Camilo Marks
Domingo 12 de Junio de 2011
El profeta contestatario


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Cuando Henry Miller regresó a Estados Unidos en 1942, llevaba dos décadas en Europa y si no hubiera sido por el estallido de la guerra, probablemente no habría vuelto a pisar su país natal. La vida errante, pobre, a veces al borde de la inanición que llevó junto a vagabundos, delincuentes o intelectuales, magistralmente retratada en sus dos novelas más famosas —Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio—, corroboró para siempre una indómita pasión por la libertad, un rechazo hacia la moral convencional, una tolerancia infinita hacia los demás. Miller escogió para radicarse la localidad californiana de Big Sur, entonces un paraíso incontaminado, casi inaccesible, con muy pocos habitantes, ajenos a los beneficios de la civilización. Sin proponérselo, estos colonos estaban implantando nuevas formas de convivencia, precursoras de las revoluciones sociales que tomarían cuerpo en las décadas siguientes.

El autor se encontró en una situación paradójica: era una celebridad mundial, lo visitaban estudiantes, escritores o simples admiradores, sus libros se leían en todas partes y eran traducidos a muchas lenguas, pero estaban prohibidos en su patria. Por consiguiente, aunque podría haber sido riquísimo, no percibía ingresos por ellos y tanto él como su mujer y sus dos niños, apenas tenían para comer. Big Sur y las naranjas de El Bosco (1956), ahora en nueva traducción (Edhasa, 2010, 500 páginas, $27.850) nació en esta peculiar coyuntura. Los problemas básicos de subsistencia estaban solucionados, porque todos se ayudaban, nadie permitía que otros descendieran a la miseria, cada uno actuaba para que las cosas fueran gratas.

Big Sur… carece de la virulencia, las connotaciones sexuales o las constantes imprecaciones contra la hipocresía de las obras previas de Miller. Es su texto más filosófico y enseguida llama la atención el tono sereno, reposado, estoico de una narración donde nadie se agita ni patalea. Sin embargo, no hay que engañarse: a medida que envejecía, Miller se volvía más radical y más contestatario respecto de los valores norteamericanos: la competitividad, la búsqueda de la fama y riqueza, la idea del progreso como motor social. En ese sentido, y también en el contacto con la naturaleza como fuente primordial de sabiduría, Miller está emparentado con insignes predecesores suyos como Emerson, Thoreau, Whitman.
La comunidad de Big Sur estaba compuesta de artistas, poetas o seres estrafalarios. Muchos habían dejado fortuna y familia para huir de la “pesadilla de aire acondicionado”, uno de los títulos más conocidos de Miller para referirse al funcionamiento de las ciudades modernas. Sin excepción, todos tuvieron que usar las manos para construir casas, labrar la tierra, cultivar hábitos higiénicos en sus hijos. Miller publicó Big Sur… mucho después que esas dificultades estaban más o menos superadas, aunque uno puede imaginar cabañas sin servicios básicos, personas instaladas en completa soledad, una economía cercana al trueque.

Estos aspectos pintorescos pasan a segundo plano ante las reflexiones de Miller, sean de tipo general, sean referidas a los singulares amigos que hizo en ese remoto enclave. El pensamiento del novelista, refinado mediante lecturas y amplísimos conocimientos, tomó un giro anticipatorio, de corte anarco-pacifista, que lo convirtió en profeta de los beatniks, los hippies y toda suerte de fraternidades en pro del amor libre, antibélicos o inmersos en tareas místicas y esotéricas. En este período, Miller se aproximó a una fuerte religiosidad —el nombre de Dios figura una y otra vez en el volumen—, una búsqueda de lo absoluto ligada más con el panteísmo que con las creencias tradicionales.

En cuanto a los personajes de Big Sur…, la galería es interminable y Miller los describe con bondad, humor, admiración, profundo cariño. Se trata de hombres y mujeres de innegable talento, tal vez geniales, pero que han renunciado a los hipotéticos beneficios de la burguesía y, en particular, a cualquier clase de reconocimiento. Pintoras, dibujantes, inmigrantes, reformistas clericales, artesanos y muchos más son abordados con la misma veneración que el narrador siente por los grandes pensadores y los grandes maestros de la literatura, la música o la plástica que le son afines.

El relato no ha perdido un ápice de vigencia: los problemas que plantea son los que enfrentamos hoy, las interrogantes que formula continúan sin respuesta. Es uno de los mejores libros de Miller y una contribución importante a la narrativa del pasado medio siglo.

11 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
12/06/2011 10:48
[ N° 1 ]

talvez el merito de henry miller es constituir un avance del hipismo, de la rebeldia del joven, pero para mi no es mas que un pornografo, un ser obsecionado por el sexo, no conocia de esta obra, me asombra que escriba sobre algo que no sea sexo.Ingrid

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marcelo lopez garcia
12/06/2011 17:07
[ N° 2 ]

Hace años leí "Nexus" y nada más
pues siempre he preferido la ficción a la autobiografía.Considero mayor desafío inventar un mundo que recordarlo,lo imaginario al crudo testimonio.El anecdotario de Miller,Bukowski y demás escritores
francamente no me apetece.Dudo que una vida plena de carrete y bohemia
de buenos frutos literarios.¿Es nuestra vida la mejor novela? En cuanto a arte se refiere ,no lo creo.
Saludos.

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Germán Tapia
12/06/2011 17:57
[ N° 3 ]

Los años 50 fueron, poruna parte, lospeores del siglo pasado, ero por la otrapermitieorn la germnación de todos los movimientos contestatarios que surgirían después y que faltament fueron ahogados por el capitalismo tardío. Porque el rasgo fundamental del modo de producción capitalista es este: transformar todo lo revolucionario, sedicioso, rebelde en algo a favor, una nueva fuerza que, en lugar de oponerse, sirte más ue nunca a los intereses del sistema. Así ocurrió con el CheGuevra, ya convertido en poleras que se vendían en el barrio lodinense de Chelsea antes de su muerte, con los beatniks, con los hippies, con los moviemitnos de 1968, todo termina tornándose en mercancía. Miller también es ua mercancía, no su pensamiento ni sus libros sino su figura, también lo son Kerouac, Ginsberg, Burroighsm y mucho más que ellos todo lo hippie, blusas cn flores, pelo largo, drogas recreativas y toda la faramalla acompañante. Por lo demás, todos los dirigentes o cabezas de ese movimientos terminaron siendo magnates de Wall Street. ¿Y qué pasa con lo que se tiene por una de las cosas más contestarias del mundo, el rock? Que es una de las industrias más lucrativas del orbe, que sus cantantes ganan billones de dólares,q ue pueden posar de pacifistas, ecologistas, libertarios, pero llevan una vida de lujo y disipación que ni los emperadores romanos soñaron. Así que no nos engañemos con Henry Miller, los beatniks o los hippies, son todos, aun sin quererlo, parte del sistema.

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Sonia Arnal
13/06/2011 18:57
[ N° 4 ]

Sí, es cierto que Henry Miller escribió casi siempre sobre sexo porque después de los trópicos, la trilogía La crucifixión rosada los deja como para lectura de kindergarten. Además, lo hizo desde una perspectiva muy machista, pero eso era inevitable o casi inevitable en los años 20 y 30. Sin embargo, creo que sus libros siguen siendo obras literarias de mucho valor y ejercieron una influencia liberadora en su época, tal vez todavía siguen teniendo esa influencia y él, como persona, creo que era un ser magnífico.

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Andres Calle
13/06/2011 21:49
[ N° 5 ]

Don Marcelo, Nº 2: hay escritores que se basan exclusiva y excluyentemente, en su propia vida para escribir sus novelas, creo que el caso más notable es Marcel Proust, pero hay muchos, muchos más. El carrete y la bohemia de Miller fueron algo excepcional para los años 20 y 30, además conoció a gente fuera de serie y él mismo, sin proponérselo, fue una persona extraordinaria. Pero la escritura a partir de la propia biografía, casi autobiográfica, es una constante en muchos escritores norteamericanos: Whitman, Thomas Wolfe, Donleavy, Sylvia Plath, las memorias de Gore Vidal y un largo, larguísimo etcétera. Entonces depende de cómo sea esa vida y de cómo se la escriba para que los libros sean buenos, aunque me parece muy atendible que algunas personas encuentren en esto un ejercicio narcisista y egocéntrico.

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Nuvia Jarpa
14/06/2011 12:25
[ N° 6 ]

El concepto de pornografía es una de las cosas más relativas que existen, sobre todo en la época actual. En su tiempo, los libros de Miller, Lawrence, Céline escandalizaron por su franqueza o incluso descaro sexual y hoy no llaman la atención a nadie por eso.Cuando yo era joven, existía una censura cinematográfica muy exigente, llegaba hasta mayores de 21 años, e incluso se podía prohibir la exhibición de películas. Eso no fue hace tanto tiempo y miren lo que pasa ahora: si yo veo que una película es para mayores de 18, casi dejo de ir, no solo por el latoso y cansador sexo explícito, sino por la violencia extrema,q ue ha llegado a niveles inimaginables. Miller, en todo caso, pudo haber sido machista, pero hay que considerar la época en que vivió, porque sus ideales de libertad, desautorización de las instituciones vigentes, retorno a la naturleza y el resto, siguen más vigentes que nunca.

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Sergio Rojas Fernández
14/06/2011 13:44
[ N° 7 ]

Eso de considear machistas a los escritores porque escriben sobre las relaciones sexuales a partir de una mirada masculina, sobre todo una mirada de hace 50 o 70 años, me parece excesivo. Las mujeres también lo hanhecho y nadie les lanza epítetos ni las denigra cada vez que dicen lo que se les ocurre.

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Ulises Gomez
14/06/2011 20:22
[ N° 8 ]

Eso de comparar a Miller con Bukowski, Nº 2, es común y corriente, pero algo desacertado. Mientras Miller escribió muy bien, en un estilo vicerla, realista, peroprofundamente poético, Bokowski se refociló en los urinarios, las alcantarillas, la mugre, la borrachera, la insatisfacción satisfecha, valga la paradoja, la postura, real en su caso, de no soportar a nadie e insultar a todo el mundo, con el resultado de que todas sus obras son parecidas o iguales, un insulto miserabilista continuo y francamente agotador.

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Paula Vega
15/06/2011 18:40
[ N° 9 ]

Creo que Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio son dos grandes novelas dos clásicos, y creo que no exagero si digo que me parecen dos imperdibles del siglo XX. En su época, pueden haber sido libros crudos, fuertes, muy eróticos, pero hoy día casi son para leerlos en el kindergarten.

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Leo Campos
15/06/2011 20:46
[ N° 10 ]

Leí los Tr´pociso hace mucho tiempo, pero también mucho tiempo después que se publicaron, de modoq ue no sufrí un mayor efecto escandalizador por su franqueza sexual y su carácter tan libidinoso, pero divertido y muy simpático, ilustrador de una vida heroica y consecuente. No sé cómo será leer esos libros ahora. Big Sur me pareció un poco latero, mucha contemplación de la naturaleza y bla bla artístico, pero puedo estar equivocado, gracias a esta crítica, lo intentaré leer de nuevo.

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Jorge Camposanto Camposanto
17/06/2011 23:45
[ N° 11 ]

En Chile está el poeta Bertoni quien sin duda es discípulo de Miller y Bukowski. La poesia deBertono, alabada por poetas hombres en Chile, que no creo se estudie en escuelas secundarias, porque es una poesia que ve a la mujer, jiven, como un pedazo de carne desde la mirada de un poeta de 60 y tantos. Miller escribe sobre sexo con una imaginación más sofisticada, aunque realista claro, pero su lenguaje es poético y atrae aal lector por su forma de contar. Miller no es burdo como el poeta chileno Bertoni, nico poeta de este país que trata asi a las mujeres. Por eso ni se estudia en escuela ni liceos ni universidades. Menos en universidades europeas o norteamericanas. Los poemas de Bertoni no se han traducido porque serían denigrantes para mujeres europeas, o de otros países.

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