
Marcelo Contreras
Una voz a todo pulmón pregunta por micrófono si Santiago está listo para Slash, tal como se hacía en los espectáculos roqueros de los 70 y los 80 para dejar prendido al público. El teatro Caupolicán repleto y vociferante responde como si se tratara de un llamado a barrer con el enemigo: es hora de que el ex guitarrista de Guns N' Roses descargue todos sus solos y riffs, que le han dado un sitio indiscutido en más de 20 años, como un héroe de las seis cuerdas. Aparece Slash y, claro, su abundante pelo ensortijado y los lentes casi cubren su rostro, pero el tipo está idéntico a esos videos de 1987, cuando su banda se tragó al mundo con un álbum que todavía es capaz de tumbar, el insuperable "Appetite for destruction".
Su apariencia no ha cambiado, aunque algunas costumbres ya no son las mismas: no hay un arsenal etílico sobre los amplificadores o al frente de la batería, sino abundantes botellas de agua mineral. Pero el resto continúa tal como antes. Con la Gibson Les Paul, el músico nacido en Inglaterra fulmina al que se le cruza.
La misión era presentar material de su álbum homónimo del año pasado, que increíblemente es su primer disco solista, un trabajo que mira de arriba hacia abajo a "Chinese democracy" (2008), la obra que Axl tardó tres lustros en editar bajo el nombre de Guns N' Roses. Pero claramente el público estaba ahí para disfrutar los clásicos de su ex grupo. Y Slash no defraudó junto a su banda. "Nightrain", "Rocket queen", "Civil war", "My Michelle", "Patience", "Sweet child o' mine", "Mr. Brownstone" y "Paradise city", fueron interpretadas con total convicción y apegadas a las originales. Tal como en Guns N'Roses, la sección rítmica fue precisa, el cantante Myles Kennedy emula el tono chillón de Rose sin caer en la caricatura, y el líder repasa el mástil de su guitarra con esa manera de frasear fluida y agresiva a la vez, un estilo entre caliente y espeso para dominar su instrumento.
Si la visita de Axl Rose el año pasado encabezando una versión de Guns N' Roses donde solo él sobrevive, dejó la triste sensación de presenciar a una banda que se versionaba a si misma, Slash se ha quedado con el espíritu de su antigua institución. Mientras el cantante se perdió entre dudosos toques industriales y ensayos sinfónicos que terminaron desfigurando el hard rock que convirtió al grupo en leyenda, Slash va al grano. Para el guitarrista el asunto es sencillo. Se trata de roquear todo el rato. Los adornos no importan cuando hay fuego en los dedos.
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Posteado por: josefa francisca acuña luna 06/04/2011 20:58 [ N° 1 ] |
Estuve en el recital y me pareció excelente. Los años por Slash no pasan y eso se agradece. Myles Kennedy es una de las mejores voces de los últimos tiempos, su calidad vocal es impresionante y es ese rango y registro vocal lo ha diferenciado de muchos. |
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