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Domingo 01 de Noviembre de 2009
Gonzalo Vial Correa: Una fecunda vida


Joaquín Villarino

Cuarto de seis hermanos, desde la infancia la lectura fue para Gonzalo Vial su principal afición. Lo hizo siempre, vorazmente. Juan de Dios Correa, su abuelo, le facilitaba libros de su vasta biblioteca. Era el nieto preferido. Su madre, Anita, también aficionada a la lectura, lo estimulaba con el ejemplo.

Su cuñado, Eduardo Vial Cox, afirmaba rotundo: “Lo que realmente le gusta a Gonzalo, es leer”.

Gonzalo Vial estudió en el colegio de los Padres Franceses, donde, según su compañero Antonio Pi Barral, siempre fue “lejos” el primero del curso. Pi agrega que tenía una personalidad fuerte, que desplegaba seguridad en sus conocimientos. Que el deporte no le motivaba, ni tampoco la vida social. Sus discusiones con el sacerdote Florencio Infante, hicieron época. Eran tiempos de la Segunda Guerra Mundial, los sacerdotes iban preocupados de la suerte de la dulce y lejana Francia y debían responder los cuestionamientos del aventajado alumno.

Juan de Dios Vial, ex rector de la Universidad Católica, lo recuerda como un niño simpático, con sentido del humor, reservado —“como éramos en la casa”— y que si bien su hermano tuvo curiosidad por todas las ramas del conocimiento, su defecto fue “su notable desinterés por las ciencias naturales”, las que a él, como médico, le apasionan.

Los Vial Correa fueron estudiantes aventajados, quizás por eso en la familia no sorprendía en especial el rendimiento escolar de Gonzalo. Sin embargo, cuando éste obtuvo 35 puntos en el bachillerato —puntaje máximo—, en su casa constataron con cierta sorpresa su cerebro privilegiado.

El mejor de su generación

El joven ingresa a la Facultad de Derecho de la UC, donde también es el mejor de su generación. Se lo reconocen otorgándole el premio Tocornal. Sus éxitos académicos no lo envanecen. Lo caracteriza su modestia en el trato. No hace pesar su capacidad intelectual. Sin embargo, sus argumentaciones implacables golpean duro, con mordacidad, si considera justa la causa que defiende, porque confía tener la razón.

El joven egresado de derecho, opta al grado de licenciado con el ensayo histórico-jurídico “El africano en el Reyno de Chile” (1957), en el que prueba cómo el negro en nuestro país fue absorbido por las razas mixtas que lo habitaban. Vial, en privado, hará comentarios punzantes sobre ciertos personajes de la vida nacional que “olvidan” la sangre negra que corre por sus venas.

En la universidad, el historiador Jaime Eyzaguirre refuerza su vocación por la historia y su hispanidad. Pero, también es en la Escuela de Leyes, cuando contraría el sentir familiar, se suma al gobierno de Carlos Ibáñez y colabora con el ministro de Hacienda, Jorge Prat y su revista “Estanquero”. En esa cartera trabajó junto a Arturo Fontaine A. y Ricardo Rivadeneira M. Su “ibañismo” desorienta a su abuelo, que veía en él un promisorio político, pero militante en las filas del Partido Conservador.

Dictar, desde el suelo

Como abogado, su secretaria Raquel Espejo recuerda que Gonzalo Vial llegaba a primera hora a la oficina y se retiraba de noche. Mujer de carácter fuerte y con conocimientos de derecho, durante 39 años doña Raquel fue su custodia y mano derecha en trámites notariales y judiciales. Será inflexible si su jefe no quiere llamadas ni interrupciones, los inoportunos no salvarán con facilidad esa barrera. Pero la generosidad de Vial lo lleva a atender y ayudar a sus amigos que enfrentan situaciones delicadas. Su visión clara y sus conocimientos de derecho, le permiten abordar diversas materias en su vida profesional.

Los clientes importantes, con el correr del tiempo, serán empresas y gremios del sector agrícola. Personalmente, Vial también trabaja su fundo “Loreto” en Doñihue, Rancagua.

Redactaba sus escritos con meticulosidad. Dicta a su secretaria en tanto da largas zancadas, a menudo se tiende en el suelo, rodeado de textos. Pide que le relean lo escrito, corrige, es puntilloso en el lenguaje, consulta frecuentemente el diccionario de la Real Academia, no permite interrupciones. Pero es capaz de suspender su labor si alguien está en un apuro extremo y requiere de su consejo o ayuda.

Raquel Espejo resalta su desprecio por lo material. No tuvo afán de lucro. Cuando requiería de algún dinero, pregunta por ciertos honorarios, si los depositaron o no en su cuenta corriente.

Pero recuerda su secretaria, que también se alteraba, se impacientaba si las cosas no marchanban. Luego de sulfurarse, de llamar la atención con virulencia, retomaba su afabilidad, pedía disculpas y volvía al trabajo. Su almuerzo habitual era una presa de pollo, una fruta y un yogur. Doña Raquel asegura que el día de su cumpleaños, 29 de agosto, no lo saludaba, sólo le mejoraba su ración alimenticia con alguna entrada —lechugas, tomates, langostinos— del Bar Nacional y un bocado de helados, una de sus debilidades. Vial se sorprende con esas novedades y pregunta el motivo.

Serán sus amigos de la revista “Portada” y más tarde de “Qué pasa” —donde es director y escribe sus editoriales—, los que le celebrarán sus 40 años en 1970 y romperán con esa frugalidad los años siguientes, cuando acepta celebrar. También esos amigos interrumpirán sus tardes de trabajo citándolo a tomar té en el Café Santos, donde conversará de política y de los problemas nacionales, con sus infaltables comentarios alegres, incisivos. Sabía reír y hacer reír.

Un deber histórico

En 1990 su inquietud por los derechos humanos lo hará participar en la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, creada por el Presidente Aylwin. Recibirá críticas de pinochetistas y de miristas. Impertérrito ante los cuestionamientos, considera que debe cumplir con su conciencia y con su amor a Chile, en busca de restañar heridas y lograr la unidad. Más tarde se lamentará de que esos objetivos no se lograron, por la obcecación de algunos que usan el tema políticamente.

El abogado José Zalaquett, miembro también de la Comisión Rettig, recuerda que discrepaba en muchos aspectos con Vial, pero destaca que era coherente, “de las pocas personas que he conocido que pensaba, decía y hacía de la misma manera, era consecuente consigo mismo”. Por esa coherencia guarda gran respeto por la persona del desaparecido historiador.

Afirma que Gonzalo Vial, “siempre atento a la realidad de lo sucedido en Chile”, participó en la Comisión porque lo consideraba un “deber histórico” y de acuerdo a su fe católica un “deber religioso”. Y que en su trabajo no “personalizaba”, incluso subraya este detalle, porque era norma en sus columnas. “Hablaba de un funcionario o un ministro, sin nombrarlo, si bien el lector deducía quién era”, comenta.

Zalaquett cuenta que Vial ante la Comisión expresó “que no firmaría nada que no hubiese leído”, lo que significó un inmenso trabajo y así lo hizo, porque “no hacerlo implicaba un grave error moral”. Por eso su opinión fue siempre fundada. Y si bien él consideraba, agrega, que el gobierno militar tuvo un origen legítimo, había cometido hechos ilegítimos.

Al fin, por su rectitud y su trabajo, se convirtió en un referente y a pesar de las diferencias —cuatro integrantes habían apoyado el gobierno militar y cuatro fueron opositores— garantizó la unanimidad del informe de la Comisión Verdad y Reconciliación y con ello le dio credibilidad, dice Zalaquet.

Por último, destaca de Gonzalo Vial su “sentido del deber” y que siempre esquivó las candilejas de la prensa. No buscó la popularidad fácil.

El Consejo de Estado

Clara Szczaranski cuenta que “en el CDE mostró siempre su empeño en seguir con lucidez y espíritu crítico su moral, su sentido de lo justo, de lo bueno, de lo verdadero”. Relata que concordaron en asuntos complejos, especialmente valóricos, y consolidaron una relación de respeto y afecto. Dice que se siente muy honrada de haber trabajado con él.

Una vez más, Vial, según la abogada, “fue infaltable en el cumplimiento de sus deberes y, una vez adoptado un acuerdo por la mayoría legal del Consejo, siempre lo defendió pasando por encima, incluso de su posición inicial en asuntos jurídicos; con una lealtad a toda prueba”.

Recuerda una de sus “humoradas cariñosas”, como cuando le acotó a la Canciller Soledad Alvear, para reafirmarle la independencia con que actuaba el CDE: “Ministra, en este Consejo la Clarita representa a la extrema derecha y yo a la extrema izquierda”.

Al Consejo “lo quiso, escribió su historia y, desde mi ángulo, lo tuve siempre cercano”, “me apoyó y aconsejó, incluso visitándome en casa, manejando de noche, graciosamente perdido (¡y sin documentos!) a fin de solidarizar ‘ante ciertos vendavales de acusaciones’ ”, relata Clara Szczaranski.

Rememora que acompañó a colegas de trabajo “en trances dolorosos de enfermedad o duelo. Para ejercer esa generosidad, él siempre tuvo tiempo”.

Su mayor contribución

Es difícil sintetizar la imagen de un personaje tan multifacético. Pero su inquietud ante la pobreza era lacerante. Como percibe la educación de los niños es la forma de arrancarlos de la marginalidad, junto con su mujer, Luisa Vial, crea la Fundación Lo Barnechea en 1979.

Demostrarán en su misión educativa, que se convertirá en una cruzada que podría calificarse de familiar, cómo la miseria no es obstáculo para que los niños aprenden y se conviertan en profesionales. El matrimonio es pionero en el desarrollo de las aptitudes musicales de los pequeños y conforman conjuntos que son un aporte cultural, tanto en sus familias como en la comunidad en que viven. Sus maestros son reconocidos en su calidad profesional y en sus remuneraciones, lo que los estimula a dar lo mejor de sí mismos.

Reseñar vida tan fecunda es tarea imposible, quedan guardadas en la memoria de quienes le conocieron tantas tareas, anécdotas, dichos y juicios. Gonzalo Vial Correa vivió y murió en su fe católica. Amó a Chile en su historia y en los hechos —con sus grandezas y sus pequeñeces—. Buscó la justicia en los tribunales, dio batallas en el periodismo, la cátedra y en sus numerosos libros y escritos. Y lo más relevante: luchó por los pobres y los niños de Chile, porque tuviesen una vida y una educación mejor, junto a su mujer y sus hijos en la Fundación Lo Barnechea, y en sus escritos en la prensa. La patria pierde a un chileno superior.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Alvaro Rojas
05/11/2009 10:02
[ N° 1 ]

Es inexplicable que una persona de tan alta alcurnia humana, intelectual. Tan visionaria haya sido el autor del Libro Blanco de la dictadura de Pinochet, haya sido ministro de la dictadura...
Los humanos somos contradictorios. Es la "reconciliación" chilensis, borrón y cuenta nueva.

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