
Tendría unos 17 años, cuando cayó en mis manos una serie de libros de poetas españoles del siglo XX. Recuerdo Sobre los ángeles, de Rafael Alberti; La voz a ti debida, de Pedro Salinas; La destrucción o el amor; de Vicente Aleixandre, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca, y El rayo que no cesa, de Miguel Hernández. Formaban parte de una colección que la Editorial Losada de Buenos Aires publicaba en pequeños volúmenes de tapa gris e impresión austera. Leyendo los prólogos o las solapas, algo me llamó la atención: todos esos poetas aparecían ligados, de una u otra forma, a una institución desconocida para mí, que se llamaba Residencia de Estudiantes. Investigando por aquí y por allá, pronto me enteré de que no era un simple hogar estudiantil, como el nombre sugería a primera vista, sino un prestigioso e influyente centro cultural de España. La Residencia fue fundada en 1910 y tiene su sede en la Colina de los Chopos de Madrid. En ella habían dictado conferencias lo más granado de la intelectualidad del siglo XX: Louis Aragon, Henri Bergson, Le Corbusier, Madame Curie, Albert Einstein, Igor Stravinski, Paul Valéry y H. G. Wells, entre otras luminarias. Sin hablar de grandes figuras de la cultura española como Antonio Machado, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, todos ellos contertulios asiduos de la institución. ¿Y quiénes se encontraban entre los “residentes”? Tres jóvenes que después darían mucho que hablar: el cineasta Luis Buñuel, el pintor Salvador Dalí y el poeta Federico García Lorca. Como diríamos ahora, una especie de “dream team”.
Más adelante me impuse de que Neruda también tenía vínculos poderosos con la Residencia. Aún más, siempre sospeché que Residencia en la tierra, título de uno de sus libros más importantes, le fue sugerido por el nombre de la institución. Ignoro si esta relación ha sido establecida antes, pero, como dice Borges, “la discusión de su novedad me interesa menos que la de su posible verdad”. En este orden de cosas no me parece insignificante que en los años en que Neruda estaba en el Oriente y preparaba el manuscrito de su libro, no sólo fuera amigo de varios de los intelectuales españoles que vivían en la Residencia o eran visitantes asiduos de sus tertulias, sino que mantuviera contacto epistolar con uno de ellos, Rafael Alberti, para una posible publicación de Residencia en la tierra en España. Las gestiones iniciales no prosperaron. La primera versión del libro, que sólo incluye textos escritos entre 1925 y 1931, fue publicada por la Editorial Nascimento de Santiago en 1933. Por fin, en 1935, Cruz y Raya de Madrid imprime la edición definitiva. Ese mismo año, el “residente” Federico García Lorca presenta a Pablo Neruda en la capital española. Más recientemente, en 2007, la Residencia de Estudiantes fue declarada Patrimonio Europeo, junto con la Acrópolis de Atenas, el palacio de los Papas de Avignon y la Plaza del Campidoglio de Roma.
A la luz de todos estos antecedentes, la Residencia adquirió en mi mente caracteres de leyenda. Podía imaginarme a Salvador Dalí y a Luis Buñuel discutiendo el guión de la película surrealista Un perro andaluz y a Pablo Neruda leyéndole sus versos a García Lorca, mientras éste pronunciaba la ya célebre frase: “No sigas leyendo, que me influencias”.
Se entenderá entonces mi alegría si agrego que estoy escribiendo estas líneas en la habitación que me han asignado en la institución madrileña. Estoy invitado aquí como poeta en residencia, para dictar charlas, ofrecer lecturas de mis poemas y dirigir un taller de poesía. Su buen tiempo ha transcurrido desde que un poeta chileno de 17 años se topó con el nombre Residencia de Estudiantes. Ni en sus sueños más optimistas imaginó que un día estaría en este recinto, en el que todavía resuenan tantas voces de un pasado literario y cultural imborrable. No tengo el despropósito de pensar que la mía es ahora una de esas voces. Simplemente cuento una historia, comparto mi emoción y dejo aquí mi reconocimiento a la Residencia de Estudiantes de Madrid, por haber hecho posible que la realidad y el deseo, como diría Luis Cernuda, convergieran para mí, en este espacio privilegiado.
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Posteado por: Alvaro Rojas 12/10/2009 09:27 [ N° 1 ] |
Quisiera anotar que en Alemania hay muchas residencias. Son instituciones sin fines de lucro, financiadas de diferentes maneras y por diferentes instituciones, municipales, estatales o por grupos de particulares. Reciben no sólo a poetas a los que se les posibilita residir, sin problemas existenciales, por medio año o un año, sino que también a prosistas, pintores y otros cultores de las artes. Hoy día "residen" en Alemania quizás un centenar de creadores en diferentes ciudades alemanas y ello ocurre casi desde 1949, cuando Alemania estaba en ruinas...¡es que tenemos tanto que aprender del capitalismo renano!. |
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