

En La viuda embarazada, su última entrega novelística, el escritor inglés Martin Amis (1949) reanima con éxito algunas de las obsesiones temáticas que rondan su obra desde sus primeros libros, sumándoles la indiscutida destreza formal que le han deparado casi cuatro décadas de publicación ininterrumpida. El retrato de una generación que vive en carne propia las transformaciones sociales de los años 70 es, ante todo, una excusa para el desenvolvimiento de una estructura narrativa admirable y para una nueva arremetida de una de las escrituras más destacadas del panorama actual de las letras británicas.
Keith Nearing, un joven veinteañero en pleno despertar sexual que aspira a convertirse en escritor, es invitado por su novia Lily a pasar el verano de 1970 en un castillo, en el pueblo italiano de Campania, junto a un grupo de jóvenes ingleses y norteamericanos. Los pormenores de aquel “verano caliente, interminable y eróticamente decisivo” serán los que ocupen, sin más, el grueso de la narración. Hijos de un tiempo en el que comienzan a resonar con fuerza las consignas de la revolución sexual, de la emancipación de la mujer y de la igualdad de los sexos, se encuentran todos ellos en el trance problemático de ajustar sus propios itinerarios personales con la velocidad de los cambios que impone el revuelo social; en el trance tortuoso de encontrar, de algún modo, una suerte de conciliación entre el decisivo paso hacia la adultez y las “nuevas reglas” que promueven el destape irreverente y el amor libre.
La experiencia de Keith —alter ego evidente del propio Amis— en medio de aquel ambiente, será la que articule el relato. El libro es, en realidad, una especie de novela de formación, destinada a acompañar al personaje en el proceso de su maduración literaria y vital. “Keith era una K en un castillo, después de todo: debía estar preparado para el cambio, para los errores categoriales y las variaciones de forma, debía estar preparado para que los cuerpos llegaran a ser cuerpos diferentes…”, aclara el narrador. Y es justamente dicha experiencia del cambio de formas —la metamorfosis— la que movilizará las acciones.
Apartándose de Lily, la voluptuosidad de Scheherazade y de Gloria –dos chicas que en apariencia encarnan a cabalidad el nuevo ideal de liberación y emancipación femenina– alimentará en Keith una auténtica obsesión que no se detendrá hasta conseguir la anhelada consumación sexual. Consumación que, al fin y al cabo, no traerá consigo la sensación de desahogo o de autoafirmación que espera el personaje, sino más bien su opuesto radical: la certeza de que, para aquellos que estuvieron implicados en la revolución sexual que enmarcó a los años 60 y 70, la pérdida de la inocencia significó menos una emancipación gozosa que una experiencia traumática.
“Esta es la historia de un trauma sexual”: tal es, de hecho, la aclaración preliminar con la que se abre la novela y la auténtica clave de su lectura. La culpa y el remordimiento tiñen el retrato que Amis busca esbozar de sus años de juventud, totalmente ajeno a la habitual celebración nostálgica de la plenitud perdida. Así las cosas, el narrador en tercera persona —que se mantiene constante durante todo el libro— reconoce ser, al cabo, una especie de “voz de la conciencia” llamada a efectuar “tareas compatibles con las del superego”. Y es que las vivencias de Keith —y, junto a él, las del resto de los personajes— en aquel “verano italiano” supusieron, por sobre el placer y el gozo inmediatos, la inauguración de una “tortura” y de una “herida”. Es la propia estructura de la novela, genialmente construida, la que se encarga de destacar esto: una diversidad de tiempos narrativos se activan para articular ante el lector una exhaustiva panorámica de la vida del protagonista, para exhibir las fatales consecuencias que acarrearon esos meses para todo su futuro. A cada capítulo destinado a describir las acciones de 1970 le acompañará un “entreacto” fechado en 2003, con un Keith ya cincuentón que se aproxima temeroso a la vejez, después de tres fracasos matrimoniales. Asimismo, una extensa “coda final” servirá para hacer un seguimiento episódico de la deriva vital del protagonista, hasta el año 2009.
Lo cierto es que La viuda embarazada atrapa, más allá de los motivos y las ideas que se desenvuelven en ella, por el dominio de recursos y el oficio del que hace gala su autor. Amis es capaz de levantar una inteligente estructura narrativa en la que deslumbran la velocidad de los diálogos y de los episodios, el manejo del ritmo y de los tiempos, el uso del sarcasmo y del humor, los abundantes guiños a la tradición literaria inglesa —ante todo D. H. Lawrence, Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë— y la madurez de una escritura cautivante y virtuosa.
La viuda embarazada
Martin Amis
Traducción de Jesús Zulaika, Editorial Anagrama, Barcelona, 2011, 504 páginas, $29.890
NOVELA
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