
María Teresa Cousiño P.
Desde Londres
Ni un solo monumento existe en México en recuerdo de Moctezuma. Su imagen popular es la de una figura triste —aunque también sangrienta—, que rindió su imperio por superstición. Su fama contrasta con la de su sobrino, Cuauhtemoc, retratado como el héroe nacional, que resistió la invasión española, fue torturado y asesinado en manos de los conquistadores.
La exhibición “Moctezuma, emperador azteca”, inaugurada en el Museo Británico de Londres y abierta hasta enero de 2010, espera revaluar la figura del controvertido último emperador azteca electo, y examinarla más allá de la perspectiva de los conquistadores españoles, de la visión de su propio pueblo que lo habría renegado y de la imagen idealizada que de él se perpetuó en Europa.
A las puertas de la celebración de los 200 años de la Independencia de México y el centenario de su Revolución, el equipo curatorial del Museo Británico piensa que es el momento oportuno para presentar una lectura diferente del legado de Moctezuma, de su misteriosa muerte y de los eventos que rodean la conquista de México.
“No tomamos partido, interrogamos la historia, señala a “El Mercurio” el curador de la exposición y director del departamento de las Américas del Museo Británico, Colin McEwan. Tampoco habla de reivindicar a Moctezuma, puesto que el emperador fue “un gobernante temido y, a los ojos de los pueblos conquistados, un tirano”.
La exhibición de Moctezuma es la última de la serie “Grandes Emperadores del Mundo” iniciada hace dos años. Fue precedido por el primer emperador de China, Qin Shi Huang —famoso por su tumba donde se encontraron los soldados de terracota—; el emperador romano Adriano, y el Shah Abbas de Irán.
Militar y semidios
Desde el momento en que se pisa la exhibición se les advierte a los visitantes que los aztecas son en realidad mexicas. Así se llamaban a sí mismos los habitantes de Tenochtitlán y así se referían a ellos los españoles. El nombre azteca fue tomado por Humboldt en el siglo XIX y popularizado por William Prescott. La confusión nace de los recuerdos de los mexicas de la mítica Aztlan, donde eran gobernados por los aztecas.
Noveno emperador mexica, Moctezuma II, el último electo, no sólo era un militar endurecido por la guerra y temido por sus súbditos y enemigos conquistados, sino que también un semidiós, al cual no se lo podía mirar a la cara. Fue elegido por el consejo de ancianos de su pueblo por sus cualidades militares y religiosas, y no por su linaje, como era habitual en los reinos europeos de la época.
Reinó entre 1502 y 1520, cuando fue asesinado en oscuras circunstancias. Antes, había logrado expandir el imperio iniciado por sus antepasados apenas 200 años antes. A la llegada de los españoles en 1519, el mundo mexica se extendía desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico.
Más de 200 mil personas vivían en Tenochtitlán, una ciudad de canales, jardines flotantes y vibrante centro de comercio, que sorprendió a los españoles por sus baños públicos y limpieza. El jerarca mexica mandó construir importantes edificios públicos y se habla incluso de un zoológico en la ciudad. Contaba con una sofisticada administración imperial —basada fuertemente en la recaudación de tributos—, además de una clara estructura social y religiosa.
Moctezuma (o “Señor Enojado”) centró el poder ejecutivo en sí mismo. A diferencia de sus antecesores, llegó al extremo de apropiarse del símbolo mexica de gobierno —una diadema turquesa— como pictograma de su nombre.
Rituales macabros
Sacerdote además de emperador, Moctezuma debía mantener contentos a los dioses. A través de rituales y sacrificios se aseguraba que el mundo funcionara y que cada día volviera a amanecer.
La sangre de víctimas humanas era el alimento de los dioses y para ello los guerreros mexicas debían asegurar prisioneros para los rituales. En momentos de paz, incluso crearon el concepto de “Guerra de las flores”, con la cual volvían a combatir con los ya conquistados con el solo objetivo de procurar más sangre para los dioses. ¿O era simplemente una manera de intimidar y controlar al oponente? No es de extrañar que Cortés encontrara tantos aliados al pisar las tierras del nuevo mundo.
Los recuentos históricos hablan de hasta 20 mil víctimas en cuatro días en el caso de ceremonias importantes. En la cima del Templo Mayor se les arrancaba el corazón, mientras que sus cuerpos eran empujados escalera abajo. Los miembros eran recogidos, y en muchos casos cocinados y comidos por los victoriosos mexicas.
En la exhibición se muestra un recipiente con forma de águila donde se colocaban los corazones de los sacrificados que serían llevados como ofrenda al sol. La escultura fue encontrada en 1985, durante las excavaciones alrededor del Templo Mayor.
Los sacrificios no excluían a los mexicas y, en numerosas ocasiones, se escogían jóvenes como ofrendas para dioses. El mismo Moctezuma guardaba en una caja de piedra —también en la exposición— los instrumentos que supuestamente utilizaba para extraerse su propia sangre.
De tirano a víctima
En un recorrido biográfico, los primeros espacios de la exhibición destacan el poder de Moctezuma antes de la llegada de Hernán Cortés. Es la visión de un emperador que imprimía terror y poder desde la capital Tenochtitlán, retratada como el centro del universo.
Más adelante, los visitantes se encuentran con los presagios y sueños que habría tenido Moctezuma. Según muchos, fueron estas señales y el esperado retorno de Quetzalcoatl —la serpiente emplumada, dios de la procreación y patrono de los sacerdotes— los que explicarían la actitud del emperador ante Cortés, particularmente su pasividad y fatalismo. Pero la exhibición también sugiere que los presagios fueron convenientemente manipulados en forma posterior a los hechos.
Entre las ocho premoniciones se habla de un cometa que habría pasado diez años antes de la llegada de los españoles. Otras son el incendio de un pilar del templo de Hutzilopochtl, un hombre con dos cabezas y la diosa de la guerra llorando en la noche.
Finalmente, el Museo presenta cuadros coloniales con escenas de la Conquista de México que revelan un Moctezuma idealizado y exótico, entregando libremente su imperio a los pies del emperador Carlos V, representado por Hernán Cortés.
Según la tradición, Moctezuma recibió al conquistador español con grandes honores y regalos. Mientras unos sugieren que fue un acto de sumisión, otros postulan que el jerarca mexica intentaba impresionar a estos extranjeros que llegaron “en torres flotantes” y cuya fama ya había alcanzado los oídos de Moctezuma a través de los informantes a lo largo de su imperio.
Antes de llegar a Tenochtitlán, Cortés hizo rápidamente alianza con los pueblos que odiaban al todopoderoso Moctezuma. Los cholulas se opusieron a los españoles y fueron masacrados por estos hombres a caballo —un animal desconocido en el nuevo mundo— con armaduras y armas de fuego. Los indígenas se defendían con machetes de madera incrustados con piedras filudas que se pueden ver en la exposición.
Las versiones de lo que sucedió en Tenochtitlán una vez que Cortés fue invitado por Moctezuma a su palacio —un gran error táctico para muchos— son numerosas y controvertidas. De anfitrión de los españoles, Moctezuma pasó muy pronto a ser su prisionero. Una versión ampliamente difundida es que el monarca fue asesinado por los propios mexicas, por su supuesta alianza con los invasores.
Según explica McEwan, los españoles acababan de masacrar a la nobleza mexica y el pueblo estaba furioso. Moctezuma se presenta en un balcón para apaciguar a la multitud y, al considerar que ha tomado el lado de los españoles, su propio pueblo lo apedrea. Tres días después muere a causa de sus heridas.
Y cuando casi todos piensan que ese fue el desenlace, el equipo curatorial presenta una evidencia casi desconocida. En una tira pictográfica con comentarios en náhuatl, Moctezuma —reconocido por su diadema— aparece con una soga al cuello, evidentemente presionado. A continuación, en la misma tira hay un indígena atravesado por una espada. Un comentario difícil de leer, por las condiciones del documento, pareciera sugerir que se trata de Moctezuma. Si así fuese, se podría suponer que el jerarca mexica no fue asesinado por los suyos, sino por los españoles.
Esta versión es similar a la dada por informantes indígenas del fraile Juan Durán (quien finaliza su historia de los mexica en 1581), quienes dijeron haber encontrado el cuerpo de Moctezuma acuchillado con otros nobles mexicas. El catedrático de Oxford Jonh Elliot, señala, en cambio, en el texto de la muestra, que Moctezuma al final de su vida había perdido autoridad y ya no era útil a los españoles. Si murió antes de que los hispanos pudieran matarlo, “es algo que nunca se sabrá”.
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Posteado por: Alvaro Rojas 07/10/2009 14:32 [ N° 1 ] |
Hernán Cortes en sus memorias (carta-informe al rey) y cuando relata cómo tuvo que huir de Tenochtitlán en la noche y estuvo a punto de morir a manos de los furiosos ciudadanos de la ciudad que habían ya apedreado a Moctezuma, relata que el emperador fue apedreado por sus súbditos por traición. Cortés había ordenado sacar todos los dioses del templo de Tenochtitlán (lo llama "mezquita" en su carta al rey)y ordenado poner una imágen de la Virgen católica... |
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