Camilo Marks
Domingo 16 de Enero de 2011
Testimonio fragmentario


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El debut de Beatriz García-Huidobro —Hasta ya no ir (1996)— reveló a una autora pulcra, de sensibilidad, sutil en la descripción de ambientes subjetivos, atractiva gracias a un saludable tono menor. Le siguieron 5 títulos, crecientemente experimentales, a los que ahora se agrega El espejo roto (Lom, 2010, 138 páginas, $6.000), su ficción más exigente: no es fácil de seguir, a veces es poco gratificante, aunque posea buenos momentos y un nivel literario que refleja la formación cultural sólida y los intereses de la prosista.

El primer problema del conciso libro, compuesto en 118 breves capítulos, es el punto de vista narrativo. García-Huidobro escribe en primera, segunda y tercera persona, cada una de ellas correspondiente a las diferentes voces que urden un relato entrecortado, en el que el lector demora un considerable tiempo en darse cuenta quién está hablando; ello perjudica la unidad de la historia, fragmentaria, difusa, de ardua comprensión. El procedimiento torna intrincado un argumento que pudo haber sido más sencillo y, si bien no es reprochable que los novelistas usen las técnicas que les plazcan, prevalece la impresión de que El espejo… habría ganado en accesibilidad con una escritura menos estudiada. Para agregar mayor confusión, la trama carece de orden cronológico, de manera que debemos adivinar la época en que transcurren los hechos, lo que no es un desafío simple en un tomo que abarca un largo período y donde faltan mínimos antecedentes para saber cuándo pasó esto o aquello.

Grosso modo, la crónica concierne a varias generaciones de personas, de distintos orígenes socioeconómicos, que se trasladan del campo a la ciudad por voluntad propia o debido a las circunstancias. Miriam, perteneciente a una familia de inquilinos del sur, vive con su sobrino Isaac en un remoto caserío cordillerano, sobreviviendo como tejedora; su hermana Sara abandonó al chico, los demás parientes murieron y Miriam lee únicamente la Biblia, en especial los preceptos más punitivos, que trata de inculcar en el niño. La construcción de una represa la obliga a trasladarse a un sector deteriorado de Santiago, Isaac se matricula en una escuela y asimila su condición de travesti. Andrea, hija de los propietarios del latifundio, se casa con un millonario, tiene tres hijos y descubre que su marido ha mantenido a una amante, con la cual tuvo otro vástago, Manuel, quien padece una gravísima enfermedad; Andrea deberá hacerse cargo del inválido a raíz de la muerte de Jaime y Victoria en un accidente automovilístico. Manon, hermana de Andrea, bella, desprejuiciada, cínica, ha optado por el placer, la disipación, los viajes, las relaciones fugaces, vagando de cama en cama y de pareja en pareja hasta que se da cuenta, demasiado tarde, de su irremisible soledad. La intriga está punteada por incidentes de abuso, incesto, acosos sexuales, a ratos insinuados, en ocasiones descritos sin equívocos.

La mayor novedad de El espejo… es la extensa variedad de lenguajes extraliterarios a los que acude García-Huidobro, que deben ocupar más de un tercio del volumen. Así, a propósito de enfermedades raras, como la epidermolisis bullosa que afecta a Manuel, tenemos verdaderas disertaciones clínicas sobre los síntomas, los diagnósticos, las manifestaciones del mal. Más adelante, se nos entrega una seguidilla de secciones sobre la filiación, el reconocimiento de hijos, las adopciones, con citas a leyes vigentes en la actualidad, de modo que tales pasajes parecen provenir de áridas sentencias judiciales, imposibles de interpretar para un lego en esas materias. El origen del barrio Yungay, de la plaza del mismo nombre, de los conventillos y cités, es el pretexto para incursiones en temas urbanos. Y hay más: una póliza de seguros redactada en jerga especializada, fragmentos del Diario Oficial, piezas jurídicas en torno a herencias y testamentos, crónicas policiales… Es imposible precisar si estos injertos sirven para alcanzar un juicio cabal acerca de los sucesos de El espejo… o si contribuyen a enredarlos. En rigor, es preferible pasarlos por alto por su carácter extemporáneo y su falta de claridad.

Sin embargo, no debe pensarse que El espejo… es un texto sin aspectos positivos. Está dirigido a personas curiosas, inteligentes, de cierto refinamiento. García-Huidobro posee talento y un apreciable nivel de singularidad. Si superamos las vallas que erige, esta narración presenta un testimonio íntimo, desolador, astillado, de lo que son las relaciones en el sistema de clases chileno.

13 Comentarios publicados
Posteado por:
Germán Tapia
16/01/2011 22:00
[ N° 1 ]

Las relaciones en el sistema de clases sociales chileno, en el campo y la ciudad, en el pasado y el presente, han sido uno de los materiales más frecuentes y más explorados por nuestros mejores novelistas y cuentistas: Baldomero Lillo, Federico Gana, Marta Brunet, José Donoso, Manuel Rojas, Nicomedes Guzmán, Óscar Castro y un largo, largúisimo etcétera. Cuando Michelle Bachelet salió elegida, la editorial del New York Times se sorprendió de que eso ocurriera en la sociedad más conservadora de América y una de las más retrógradas del mundo. Desde luego que eso se refleja en nuestra literatura y era que no, si aún vivimos en un sistema que yo no llamaría de clases, sino de castas, plagado de racismo, xenofobia, homofobia, prejuicios. Y esta novela debe reflejar, aunque sea en parte y aunque no sea muy buena, esos problemas.

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Jorge Lagos
16/01/2011 22:03
[ N° 2 ]

A mí me dio la impresión de que este libro es malo de frentón y lamento que Camilo Marks evite decirlo y se resbale, se resbale buscándole cosas buenas. Normalmente, ha sido un crítico severo y riguroso, ahora parece que ha terminado poniéndose bonachón a como de lugar.

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guillermo lorca
17/01/2011 13:42
[ N° 3 ]

A mí ese libro me pareció excelente, muy sensible, con un lenguaje elaborado y culto. La arquitectura del texto es diferente a lo habitual, se arma de un modo fragmentario pero sin dejar de ser nunca altamente literario.

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Nuvia Jarpa
17/01/2011 16:12
[ N° 4 ]

A mí el libro no me tinca nada y me da la impresión que debe ser una lata. Tal vez está bien escrito y tal vez la autora es muy culta y profunda, pero si no se sabe quién habla y si se meten informes jurídicos o ensayos sobre enfermedades en una novela de pocas páginas, no sé, creo que algo anda fallando. No es que crea en la literatura predigerida y fácil, para eso tenemos los pésimos bestsellers que ocupan los primeros lugares de venta, pero pienso que hay escritores a quienes les gusta enredar las cosas porque sí.

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Andres Calle
17/01/2011 18:35
[ N° 5 ]

Personalmente, a menos que se trate de novelas tipo John Dos Passos o cierto Carlos Fuentes, que incluyen letras de canciones, titulares de diarios, toda clase de materiales en sus novelas, no soy partidario, en un texto tan breve como éste, de meter jerga jurídica, legal, médica, meteorológica, urbanística, etc., a propósito de nada. ¿Cuál es la justificación de llenar págians con información difícil de digerir, en lenguajes abstrusos y complicados? No estoy de acuerdo con el crítico en que los escritores son libres de usar los procedimientos que quieren, mejor dicho, sí lo estoy, siempre que lo sepan hacer y eso no atente contra la estructura de una novela o relato.

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Agustin Perez
17/01/2011 23:22
[ N° 6 ]

No he leído el libro, ni siquiera lo he visto, tampoco conozco a la autora, quiero decir que ella y sus obras me son completamente desconocidas. Sin embargo, ¿no estaremos todos cayendo en lo facilón, lo efectista, las historias que nos impiden pensar, lo que muchos, y con razón, llaman literatura desechable y que es casi lo único que ahora se lee en Chile?

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Sonia Arnal
18/01/2011 19:48
[ N° 7 ]

Eso de meter el sistema de clases chileno a propósito de todo y de nada me parece abusivo, el comentario de Germán Tapia (Nº 1) está bien, pero no tiene absolutamente nada que ver con la crítica. Y tengo la poderosa impresión de que Camilo Marks habló de testimonio íntimo, desolador, bla, bla, bla, de las clases sociales, como para tirarle un salvavidas a esta novela, porque en varias partes de su crítica dice claramente que es mala, no con estas plabras, pero no se necesita ser un genio para darse cuenta.

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Margarita Fernandez
18/01/2011 20:32
[ N° 8 ]

Por favor, cómo va a ser bueno un libro repleto de jerga jurídica y judicial, de enfermedades raras, de pólizas de seguros, de no sé cuántas cosas más. Hay escritores y escritoras difíciles, exigentes, demandantes hacia el público lector, pero eso se justifica cuando se trata de escritores de genio, de talento, artistas de la palabra que aren nuevas rutas en el lenguaje y la comprensión de nosotros mismos. No creo que la Sra. Beatriz garcía-Huidobro pertenezca para nada a esta categoría.

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cecilia garcia-huidobro barros
19/01/2011 00:46
[ N° 9 ]

Que pena que el último parrafo de este artículo no haya sido el primero en el comentario del libro, con eso habría bastado, lamentablemente cuesta poco destruir desde la crítica grandielocuente y pretenciosa que aporta muy poco a un título que en si mismo lo dice todo... fragmentado...

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Ernesto Parra
20/01/2011 00:53
[ N° 10 ]

Parece que los y las García Huidobro no soportan el más mínimo asombro de crítica, reparo o contradicción. Yo no encuentro nada grandilocuentre a lo escrito por Camilo Marks y además me parece que trata casi con pinzas a la autora, con sumo respeto, no es para molestarse tanto si dice que es un libro con problemas, pero aún así, trata de salvarlo a toda costa.

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Miguel Salvador
20/01/2011 09:29
[ N° 11 ]

Bueno, yo leí una novela anterior y me pareció notable, igual que unos cuentos breves, como haiku. Yo creo que los críticos se sienten obligados a buscar lo malo de una manera que los haga aparecer a ellos como inteligentes, los he visto destrozar a gente inmerecidamente y no hay que hacerles caso, porque finalmente son escritores a los que no les ha ido muy bien que digamos.

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Josefa Cernadas
20/01/2011 12:55
[ N° 12 ]

Eso de que los críticos son escritores a los que les ha ido mal lo vengo oyendo toda mi vida, creo que lo oyeron mis padres, abuelos, bisabuelos...Aparte de ser un lugar común tan tonto como todos los lugares comunes, una frase hecha, es la falsedad más grande entre las falsedades que se suelen sostener en literatura. ¿Cómo sabe el Sr. Salvador que a Marks le ha ido mal como escritor? Resulta que yo he leído todos sus libros y le ha ido estupendo, además, cada vez que saca uno es punto menos que noticia nacional, entonces esto es no saber nada, no leer nada, no enterarse de nada, vivir en el provincianismo más cerril. En cuanto a sus críticas, lo sigo hace años, mucha gente lo sigue y eso me consta y jamás lo he visto escribir como sintiéndose obligado a destrozar algo ni mucho menos intentar parecer inteligente. Quienes lo han leído, escuchado e incluso visto en TV en ese magnífico programa que desapareció, se darán cuenta que no es el tipo de persona que procura ser inteligente, porque debe ser si no la, una de las personas más inteligentes de Chile. Y en cuanto a la crítica de este libro de la Sra. García-Huidobro, a mí me parece muy bien hecha, bien formulada, y muy respetuosa con la autora, excesivamente respetuosa. Pero sus amigos y parientes, deben serlo quienes la defienden cuando nunca ha sido atacada, sencillamente no toleran el más mínimo reparo y eso indica por qué la literatuera chilena es tan mediocre y el ambiente literario chileno tan viciado y tóxico.

Posteado por:
Iván Godoy
20/01/2011 18:22
[ N° 13 ]

Los que siempre dicen que no hay que no hay que hacerle caso a a crítica son los primeros que leen las críticas. Y conozco a escritores, por lo menos a uno muy bien, que me han dicho queprefieren no vender un solo libro a tener una mala crítica.

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