Pedro Gandolfo
Sábado 30 de Abril de 2011
1Q84: suspenso y fantasía


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La última entrega del escritor japonés Haruki Murakami (1949) representa en varios sentidos uno de los proyectos más ambiciosos de su obra narrativa: una novela que sobrepasa en extensión y en complejidad a cualquiera de las anteriores publicadas por el autor y en la que se perfila, de paso, la confirmación definitiva de aquel estilo peculiar que le ha valido el reconocimiento de numerosos lectores en todo el mundo.

En las dos primeras partes de 1Q84, las figuras de Tengo y de Aomame, dos japoneses al borde de la treintena que subsisten en un régimen de soledad y de vacío existencial, servirán aquí para articular una rigurosa estructura novelesca que se sustenta en la alternancia -y finalmente en la sutil imbricación- de dos planos narrativos. El recurso, ya ensayado por Murakami en Kafka en la orilla , es llevado en esta novela al extremo: por las más de setecientas páginas que conforman el libro, el lector deberá entregarse a un vertiginoso vaivén entre dos historias que, si en un principio aparentan ser independientes y paralelas, se mostrarán al cabo como dos perspectivas de un mismo relato. En ese lento y gradual juego de reflejos, encuentros y guiños entre las realidades de ambos personajes, desplegado capítulo a capítulo con un admirable control del ritmo narrativo, residirá buena parte de la fascinación que enmarca la lectura del aparato novelístico urdido por el japonés.

La historia de Aomame, desarrollada en los capítulos impares, es la de una joven instructora de un gimnasio que enseña artes marciales a señoras adineradas que quieran aprender a defenderse de los hombres; la de Tengo, a la que corresponden los capítulos pares, la de un tímido profesor de matemáticas aficionado a la literatura. Pero ambos personajes esconden, más allá de las apariencias, un secreto que movilizará la trama del relato. Aomame se dedica, también, a asesinar por encargo a hombres que tienen un historial de maltrato físico y psicológico a mujeres indefensas, y Tengo mantiene en sordina una anónima carrera de escritor al servicio del editor Komatsu. En el fondo de todo, otro secreto que lentamente se irá esbozando ante el lector: Tengo y Aomame se conocieron cuando ambos tenían diez años y, después de un mínimo pero crucial intercambio afectivo que al cabo de dos décadas se ha vuelto una imagen idealizada del amor, han vivido en la espera resignada de reencontrarse por azar, de recuperar a través de un encuentro amoroso auténtico con ese otro perdido la plenitud que a sus vidas les falta.

El proceso de esa búsqueda se echará a andar cuando ambos se vean envueltos en las intrigas que rodean a Vanguardia, una enigmática comunidad religiosa heredera del descontento político y del utopismo revolucionario del Japón de posguerra. A petición de Komatsu, Tengo acepta reescribir La crisálida del aire , novela fantástica escrita por una adolescente de diecisiete años en la que se describe la realidad inverosímil que se oculta tras la fachada de Vanguardia; por su parte, Aomame asumirá la misión de asesinar al líder de la comunidad, supuesto abusador de niñas que a su vez es el padre de la autora de La crisálida del aire .

Importa subrayar, ante todo, el modo en que Murakami se vale de una historia de amor para generar una narración en la que caben un cúmulo de temáticas atrayentes y de obsesiones personales, e incluso una suerte de poética de la ficción. Pues lo cierto es que, si al suspenso ininterrumpido que provoca la persecución ciega entre Tengo y Aomame le debe 1Q84 gran parte de su capacidad de subyugar al lector, no menos importante es la manera en que describe el trasfondo en el que ella se lleva a cabo: una realidad marcada por contradicciones políticas y religiosas, un mundo de seres transidos por la omnipresencia del maltrato y por la nostalgia de una infancia añorada. En la respuesta existencial ante aquel escenario de "soledad persistente" está cifrado lo más valioso de la narración murakamiana. La determinación de Aomame, al inicio del libro, de abandonar la realidad de 1984 e ingresar a la de 1Q84, sutil desplazamiento de lo real hacia lo ficticio, así como el hecho de que el mundo maravilloso representado por Tengo en La crisálida del aire invada paulatinamente a lo real, sintetiza lo que la propia escritura del japonés pretende hacer palpable: la panorámica de una realidad permeada de fantasía y de onirismo, el bosquejo de un realismo en el que lo inverosímil y lo irreal pueden ingresar con sutileza y sin mayores explicaciones.

No hace falta esperar, por tanto, la publicación de la tercera parte de 1Q84 para celebrar lo que las dos primeras ya hacen evidente: el que un buen novelista, siendo fiel al universo narrativo trazado hace décadas y en la cúspide de su madurez creativa, continúa escribiendo buenas novelas.

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