
Aunque ciertamente conocidos no somos —al menos, eso espero—, puedo confesar —¡tengo que hacerlo!— que sé muy bien dónde es que acaba el mundo. Porque conozco sus confines, puedo asegurarle que las fronteras de un mundo feliz no coinciden con las medidas de un mapa trazado para desgraciados. Me llamo Daniel Alzheimer y a pocos días de dejar Puerto Rosales puse mis ojos sobre esa frontera: ahí mismo, quizá incluso antes, quiso el azar que yo fuera a enamorarme de un monstruo. Su nombre era Olivia Acevedo, tenía catorce años y contaba apenas con un solo brazo. Supe de la chiquilla y de su defecto por boca de uno de mis pacientes. No recuerdo cómo fue que la conversación nos llevó a ella, pero da igual”.
Quien redacta estas memorias es el único médico contratado para atender en el imaginario pueblo sureño de Puerto Rosales a comienzos del siglo pasado; su viaje a Chile se debe al hecho de ser alemán. Personaje secundario de Geografía de lo inútil (Editorial Chancacazo, 2010, 210 páginas), primera novela de Matías Correa (1982), finaliza uniendo, de una manera en que solo la literatura puede hacerlo, a tres generaciones: los Lohmiller, los Pölier y los Araos. Daniel es sobrino lejano de Alois Alzheimer, quien descubrió la enfermedad neurológica degenerativa que lleva su nombre, pero estuvo lejos de poseer las aptitudes de su brillante tío. Sin embargo, bastó tal apellido y un currículum fraudulento para que se instalara entre nosotros y para que una placa, de 1906, rememore, hasta hoy, sus dudosos servicios. El lector que la descifra, o sea, cualquiera de las notables figuras creadas por Correa, cree que se trata del eminente sabio a quien pocos pronuncian, por temor a uno de los peores males que puedan aquejarnos.
Es difícil, en el presente, alabar un debut novelístico sin caer en el lugar común o la superficialidad. Además, Correa no pretende deslumbrar, no cae en pirotecnias gratuitas ni se esfuerza por mostrarse original; pese a ello, resulta sorprendente, divertido, gratificante de comienzo a fin. Tal vez la palabra “entretenido” sea inadecuada para describir este inopinado texto, quizá su extraña calidad interpela a un tipo de lector cada vez más escaso: aquel curioso, inteligente, con un grado de refinamiento y capacidad para detectar la pericia verbal de una trama que descansa tanto en la singularidad de las historias, como en la manera de contarlas. Por añadidura, Correa muestra aplomo, elegancia y un vocabulario excepcional en alguien tan joven.
Recrear un sitio inexistente en el mapa, otorgarle espesor y presencia, no es mayor novedad; consciente o inconscientemente, Correa traza un vago esbozo de Puerto Rosales, deteniéndose en la Avenida Phillipi, su calle principal, y en el edificio de varios pisos que albergó a las sucesivas familias que dan vida al relato. El juez Araos se negó a rendirse a los encantos de Alzheimer y su odio a todo lo extranjero —ahora se llama xenofobia— le jugará malas pasadas, ya que su hijo se casa con Amaité, mulata colombiana que produce natural consternación en sus parientes políticos. Robertito, el nieto, es quien le pasa las llaves de un departamento desocupado a Albert Pölier, filósofo tan hastiado de Santiago que decide recluirse en la localidad austral. Ahí encuentra infinidad de objetos inútiles, sobre todo libros y revistas varias, que dan cuenta de nuestro pasado o bien curiosos cuadernos y apuntes con reflexiones sobre el dominó u otras similares.
Tadeo, hermano menor de Albert, es trompetista de profesión y llegó a tocar en “La Sonora Sonora” tras un tortuoso recorrido causado por la hiperkinesia y el déficit atencional. Con la esperanza de que se interese por la lectura, Albert le regala el “Tractatus logico-philosophicus”, de Ludwig Wittgenstein; sin ofenderse, el músico, que apenas hojea diarios e interpreta partituras, devolverá, muchos años después, el gastado ejemplar del pensador austríaco. Al enviar a Jonas Lohmiller, dueño de la propiedad que arrienda, todos los papeles que ahí halla, Albert evoca, en una extensa y erudita carta, la famosa reunión entre Wittgenstein y Bertrand Russell, cuando el primero, furioso, desafió al segundo a demostrarle que no había un rinoceronte dentro de su casa.
Geografía… liga personas, episodios y hechos estrambóticos con fluidez y sin complicaciones. Es inevitable que la obra presente defectos —confusiones menores, repeticiones, exceso de citas— aun cuando es muy improbable, en la actualidad, leer un libro inaugural tan bien logrado.
|
Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 06/03/2011 12:41 [ N° 1 ] |
Me alegro mucho de que Camilo Marks comente obras de escritores chilenos tan jovenes como Matias Correa, es necesario dar a conocer la obra de los "lolos". Tiene exceso de fantasia, talvez, pero para se su promera obra, esta muy bien |
|
Posteado por: Germán Tapia 06/03/2011 15:14 [ N° 2 ] |
La clase media chilena, que fue el cojín que, durante décadas, hasta 1973, permitió que no hubiera enfrentamientos cruentos entre los dueños del capital y el proletariado, es tambi´´en, históricamente, y lo ha sido durante los pasados 150 años, fuente de cultura, crecimiento social y económico, autonomía de los otros sectores y capas de la sociedad, en fin, una fuente de energía creadora. Por algo, la inmensa mayoría, casi el 90% de los grandes escritores chilenos, provienen de ese sector social. La novela criticada aquí ha sido escrita con relación a ese grupo social, la clase media o pequeñoburguesía, que es capaz de expresar el más alto nivel cultural, así como lso matices, las extravagancias, las locuras, peueñas o grandes, lso dislates, las vidas extrañas, paradónicas, el universo fantasmático de los individuos, porque es en ese estrato donde la fantasía individual surge con mayor potencia. |
|
Posteado por: Ulises Gomez 07/03/2011 01:40 [ N° 3 ] |
¿Es que el Sr. Tapia, (Nº 2) solo entiende la literatura a partir de las nociones más básicas y pedestres del marxismo? No puede ser posible reducirlo todo a clases sociales ni explicar una novela, cualquiera que sea, por el surgimiento de la clase media, hay muchas otras cosas que explican la literatura. |
|
Posteado por: Nuvia Jarpa 07/03/2011 18:03 [ N° 4 ] |
Muy interesante, muy atrayente. El único proble ma es que ahora hay tanta gente escribiendo, tantísima, como no se había conocido nunca, y tan poca, pero tan poquísima leyendo, que no sé cuál será el destino final de todos los escritores y escritoras con talento. |
|
Posteado por: Alicia López 07/03/2011 23:50 [ N° 5 ] |
De acuerdo con los comentarios anteriores en que no se puede hablar de clases sociales cada vez que uno lee algo, hace algo o piensa algo. El libro parece muy bueno, culto, entretenido y es una enorme gracia que sea escrito por alguien tan joven. |
|
Posteado por: Andres Calle 08/03/2011 11:55 [ N° 6 ] |
Creo que estoy de acuerdo en que un libro es bueno, mediocre, pasable o malo en forma completamente independiente a la sitaucón de clase que refleje, a dónde provenga el autor, a sus orígenenes, a todo lo sociológico o social que pueda decirse, aunque tampoco eso signifique sacar las obras de su contexto social. |
|
Posteado por: Josefa Cernadas 08/03/2011 12:18 [ N° 7 ] |
Me encantó la crítica, me atrajo el libro, esto me sirve para darme cuenta que tenemos muy buenos escritores, lo que siempre se agradece y me alegra porque deseo leerlos y conocerlos, empecemos primero por casa y sigamos después con el resto del mundo. |
|
Posteado por: Diego Álamos Mekis 08/03/2011 15:03 [ N° 8 ] |
Proletarios, pequeñoburgueses, posmodernos, liberales y conservadores, invitados todos a adquirir "Geografía de lo inútil" en librerías o, si Ud. es un lector cómodo, directamente en la página de la editorial: www.chancacazo.cl |
|
Posteado por: Ernesto Parra 08/03/2011 22:03 [ N° 9 ] |
Muchas gracias por el dato del Ser. Álamo Mekis (Nº 8) pues pienso leer este libro queme interesó mucho y si no me lo puedo conseguir prestado, tendré que comprarlo. |
|
Posteado por: Iván Godoy 08/03/2011 22:05 [ N° 10 ] |
Buena crítica para un libro que debe ser bueno, me molesta que siga habiendo tanta gente que dice que en Chile no hay buenos escritores, pero más me molesta que nadie o casinadie lea. |
|
Posteado por: Sonia Arnal 08/03/2011 23:04 [ N° 11 ] |
Con lucha de clases o sin ella, las críticas de Camilo Marks siguen dando a conocer a escritores poco conocidos en Chile y, sobre todo, a los nuestros, a los chilenos que hoy enfrentan posiblemente el mayor desafío que puede enfrentar un escritor, esto es, la desaparción del libro de papel. Felicitaciones. |
|
Posteado por: Claudio Hernandez 09/03/2011 15:25 [ N° 12 ] |
Totalmente de acuerdo con lo que dice Sonia Arnal, las críticas del Sr. Marks dan a conocer a autores que deberían leerse o ser más conocidos, especialmente los chilenos, o bien revisitan a clásicos, esos que siempre se pueden releer, esos que nunca cansan, esos que a veces son inmortales. |
|
Posteado por: Leo Campos 09/03/2011 22:34 [ N° 13 ] |
Esto se parece peligrosamente a una sociedad de halagos mutuos, al crítico y a cada uno de los opinantes. Estoy de acuerdo en que siempre es preferible decir, o escribir, cosas agradables, pero, ¿no se les pasa un poco la mano? |
|
Posteado por: Silvia Selowsky 10/03/2011 20:03 [ N° 14 ] |
Hay elementos astrales, astrológicos, escatológicos, que expresan las conjunciones de planetas, astros, signos y símbolos y que no se perciben a primera vista en nuestra literatura. Lo destaco porque gran parte de la narrativa, consciente o inconscientemente, plantea disyuntivas que pasamos por alto y que los críticos literarios también pasan por alto.Pero están ahí, existen, es cosa de abrir los ojos. |
|
Posteado por: Elena Latlippe 11/03/2011 13:46 [ N° 15 ] |
Me parece excesivo meter la astrología y las cosmología a propósito de una interesante primera novela de un interesante joven escritor chileno. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |