Pedro Gandolfo
Domingo 23 de Enero de 2011
Esperado retorno


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Después de trece años de Plata Quemada, su anterior novela, vuelve Ricardo Piglia (Buenos Aires-Adrogué, 1940) con Blanco Nocturno , uno de los títulos más esperados del año 2010. Las dos novelas están escritas desde el género policial; la primera, en base a una investigación de una crónica real; la segunda, desarrollada en un pueblo imaginario (¿Adrogué?) al sur de Buenos Aires, en 1972, combinando el estilo y estructura policial con el elemento popular de la pampa argentina. En el ritmo de los relatos, Plata Quemada es más vertiginosa, directa y fresca en contraposición con Blanco Nocturno en que predomina un estilo más depurado, elegante y pausado.

El título de la novela ya predispone a la idea de cacería, conjugándola con un contraste irresoluble entre la luz y la oscuridad. El relato parte del asesinato de Tony Durán, un puertorriqueño que vivió desde pequeño en Nueva Jersey. Este forastero viene siguiendo a las gemelas Ada y Sofía Belladona, provenientes de la familia dueña y fundadora del pueblo. Se conocieron en los casinos de Atlantic City y mantuvieron una relación sexual que perdura hasta que Sofía deserta del trío: "...una noche, cuando estaba en la cama con Sofía, entró Ada y empezó a desnudarse. Y así empezó la semana tormentosa que pasaron en los moteles cercanos a la costa de Long Island... El juego de tres era duro y brutal y el cinismo es lo más difícil de sobrellevar. La perdición y el mal alegran la vida, pero lentamente llegan los conflictos...". Tony, después de tres meses de llegar al misterioso pueblo, muere en la habitación de su hotel. El investigador del crimen es el Comisario Croce, una variante del detective clásico, enigmático, obsesivo, "un poco tocado", dándole mucha importancia a la intuición como metodología para resolver los enigmas: "Acertó muchas veces porque parecía ver cosas que el resto de los mortales no podía ver".

La pesquisa, así, es el principal tejido de la novela y se combina hábilmente con la descripción de un pueblo asfixiado, que en su tedio genera multiplicidad de mitos. Al igual que la búsqueda de la verdad, indaga su ocultación, la traición y la oscura interferencia de los poderes políticos y económicos del pueblo: "Hay una solución aparente, luego una solución falsa y por fin una solución final". Estos elementos sostendrán el relato hasta la aparición de Emilio Renzi, alter ego de Piglia (el nombre está constituido por el segundo nombre y apellido del autor), reportero y cronista del diario El Mundo de Buenos Aires, que viene a investigar el caso. "Era una historia verdaderamente extraña, con aristas variadas y versiones múltiples. Igual que todas, pensó Renzi". Renzi genera un nuevo relato paralelo, que está desfasado temporalmente del inicial, y estos dos relatos operan como un contrapunto que da movilidad, viveza y pluralidad de puntos de vistas a la novela. Con la incorporación de citas a pie de página y el aire de crónica periodística de algunos pasajes, Piglia logra, además, dejar al lector en una nebulosa acerca de los límites entre realidad y ficción.

La novela posee tres ritmos bastante notorios. Al inicio, presenta lo policial y lo folclórico-popular de forma muy descriptiva y pausada, para luego hacer un mestizaje de estos elementos velados por el misterio y el secreto. Un segundo ritmo, de más vertiginosidad, rapidez y acción, está dado por la aparición de Renzi. Y, en la segunda parte, la especulación filosófica, psicológica o religioso-moral, el elemento onírico y la metáfora, la crítica al propio género policial, vienen acompañados de su propia cadencia y muestran la erudición transversal del autor.

La manera en que funde la historia de un pueblo, de su principal familia y la dinámica de dos clases sociales, tomando como pretexto un crimen, demuestra otra vez el talento de Piglia para servirse de un cierto género (la novela negra) y adentrar al lector por esa vía en los mecanismos sociales invisibles. Como en toda novela de ese género interesa aquí menos dar una solución lógica al enigma que mostrar el intrincado y desolador funcionamiento de esos mecanismos. Piglia es un autor muy autoconsciente de su oficio, en permanente discusión con el género que está utilizando, y con la historia que tiene entre manos, lo cual lo hace incluir desarrollos discursivos (justificados dentro de la trama), pero que pueden leerse como mero exceso de erudición.

La novela tiene una arquitectura impecable, que no deja cabos narrativos sueltos, con un pleno manejo de los recursos formales. Blanco Nocturno puede dejar la impresión, por defecto, de una falta de espontaneidad, una sensación de que está todo muy pensado y racionalizado (el hecho de trabajar esta novela por muchos años no es coincidencia), pero como contrapartida deja la lección de que una obra literaria importante es mucho más que la simple ilación de hechos.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Roberto Carlos Suárez Leguizamón
31/01/2011 13:47
[ N° 1 ]

Muy buen comentario!!!, tendré que leerla urgente! SALUDOS,

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