Camilo Marks
Domingo 05 de Junio de 2011
El miedo como forma de vida


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El ruido de las cosas al caer (Alfaguara, 272 páginas, $11.900), poco promisorio título de la tercera y justamente premiada novela de Juan Gabriel Vásquez, es sintomático de un hecho positivo y otro lamentable. Tenemos muy buenos narradores que, en plena globalización, apenas son conocidos en sus países de origen y lo que en los años 60 y 70 habría sido impensable, hoy es moneda corriente: salvo contadas excepciones, mostramos escasa afición por los escritores que publican en nuestra propia lengua. Con todo, es posible que el espaldarazo recibido por Vásquez a raíz de su última obra signifique mayor difusión de una ficción madura, rigurosa, por momentos intrigante; en suma, un argumento que se sigue con un interés que raras veces decae mientras lo tenemos entre manos.

El ruido…, escrita mediante una estructura compacta, es la historia de una curiosa amistad, de varias generaciones, del fatal entrelazamiento de hechos que afectan a numerosas personas, de temas laterales que se derivan de ellos —como el desarrollo de la aeronavegación— y de seres atrapados por un destino histórico presidido por la violencia política. Asimismo, la trama da cuenta de otros tópicos que le otorgan un inusitado grado de complejidad, si bien nunca son abstrusos ni rebuscados.

Arturo Yammara, profesor universitario de derecho en Bogotá, conoce, en un viejo salón de billar, a Ricardo Laverde, prematuramente envejecido, a mal traer, pobre, con un terrible pasado a cuestas. Acaba de cumplir 20 años en prisión y el principal objetivo de su vida es reunirse con Elena, su esposa, de quien ha estado separado todo ese tiempo, pero es asesinado en 1996; en esos momentos, se encuentra junto a Antonio, quien resulta herido de gravedad y con múltiples secuelas, lo que, en principio, produce en el protagonista un natural odio hacia el involuntario autor de su prolongada invalidez. En el año 2009, circula la imagen de un hipopótamo escapado del zoológico del capo mafioso Pablo Escobar y la noticia despierta en Antonio la necesidad de contar un relato que lo marcó a fuego: “Nadie sabe por qué es necesario recordar nada, qué beneficios nos trae o qué posibles castigos, ni de qué manera puede cambiar lo vivido cuando lo recordamos, pero recordar bien a Ricardo Laverde se ha convertido para mí en un asunto de urgencia”.

Nunca sabremos los motivos que tuvieron los sicarios que perpetraron el atentado contra Ricardo, aunque la frase “algo habrá hecho” se transforma en una especie de mantra que no explica nada, aun cuando parecería calmar las inquietudes de las poquísimas personas que se relacionaron con él. Sin embargo, Antonio tiene acceso a la caja negra del avión en que volaba Elena y que se precipitó a tierra antes de aterrizar. Y alcanzó a ver cómo Ricardo escuchaba la grabación y lloraba desconsoladamente minutos antes de ser ultimado. Las palabras deshilvanadas, incoherentes, repetidas muchas veces, actúan como sortilegio. De regreso a su hogar, suena en el contestador la voz de Maya, hija de Ricardo y Elena, quien se pone en contacto con él y lo conmina a visitarla en La Dorada, ciudad a mitad del camino entre Bogotá y Medellín.

El grueso de la acción de El ruido… transcurre durante el fin de semana que Antonio pasa en la casa de Maya, que antes fuera el feliz refugio de una muchacha norteamericana del Cuerpo de Paz y su marido, loco por los aviones y el pilotaje en el aire. Las malas juntas, personificadas en el californiano Mike Barbieri, tientan a Ricardo. Al comienzo, solo se trata de transportar marihuana, hasta que fatalmente cae en la trampa de llevar cocaína. A Elena el negocio le desagrada; no obstante, después de que su esposo es detenido, parte a la capital con todo el dinero acumulado y ahí se dedica a educar a Maya.

Más que amontonar anécdotas, entrelazar acontecimientos que se remontan a la década de 1930 o dibujar una variopinta galería de personajes, se configura el retrato trágico de hombres y mujeres que son víctimas y cómplices de la guerra civil no declarada, que han conocido como forma básica de coexistencia el miedo, un miedo absoluto, paralizante, que acecha día y noche, impide pensar, no permite actuar y parece estar en el código genético de los individuos.

No se trata, en todo caso, de un libro testimonial o de denuncia, pues El ruido… es un artificio elevadamente literario. Quizá en este aspecto resida su mayor falla, porque tanta cita libresca puede ahogar la tensión narrativa. Como sea, estamos ante un trabajo serio, intenso e inspirado.

12 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
05/06/2011 23:14
[ N° 1 ]

Que terrible la situacion de Colombia, han vivido en guerra civil por larguisimos años. Pero nada se le equipara al terror de la droga, ello mas las desgracias de los personajes del libro constituyen un drama. Ingrid

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Germán Tapia
06/06/2011 14:43
[ N° 2 ]

El narcotráfico, el narcoterrorismo, el comercio ilícito de drogas y la guerra salvaje, estúpida, demente y vesánica que se ha librado para combatirlos son el peor flagelo de la segunda mitad del siglo Xx en América Latina y el desaste más profundo de nuestras sociedades en lo que va corrido del presente siglo. Sin embargo, por más que se diga una y otra vez, siempre se olvida que los principales consumidores de droga son, en primer lugar, los norteamericanos, seguidos de cerca por los europeos. Y ellos han militarizado territorios que eran reservas forestales y ecológicas únicas, han desfoaliado la selva, han lanzado a pelear a los carteles entre sí, con las masacres y atrocidades que vemos todos los días, para que las estrellas de cine, los directores, los ricachnes o la gente en ese país de la calle tengan cocaína o la fatídica pasta base. Mientras destruyen y sacrifican al mundo entero, ellos se dan la gran vida y experimentan formas que para ellos son inauditas maneras de sentir palcer. Mientras hunden a nuestros países en la ma´ssalvaje de las carnicerías conocidas, ellos consumen hasta decir basta, loq ue les da la gana, cuando les da la gana. Mientras lanzan una embestida moral y física contra el tabaco, ellos fabricna las marcas de cigarrillos, las venden, las promocionan en todo el mundo, se sienten sanos con sus zones free from smoke y asesinan a medio mundo por culpa de la cocaína, la heroína y sus derivados. Mientras se yerguen como los ejemplos absolutos de moral y virtud cívica, destruyen, aniquilan, despedazan almundo para su propio beneficio o para nada de nada. Por desgracia, ya dejaron de ser inmunes y poco a poco van a ir cayendo en las redes de la propia maquinaria destructiva que han erigido.

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Silvia Selowsky
06/06/2011 15:19
[ N° 3 ]

La guerra civil de Colombia ya dejó de ser tal para convertirse en guerra en México, guerra en los miles de kilómetros de la frontera de México con Estados Unidos, guerra en los guettos pobres mexicanos, norteamericanos, colombianos, brasileños, venezolanos, donde uno mire, hay guerra, desolación, muerte, violencia inenarrable causada por el narcotráfico.

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Elena Latlippe
06/06/2011 23:59
[ N° 4 ]

La tragedia colombiana es una de las peores del mundo, poreque se trata de un país riquísimo, culto, preparado, con un nivel que ya nos quisiéramos, con una historia gloriosa, con un pasado entre los más sofisticados del continente, con recursos a granel y simplemente no pueden vivir enpaz, poer la droga y por la intervención norteamericana.

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Ulises Gomez
07/06/2011 13:04
[ N° 5 ]

Sí, el narcotráfico es lo más terrible que está pasando en el mundo, pero igualmente terrible me parecen el deterioro de nuestra literatura, nuestro idioma, nuestra cultura, nuestra vida, temas que no refleja para nada la novelística actual.

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Josefa Cernadas
07/06/2011 18:00
[ N° 6 ]

Debo confesar que me aburre un pcoo que todas estas críticas siempre se presten para comentarios políticos o de toda clase, siempre extraliterarios. El libro de Juan Gabriel Vásquez parece ser excelente, tanto por lo que dice la crítica, como por los comentarios que he escuchado, de gente que lo ha comprado o se lo han prestado sin haber leído ninguna reseña, positiva o negativa. Y la calidad de un libro se mide por parámetros algo distintos a la pertinencia política, el flagelo de las drogas, las guerras civiles, el sufrimiento personal y social, las crisis institucionales, la gobernabilidad de los países, etc.

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Margarita Fernandez
07/06/2011 23:19
[ N° 7 ]

A mí no me molestan absolutamente nada las consideraciones políticas a propópsito de una crítica literaria. No soy de las que creenque la literatura vive en una especie de limbo abstracto, al margen de la historia, fuera de la sociedad, y que uno tenga que estimar la obra literaria como un ente autónomo, con sus propios y rígidos valores -estructura, estilo, recursos, etc.-, porque si fuera así, eso significaría que podemos empezar a equiparar lñas novelas, los cuentos, la poesía, con las matemáticas, la física, la química.

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Sonia Arnal
08/06/2011 18:12
[ N° 8 ]

A mí tampoco me moelstan los comentaros extraliterarios, Margarita Fernández, pero prefiero que vayan acompañados de cosas relacionadas directamente con la obrta en cuestión, su lectura, si es buena o mal, si vale la pena o no, si tiene meritos o es muy comercial, si merecía el o los premios que se le dieron (en este caso, parece que sí). etc. Porque si nos vamos al tema del narcotráfico, mejor será que tomemos un curso de comandos en la CIA o la DEA.

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Leo Campos
08/06/2011 19:11
[ N° 9 ]

Estoy de aucerdo con Sonia Arnal, mejor tomamos un curso de comandos armados si no paramos de hablar del narcotráfico, pero prefiero leeer una buena novela y esta no es ninguna maravilla, se los puedo asegurar.

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Fernando Herrera
08/06/2011 20:32
[ N° 10 ]

Ahora que han destruido Colombia, México, Bolivia, parte de Perú, Centroaméricana, Afganistán, Pakistán, los norteamericanos van a empezar a discutir la legalización de la droga. Mientras tanto, han convertido en un infierno la vida de los fumadores, allá y en el resto del mundo, porque todos le hacen caso en todo. Si este mundo no está patas arriba, díganme por favor dónde se puede mirar.

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Mónica Riveros Gutmann
08/06/2011 20:54
[ N° 11 ]

El miedo como forma de vida no es privativo solo de los colombianos. También lo fue aquí entre 1973-1990 y, para qué estamos con cosas, lo sigue siendo. La gente sigue aterrada de que la detengan, de perder sus casas, se endeuda, se paralogiza, vive con panico de perder el empleo, de enfermarse y tener que ir a dar a algún centor público para agonizar, de subirse al Transantiago, de estudiar, de todo. El miedo, creo, es nuestra forma de vida actual.

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Bernardo Gutierrez
08/06/2011 21:13
[ N° 12 ]

Sr. Tapia, Nº 2: coincido plenamente con Ud. y lo felicto porla gran coherencia que demuestra al tratar el espantoso flagelo de la droga y la responsabilidad principal de los norteamericnaos en esta calamidad. Se le olvidó, sin embargo, agregar que los norteamericnaos comenzaron por destuir al cartel de Sinaloa, en México, para no tenr cultivo de heroína al lado, pero luego ello hizo posible que México se concirtiera en el principal pasadizo de la cocaína para los yanquis, y esa guerra,quela llevan librando hace 40 años, fracasó hace mucho tiempo y solo produce y producirá devastación, suplicio y muerte.

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