Camilo Marks
Domingo 25 de Octubre de 2009
Lo humano es lo anormal


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El fabricante de ausencias (Planeta, $11.900) es la novena novela de Francisco Rivas y si excluimos las más famosas, de aspectos relacionados con la década del 80 —El informe Mancini, Martes tristes—, habría que enmarcar el presente libro en una tendencia del autor hacia lo arcano, lo inescrutable, la recreación histórica de sucesos y personajes inusuales que ya se advierte en Una historia al margen o la colección de cuentos El banquete. Es preciso agregar que, en esta oportunidad, Rivas lleva hasta un punto de no retorno su obsesión por asuntos raros y excepcionales, porque El fabricante…, a fuer de exponernos, de manera acumulativa, episodios quirúrgicos sobrehumanos, puede erigir sobre el lector una barrera inexpugnable, salvo que se trate de alguien que comparte los singulares intereses del escritor. En lo formal, Rivas se atiene al relato clásico: no depara sobresaltos ni demanda esfuerzos mayores, ya que se compone de una estructura lineal, que permite adentrarnos gradualmente en la originalísima trama.

El problema es otro y tiene que ver con el tema, con su tratamiento, con la increíble erudición de Rivas para desarrollar su fábula, todos, por cierto, rasgos positivos, aunque en este caso pueden jugarle en contra. De partida, tenemos un vocabulario ilimitado, con palabras inencontrables en diccionarios, cuya significación podemos adivinar, pero a veces se nos escapa en los meandros de la botánica, la zoología, la navegación, la fisiología. En segundo lugar, Rivas es implacable en la descripción de ciertos componentes químicos, los mecanismos de aparatos, el procedimiento a seguir con anormalidades biológicas extremas, de modo que si nos detenemos en sus minuciosos detalles, corremos peligro de extraviarnos en un recorrido que, por lo general, resulta fascinante. En suma, El fabricante… no es para indolentes o apáticos, sino para personas curiosas, activas, dispuestas a zambullirse en un mar de conocimientos exóticos.

Juan Igual, el protagonista, nació en Santiago en la primera mitad del siglo XIX, junto a un hermano gemelo que murió al llegar al mundo. Con escasa educación formal, derivada de la enseñanza en el colegio de un fundo en Colchagua, desde niño muestra una pasión desmedida por las articulaciones de los insectos, las propiedades de las plantas y el funcionamiento de aparatos complicados como relojes, prótesis, implementos artificiales. Cuando su situación se vuelve insostenible por causa de sus amores con María Reparadora, nieta del hacendado, el abuelo lo envía a Valparaíso, con una carta de recomendación dirigida a Macario Ramírez, dueño de una tienda de maniquíes. Ahí se inicia la prodigiosa carrera de Igual como fabricante de injertos que reemplazarán a extremidades ausentes, a miembros viriles decaídos, a órganos cercenados. En el futuro, la popularidad del reparador se extenderá por todo el orbe y sus servicios serán requeridos por el Presidente vitalicio de Haití, por los reyes belgas, por el sultán de Estambul, por el Papa y por incontables dignatarios, jefes de Estado, altos oficiales; mientras sus aventuras cubren vastos espacios geográficos, el propio cuerpo del sanador sufre mutilaciones y su empeño por derrotar las carencias físicas se torna crecientemente sofisticado. Al no poseer título universitario, deberá acudir a médicos, en principio reticentes, aun cuando terminen por rendirse frente a la fenomenal habilidad del protesista chileno. Además, ejerce sus capacidades no sólo a favor de los poderosos, sino también con los desvalidos que aparecen en su camino.

En gran medida, El fabricante... consiste en el puntilloso inventario de operaciones de amputación, truncamiento, ruptura, siempre acompañadas del pormenorizado catálogo del instrumental que se emplea, en ocasiones fruto de la genial inventiva de Igual, si bien no podemos dejar de pensar que tales máquinas obedecen a la fértil y cultísima imaginación de Francisco Rivas, destacado neurocirujano y profesor de Filosofía.

Es inevitable que tantos incidentes anatómicos culminen en una impresión algo confusa, puesto que es imposible recordar claramente las particularidades de ellos o el rasgo especial de una experiencia terapéutica en relación con la precedente o la que vendrá. Pero a pesar de este repertorio de cortes y tajos, El fabricante... es una narración amena y, en última instancia, una metáfora de la existencia cuando lo humano reside en lo anormal, incluso lo monstruoso

10 Comentarios publicados
Posteado por:
Guillermo Guerrero Rodríguez
25/10/2009 18:31
[ N° 1 ]

Don Camilo

¿Que más me queda después de leerlo a UD que comprar y leer El Fabricante ?

Lo haré aunque deba amputarme de once mil pesos IVA incluido.

Posteado por:
Alicia López
25/10/2009 18:33
[ N° 2 ]

¿Es que no hay temas interesantes o valiosos para ocupar a nuestros escritores, sobre todo los que se comprometieron en el pasado, en lugar de escribir sobre amputaciones y tajaduras?

Posteado por:
Agustin Perez
25/10/2009 18:37
[ N° 3 ]

Franciso Rivas ha sido siemp're un excelente escritor y me alegro de este nuevo libro suyo. Debería escribir más seguido, porque intelectuales como él nos hacen mucha falta.

Posteado por:
Carlos Gumucio
26/10/2009 18:58
[ N° 4 ]

Y así dicen que la crítica no influye. Yo también me desprenderé de once mil pesos para comprar este libro.

Posteado por:
Sonia Arnal
27/10/2009 00:10
[ N° 5 ]

También lo voy a leer, no sé si comprar o pedir prestado. Me gustó mucho El informe Mancini hace mucho tiempo y esto promete.

Posteado por:
Sonia Arnal
27/10/2009 22:47
[ N° 6 ]

También me gustó, sobre todo, el título de la crítica, decir que lo humano es lo anormal en un país donde se discrimina por ser pobre, por ser indio, por ser roto, por ser feo, por ser gay, por ser mujer, bueno, defender eso como la norma es muy sutil y valiente.

Posteado por:
Fernando Herrera
28/10/2009 15:48
[ N° 7 ]

Me alegro que se destaque a Francisco Rivas, un escritor que debe ser el más culto de Chile y uno de los más cultos del mundo. Pero lo es con un bajo perfil, a diferencia de otros que dictaminan sobre sus bibliotecas o se parapetan en la academia.

Posteado por:
Leo Campos
30/10/2009 02:25
[ N° 8 ]

Francisco Rivas siempre ha sido bueno y todas sus novelas tienen calidad. Lo que pasa es que no se hace propaganda a sí mismo ni tampoco parece importarle mucho el marketing, a diferencia de tantos autores y autoras chilenos de hoy.

Posteado por:
Luis Muñoz González
30/10/2009 15:04
[ N° 9 ]

Las amputaciones y cercenamientos no parecen un tema atractivo, pero esta crítica tiene la enorme gracia de presentarnos a mutilantes y mutilados como personas atractivas.

Posteado por:
Josefa Cernadas
31/10/2009 13:48
[ N° 10 ]

Entiendo que esta novela fue finalista de un importante concurso de novela hispanoamericano. Quizá debió haberse mencionado ese hecho, quizá no había espacio. Pero Rivas es más conocido de lo que muchos creen.

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