

Esta novela, sin perjuicio de su carácter incompleto (que aparece más patente hacia el final), no es un misterio para quien ha seguido la obra principal de Bolaño: vuelven a desfilar aquí personajes, obsesiones, motivos, estructura y los rasgos más propios de su prosa torrencial, imaginativa y divertida.
Los sinsabores del verdadero policía consta de cinco partes y hasta la tercera se lee con facilidad, agrado e interés creciente. El protagonista de esta novela inconclusa es Óscar Amalfitano, un profesor de literatura chileno, que luego del golpe militar de 1973 se exilia y emigra por distintos países y universidades. Nos encontramos aquí, pues, con un protagonista tipo de Bolaño: un profesor que tiene amigos escritores, habla sobre escritores, escribe sobre escritores. El relato se concentra en las dos últimas estaciones de su peregrinar: Barcelona y Santa Teresa (una ciudad remota en el Estado de Sonora, México). Viudo de una hermosa mujer y padre de una hija adolescente, Rosa, en Barcelona, Amalfitano descubre su homosexualidad y mantiene una relación con el poeta Padilla y su grupo. Expulsado de la universidad, acepta un cargo docente en la Universidad de Santa Teresa, en México. Desde allí, la novela se dedica a describir la atmósfera y personajes de esa ciudad y sigue las relaciones de Amalfitano con su hija y, vía epistolar, con un Padilla entre decadente e impredecible. Este es el trazo grueso, porque Bolaño, ya en estas tres primeras partes, enhebra a este hilo principal decenas de historias o reflexiones secundarias, la más de las veces atractivas, sorprendentes y graciosas. En estas primeras doscientas páginas, Roberto Bolaño demuestra una vez más su capacidad para atrapar al lector en un esquema de suspenso y de avanzar con rapidez en la acción, sin perjuicio de las ramificaciones abiertas pero controladas con tal intuición narrativa que el lector no se pierde ni decae en su atención. También aflora aquí su permanente sentido del humor, como si su relación preferida con el lector fuera constante de tomarle el pelo.
En las dos partes finales se advierte, en cambio, una dispersión que le resta unidad a la obra. La parte dedicada al escritor J.M.G. Arcimboldi hunde al lector en una sucesión de paréntesis narrativos, los cuales, a veces, incluyen todavía más, otros paréntesis dentro de ellos. El vínculo con la historia principal se diluye y apenas reaparece en "Asesinos de Sonora", la última parte, en la cual se introducen nuevos personajes (y sus respectivas historias e historias dentro de esas historias), se desdibuja hasta desaparacer la relación del protagonista con su hija Rosa, y resurge otra vez el vínculo con el poeta Padilla.
La falta de conclusión de este libro -que no es, por cierto, atribuible a Bolaño- impide responder a la pregunta clave que el narrador hace respecto de la obra de Arcimboldi: "¿Cuál es la historia y cuáles las excrecencias, los ornatos, las ramificaciones de la historia?". ¿Es el amor y amistad que mantiene el protagonista con Padilla? ¿Es la evolución del mutuo amor filial con Rosa? La violencia irracional, la corrupción, los vicios del poder subyacentes a los paisajes descritos también se insinúan ya en Los sinsabores del verdadero policía y, al igual que la relación solitaria entre Amalfitano y su hija -que alcanza puntos de intimidad conmovedora-, no terminan por desarrollarse.
El libro se abre con un capítulo hilarante en que el narrador asigna un género sexual a cada género literario (la novela sería, en general, heterosexual y la poesía, homosexual), para luego, tratándose de la poesía realizar una categorización casuística según el tipo de homosexualidad (habría, fundamentalmente, poetas maricones y poetas maricas). La clasificación es un largo y muy bien elaborado chiste literario que apunta a dos líneas de desarrollo de la obra: una, el tema de la homosexualidad tardía del protagonista, y la otra, una permanente parodia a los estudios literarios. Así, en la segunda parte, también hay una cómica relación que clasifica a los poetas según "su papel": de ese modo Neruda y Lezama Lima ocupan el rol de "el más gordo"; T.S. Eliot, "el banquero del espíritu"; Auden, el de las arrugas más extrañas, o el más ameno, Borges y Nicanor Parra, por ejemplo. Toda la esquematización acerca de Arcimboldi y la moda que se suscita en torno de él tienen una intencionalidad sarcástica acerca de cómo la "metaliteratura" reconstruye a la literatura y sus protagonistas y, acaso, una forma en que Bolaño espejea en ella, riéndose, su propia figura distorsionada.
A medio camino entre Los detectives salvajes y 2666, Los sinsabores del verdadero policía posee los esperados defectos de una obra que quedó truncada a la muerte de su autor. Brillan en ella, con todo, páginas de una prosa cautivante, sus variados registros de estilo, su humor literario e irónico y su enorme virtuosismo para elaborar historias.
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Posteado por: Daniel Beza Islas 21/03/2011 09:32 [ N° 1 ] |
Me sucede con Bolaño que agarro un libro recopilatorio de sus cuentos y no sé si ya me los leí en otro, o si ya me leí esa recopilación en particular. No sé si ya me he leído dos o más veces sus cuentos o qué pero ya me da la impresión de que toda su obra es el mismo cuento. Saludos |
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Posteado por: marcelo lopez garcia 21/03/2011 14:15 [ N° 2 ] |
¿Algun día dejará de escribir Bolaño? |
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