

Ruth Rendell (1930) es hoy la figura cumbre de la narrativa policial inglesa, lo que equivale a decir que si no es la máxima representante mundial de esa corriente, está cerca de serlo. No son palabras menores si tenemos en cuenta que, en los últimos 20 años, las historias de crímenes han resurgido, a ambos lados del Atlántico, con una originalidad y una fuerza que captan público en todo el orbe, de modo que bien podemos decir que pasan por una de sus mejores etapas, comparable con su edad de oro (1920-1950) o con la época de la gran novela negra americana. En una carrera de 50 años, Rendell ha publicado un centenar de títulos, algunos pasables, ninguno mediocre, la mayoría brillantes. Si hubiera que describir una producción tan heterogénea, habría que decir que se caracteriza por la vastísima cultura de la autora, por su aguda y corrosiva mirada a la sociedad actual, por la fertilidad de su imaginación, la perturbadora rareza de sus temas, a menudo chocantes, y por el escalofriante retrato de ambientes urbanos y rurales.
El minotauro (Plata Negra, 2010, 413 páginas, $15.800), recién traducida, pertenece al grupo de narraciones de Rendell que se internan en la psicología anormal, en un escenario campesino, protagonizadas por extranjeros de ascendencia escandinava, cada vez más atónitos ante las peculiaridades británicas (Rendell es de ancestros noruegos). El libro guarda un estrecho vínculo con novelas victorianas y posvictorianas clásicas: Jane Eyre , El castillo de Otranto , Rebeca, y otras menos conocidas entre nosotros. En todas ellas, hay enormes mansiones que guardan secretos inconfesables, muchos cuartos están cerrados, los pasillos parecen embrujados, los comportamientos de sus habitantes son excéntricos e inexplicables.
La joven sueca Kerstin llega contratada por un año a Lydstep Hall, palacio cercano a Colchester, con el propósito de hacerse cargo de John Cosway, un chico esquizofrénico cuya madre, Julia, una anciana matriarca, fría, violenta, calculadora, vive pendiente de que el enfermo tome elevadas dosis de psicotrópicos. El trabajo de Kerstin, quien es licenciada en literatura decimonónica, obedece también a fines personales, ya que tiene un novio en Londres, Mark, con el cual comentará los insólitos hechos y las conductas cada vez más peligrosas de los ocupantes del caserón, todas mujeres a excepción de John, todas solteronas y maniáticas. Estamos en 1968 y si bien la heroína nunca se cansa de decirnos cuánto ha cambiado todo desde entonces, ese año fue decisivo para la revolución sexual, el feminismo y los cambios sociales que sacudieron a Europa.
No obstante, las Cosway se apegan al pasado, ni siquiera leen las noticias o ven cine y jamás se les ocurre tomar un libro, algo increíble porque el laberinto de la construcción es una biblioteca con más de 50 mil volúmenes. Ida oficia de dueña de casa y estuvo comprometida con Eric, vicario de Windrose, el pueblo aledaño. Ahora su hermana Winifred se casará con el religioso, en una ceremonia que se posterga una y otra vez. La menor, Ella, es profesora, pero al igual que las otras, se desvela por la idea del matrimonio. La llegada de Félix, pintor diletante, transforma las relaciones entre las Cosway, ya pésimas, en un avispero.
El caldo de odios, rivalidades, rencores, es el telón de fondo que distrae, por así decirlo, del núcleo de la trama, encarnado en la feroz Julia y el desdichado paciente, sujeto a una sobredosis de medicamentos. Muy pronto, Kerstin se da cuenta que John no está loco, que su postración obedece a designios siniestros, que aun cuando pueda padecer trastornos, nada justifica que lo tengan reducido a un estado vegetal. La codicia ha convertido a la madre y hermanas en aniquiladoras del indefenso recluso, único heredero de la fortuna de los Cosway. En otras palabras, son ellas las locas de remate y no el familiar encomendado a su custodia. El minotauro relaciona, de manera sutil aunque irrefutable, la demencia con el egoísmo extremo, la crueldad, la malicia. Por diversos motivos, las instituciones, los servicios públicos, los hospitales, en vez de proteger a los débiles, fomentan su exclusión.
El minotauro es lo que en inglés se llama un page turner, o sea, uno de esos textos en que se da vuelta frenéticamente a las páginas para saber qué es lo que viene a continuación. En ese sentido, nadie sale desilusionado de esta obra de suspenso, desde el inquietante principio hasta el inesperado desenlace. Y Rendell vuelve a demostrar su maestría en el género literario que ha escogido.
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Posteado por: Germán Tapia 23/01/2011 16:19 [ N° 1 ] |
Bajo su aparente capa democrática, de monarquía constitucional, Inbglaterra posee el sistema de clases sociales más férreo e impenetrable del mundo o por lo menos de Europa. Y esas diferencias, que a veces son matices ínfimos, se notan en todos los órdenes de la vida, en la forma de hablar, en el acento, en la ropa, en los colegios a los que se asiste, en las universidades donde se estudia, en los trabajos que se obtienen, en el sistema de salud que se recibe, en los sitios que se frecuentan, en los exclusivísimos clubes, a los que no tienen acceso los no privilegiados por siglos de siglos, y, claro, por supuesto en la literatura, en el arte, en el cine, en la pintura, en la ópera, en el ballet. Ninguna literatura ha explorado hasta tal nivel y en tanta profundiad lo que son las calses sociales como la ingelsa, especialmente desde la era victoriana hasta ahora, y eso se ve en Dickens, George Eliot, Jane Austen, Virginia Woolf, Lawrence, hasta la popualr, como el género policial, porque también las novelas de Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y en la actualidad Ruth Rendell o P. D. James reflejan el clasismo inherente en la cultura británica. |
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Posteado por: Ernesto Parra 24/01/2011 12:52 [ N° 2 ] |
Ruth Rendell es magnífica, nunca he leído un libro de ella que no me haya fascinado. Y llegué a ella gracias a dos películas, Carne trémula, deAlmodovasr y La Ceremonia, de Chabrol, ambos estupendos y terribles. |
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Posteado por: Nuvia Jarpa 24/01/2011 16:17 [ N° 3 ] |
Las novelas policiales son las mejores novelas que se escriben en la actualdiad, prefiero mil veces leer a Ruth Rendell o Henning Mankell que a los lateros de Philip Roth, Cormac McCarthy, Coetzee, Amis, Barnes, etc. |
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Posteado por: Claudio Hernandez 25/01/2011 01:33 [ N° 4 ] |
Por favor, todas las sociedades tienen clases, el clasismo existe en todas partes, no creo que en Inglaterra sea peor que en Perú o Mongolia Exterior. |
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Posteado por: Silvia Selowsky 25/01/2011 23:21 [ N° 5 ] |
La sabiduría oriental milenaria, que el próximo 3 de febrero celebra el nuevo año y el año lunar, nos permiote absorbernos en nosotros mismas, contemplar la realidad sin despedazarse por ella, aplicar la fe, la alegría de vivir, lo mejor de nosotros mismos en los demás y lejos del escapismo, es la única forma de enfrentar este mundo que se está cayendo a pedazos. |
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Posteado por: Carlos Gumucio 26/01/2011 13:08 [ N° 6 ] |
No veo que la sabiduría oriental milenaria tenga mucho que ver con esta novela ni esta columna. |
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Posteado por: Agustin Perez 26/01/2011 15:29 [ N° 7 ] |
Y a mí el tema de las clases sociales o el de la lucha de clases me parece lo más latoso y añejo que pueda imaginarse, sólo pensar en ello me hace dormir tres días seguidos. |
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Posteado por: HERNAN SAEZ IGLESIAS 26/01/2011 17:17 [ N° 8 ] |
Rendell es cierto, una reveladora de la condición del inglés en toda su dimensión expresiva, precisa y clara. Por lo mismo sus matices permiten incontables peculiaridades de narrativa y análisis. Felices ellos |
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Posteado por: Alicia López 29/01/2011 02:45 [ N° 9 ] |
Me parecen excelentes las referencias a Jane Eyre y Rebeca, dos novelas eximias en la tradición de la narrativa gótica. Rendell ha tomado esa tradición y la ha adpatado a la segunda mitad del siglo Xx y la priemra década del siglo actual en forma magnífica, recreando ambientes, personajes, historias, leyendas, mitos que son típicas de la literatura inglesa, pero también se han universalizado en personajes enclaustrados, maniáticos, locos, anormales, violentos, toda esa galería siniestra y tan real que continúa presente en el cine, las novelas, la poesía, el arte actuales, tanto dentro de las fronteras insulares como fuera de ellas. |
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