y especialmente sobre filósofos europeos. Sin embargo, sólo hay algunos escasos pensadores significativos en el tercer ámbito, que han reflexionado con un despunte de originalidad o, al menos, un talante autóctono acerca del individuo y la libertad; de la sociedad, la convivencia y el lenguaje; de la cotidianidad, la corporalidad y la muerte; la praxis moral; las ciencias y las artes.
En consecuencia, hay filosofía chilena —relativamente chilena, por la presencia histórica en Chile de profesores europeos y latinoamericanos, sólo con un ritmo intermitente y de modo esporádico—. Pero, en un sentido más profundo, no hay filosofía chilena, porque no hay aún una comunidad con tradición propia; esto es, con una urdimbre de maestros y discípulos, con una trama de diálogos generacionales, con un tejido hecho de oficio paciente —que evita al improvisador en filosofía—, de disciplina rigorosa y argumentativa, de hábitos sociales e institucionales de cultivo sistemático. Y esta tradición no se consuma con un evento extraordinario, ni con la mera existencia de institutos o departamentos de filosofía, pues requiere historia. Así unos pocos lobos o lobas esteparios de la filosofía chilena han discurrido o discurren, acompañados de una inmensa soledad y de un abisal silencio, por esta “fértil provincia y señalada”. ¿Filosofía chilena? Es, ante todo, por-venir. Y será chilena no por intención, sino por añadidura”.
Carla Cordua: “No se encuentra en el mejor estado de salud”.
Filósofa, profesora de la U. de Chile y directora de la Revista de Filosofía.
“Para hablar de ‘filosofía chilena’ es preciso fijarle una aplicación especial a la filosofía, que, en su acepción general, es una de las ocupaciones de la inteligencia universal. La filosofía como materia docente, en cambio, es una de las aplicaciones especiales, nacional en este caso, del proceso de la filosofía en sentido propio. Entendida así la pregunta ‘¿Hay filosofía en Chile?’, mi respuesta es: sí la hay, pero no se encuentra en el mejor estado de salud. Está sometida a la amenaza de tener que reducirse, o incluso desaparecer, por ejemplo, en los programas docentes de la educación secundaria, debido a que el tiempo que se le asigna es cada vez menor. Algo mejor es su situación en las universidades: pues en sus departamentos de filosofía, los profesores, en su mayoría chilenos dedicados a la filosofía, no sólo practican la docencia sino que estudian la disciplina por su valor intrínseco, forman bibliotecas, y corresponden activamente con sus pares del resto del mundo. Están fundando la existencia de la filosofía en Chile”.
Pablo Oyarzún: “Hay filosofía en Chile, pero carecemos de sentido histórico”. Filósofo, Decano de la Facultad de Arte de la U. de Chile.
“Nunca me he inquietado mucho por la geopolítica o el nacionalismo en filosofía. Asumo, sí, que puede ser un problema filosófico y, en ese sentido, interesante de debatir, como ya se ha hecho en tiempos no lejanos. Y tal vez, en términos que sería indispensable precisar, es una cuestión necesaria de plantear en tiempos de, diré, globalización filosófica, con énfasis predominante (y virtualmente excluyente) en la borradura de las diferencias y las singularidades, cuyo apasionado reconocimiento y afirmación ha sido siempre tarea esencial de la filosofía. Para una pregunta como ésta —“¿existe una filosofía chilena?” (o también: “¿existe una filosofía latinoamericana?”)—, sospecho que uno tendría que identificar las condiciones que definen la existencia de la filosofía y aquellas que hacen posible apellidar a la filosofía con el patronímico de una nación o de una región. Las hay históricas (la vigencia de una tradición, que nunca es mero acervo, sino esfuerzo constante de apropiación), institucionales (instancias formales —no necesariamente profesionales— de ejercicio de la labor filosófica), idiomáticas, si puedo decirlo así (la producción de conceptos a partir de la relación con ésa que llamamos “nuestra” lengua) y culturales (la existencia de un espacio de conversación que, junto con fomentar el intercambio entre los “expertos”, está presente en la enseñanza general y se proyecta al medio público). Si uno concede estas condiciones y pasa revista a lo que tenemos, creo que la respuesta es clara: hay filosofía en Chile, hay cultores de la filosofía (que tienden cada vez más a profesionalizarse), hay formas institucionales de su existencia (que favorecen cada vez más esa tendencia), pero se carece en gran medida de sentido histórico, la conversación es exigua, los espacios de enseñanza acotados, mínima la proyección; es decir, la presencia de la filosofía como opinión en el contexto social. Y la relación con la lengua y su cuidado, como campo de la génesis de los conceptos, se nos va atrofiando. Todo ello afecta a la posibilidad de obra, que, al fin y al cabo, es la medida esencial de lo filosófico”.
Joaquín Barceló: “Hacer filosofía es algo que pocos pueblos han conseguido”
Filósofo, profesor de la Universidad Andrés Bello.
“¿Hay filosofía chilena?”. Pero, ¿qué debe entenderse por “filosofía chilena”? Si el sentido de esta expresión es que se dicten clases, se escriban libros y artículos, y se hable de filósofos y de sistemas filosóficos, por supuesto que la hay, a pesar de que la docencia en filosofía ha mostrado una tendencia a disminuir en nuestro país, tanto en el nivel de educación media como en el nivel universitario, en el último medio siglo. Pero esta disminución es un fenómeno occidental, y no exclusivo de Chile. Además, vale la pena preguntarse si tiene algún sentido ofrecer uno o dos semestres de filosofía a estudiantes que orientan sus intereses y su existencia en sentidos muy ajenos a esta disciplina, a quienes podría estarse entregando una caricatura de la filosofía más bien que una auténtica formación en ella.
El problema real está en que dictar clases de filosofía, escribir libros y artículos filosóficos, y hablar de filósofos y sistemas filosóficos no es lo mismo que hacer filosofía, así como hablar, escribir y discutir de fútbol, de jugadores, de clubes y de partidos futbolísticos tampoco es lo mismo que jugar fútbol. Esto de “hacer filosofía” valiosa, iluminadora, orientadora es algo que pocos pueblos han conseguido, y cuando lo han hecho, no ha sido tampoco a lo largo de toda su historia. Para “hacer filosofía” no tengo recetas que ofrecer. Pero estoy persuadido de que una educación predominantemente memorística (como ha sido y continúa siendo nuestra educación, pese a los esfuerzos hechos para reorientarla) no es el camino más idóneo para llegar a hacerla. Un gran pensador de la Antigüedad atribuyó el origen del filosofar a la capacidad de asombrarse de que las cosas sean como son o estén como están. Pero, creo yo, el mero asombro no basta; a él debe seguir el ejercicio de la imaginación y de la reflexión. Claro está que explicitar esto sería ya materia de otra larga exposición”.
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 04/10/2009 11:56 [ N° 1 ] |
Habría filósofoªs si los hubiese, pero "filosofía chilena..." He sido profesor universitario de filosofía en Chile y sobre todo en Francia, donde jamás oí hablar de "filosofía francesa", ¡ni siquiera en la URSS fue concebido tal léxico!, es quizás sobre esta originalidad que reposa la filo nacional. ¡Da risa! No he leído (aún) el texto de arriba, sólo su chacotera presentación, ya estimulante, como se ve. Gracias. |
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Posteado por: sebastian rivera v. 04/10/2009 18:17 [ N° 2 ] |
¿........................? **** |
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Posteado por: SAMUEL BELLO SEPULVEDA 04/10/2009 19:30 [ N° 3 ] |
Para dar un paso más allá de la pregunta, citemos lo que afirma Cristóbal Holzapfel: "En Chile hay figuras como Pablo Oyarzún, José Jara, Humberto Giannini, Jorge Acevedo, Eduardo Carrasco, Mariano de la Maza, Luis Flores, Carlos Ruiz, Agustín Squella, Carlos Osandón, entre otros. Ahí tienes planteamientos contundentes, pero mientras no está el reconocimiento europeo, no se oficializa, no alcanza proyección internacional, no es". |
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Posteado por: Erik Hernán Cortés Alvarez 04/10/2009 21:07 [ N° 4 ] |
Al señor Holzapfel se le olvidó, en esa lista de filósofos que nombra, mencionar el nombre de don Juan Rivano. Tal vez lo más cercano a una "gran obra" y con un planteamiento más que contundente, no es como para dejarlo reducido a uno "entre otros". |
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Posteado por: Andres Gallardo Johnson 04/10/2009 22:29 [ N° 5 ] |
Lo interesante es pensar: si la filosofía trata de temas universales, o al menos, aspira a establecer verdades universales, ¿qué papel juega en dicha labor la nacionalidad de quienes la ejercen? Uno podría pensar que la medida del aporte esta directamente relacionada con la cultura y/o geografía de los "filósofos" (Heidegger y su apreciación sobre ciertos idiomas como condición para filosofar), pero ¿cómo podríamos evaluar la calidad de un aporte filosófico en relación a su pertenencia cultural? Digamos, ¿con qué vara medimos esa característica? Como el mismo Heidegger dijo, quizás no sea indiferente el lugar desde donde desplegamos el pensamiento o contribuimos al enriquecimiento de una disciplina con vocación universal, pues todo lo "universal" se funda, nace, se proyecta en un contexto histórico determinado, con tales circunstancias que, vistas al menos de un modo cuantitativo, son parte del todo y en ese sentido no tendrían porqué tener menos valor que cualquier otro aporte filosófico. No creo que haya filosofía chilena, si filósofos chilenos. |
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Posteado por: Jorge Armando San Martin Pavez 05/10/2009 11:10 [ N° 6 ] |
Filosofia creo que es mas que solo publicar, es la discusion de problemas que nos afecta, al parecer las discuciones son mas bien muy locales, ojala se abran ademas al resto del pais y la comunidad, que nuestros lideres tambien usen la filosofia para definir hacia donde vamos. La mala calidad nuestros lideres y sus debates se debe a la poca filosofia chilena, quedando entrampados en los detalles sin importancia mas que la resolucion de los grandes problemas. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 05/10/2009 12:38 [ N° 7 ] |
¿a que hora es el Congreso de Filosfia mañana en la Biblioteca Nacional? Ortega y Gasset decia en su libro ¿que es folosofia? que esta no es mas que VIVIR LA VIDA DE CADA UNO. Si se dice que no hay filosofia en Chile, entonces significa QUE NO HAY VIDA. Y ahi, si que estaremos todos de acuerdo. En Chile NO HAY VIDA simplemente (como la de Oscar Castro)Aca vivimos la vidoa de los otros, no la nuestra. |
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Posteado por: Miguel Ibaceta Guzmán 06/10/2009 17:23 [ N° 8 ] |
¿Para llegar a decir "Chile, país de filósofos"? |
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Posteado por: Daniel Beza Islas 08/10/2009 19:50 [ N° 9 ] |
difícil que se haga un trabajo sistemático, profundo. Así no es la filosofía chilena. |
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Posteado por: cristian andres sandoval molina 13/10/2009 11:54 [ N° 10 ] |
la filosofia de chile es la escusa para hacer o no hacer algo y apuntando algo mas profundo cncuerdo con arturo nunca e escuchado nada sobre filosofia chilena y dudo que alla algo ya que todo se copia en este pais |
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