Pedro Gandolfo
Domingo 03 de Julio de 2011
El amor intelectual

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María Dolz, la “Joven prudente”, lleva una vida rutinaria yendo y viniendo de su casa al trabajo en una editorial. Todos los días desayuna en un café de su barrio y se encuentra allí con un matrimonio de mediana edad que pasan a ser para ella —por su armónica alegría y comunicación— la “pareja perfecta”. Su presencia mañanera le infunde ánimo para iniciar la jornada; nunca les habla, apenas intercambian un par de miradas y unos ligeros saludos: son una aparición gozosa pero ligera en su vida. Un día cualquiera dejan de venir, los echa de menos y espera ansiosa su regreso. Tiempo después se entera horrorizada que el marido de su “pareja perfecta” fue asesinado salvajemente por un mendigo, precisamente, poco más tarde de que ella lo viera por última vez. María, la insólita narradora y protagonista de Los enamoramientos del español Javier Marías, abandona entonces la distancia y se aproxima a la viuda, Luisa, y al mejor amigo del difunto Miguel, Javier Díaz-Pareja, terminando por convertirse en la amante enamorada de éste. Mientras María, de manera muda y contenida ama a Javier, éste ama a Luisa y esta última, a su turno, sigue aferrada al recuerdo de su marido ya muerto. Una conversación escuchada indebidamente revela (a medias) un secreto terrible del que caben varias versiones sin alcanzar a conocer con certeza cuál es la verdadera, introduciendo a María en una nebulosa de temor, incertidumbre y deseo.

El rasgo más sobresaliente de esta novela es lo que podría llamarse una “hipertrofia narrativa”. Relatada en primera persona por María, impacta por el denso carácter artificial, ni masculino ni femenino, de la voz, sumamente escrutadora y especulativa. María cede, a veces de modo directo, la palabra a los personajes o la incluye, de modo indirecto, en su propio discurrir. De cualquier manera, estrictamente limitado respecto de sus conocimientos (cero omnisciencias), el narrador —como en compensación— abunda en divagaciones acerca de lo que otros piensan, quieren o sienten o fantasea sobre lo que pudo haber sucedido o podría llegar a suceder. Se atiene escrupulosamente a los datos ajenos —datos fragmentarios y aislados— aunque se lanza a interpretarlos. No penetra en sus conciencias: no dice “pensó”, sino “podía haber pensado”. María tiene mucho tiempo para observar, conjeturar y anticipar las consecuencias e intentar desentrañar el significado de lo que observa. Uno de los temas de esta novela es, precisamente, la incerteza acerca de la verdad de los pensamientos e intenciones ajenos e, incluso, de los propios, especialmente cuando hay emociones de por medio.

A consecuencia de esta hipertrofia, la acción (siempre importante) pasa a un segundo plano y se agigantan las reflexiones acercando a Los enamoramientos al género de una novela-ensayo o, incluso, de una novela de tesis. Marías tematiza, sobre todo a través de las reflexiones de María o a través de los diálogos de ella con Javier, los conflictos de la novela y anticipa los problemas y objeciones.

El mundo interior de María está amplificado al grado de la imposibilidad. Es como mirar los acaecimientos internos a través de una lupa o lente poderosos. La escritura del autor reconstruye, así, estados de conciencia —que en el fluido real son fugaces y borrosos— con una exactitud y minuciosidad que ningún instrumento de medición sicológica puede lograr.

Una de las técnicas empleadas a menudo es enlentecimiento de la temporalidad del relato. Entre una pregunta y su respuesta, por ejemplo, intercala reflexiones extensísimas que introducen deliberadamente un ritmo calmo, diferente del tiempo mental real, pero que da espacio a aquella amplificación narrativa.

El autor, además, opta por una simplificación de la historia a cambio de una profundización de la misma. La trata como si fuera modelo científico, elimina variables y personajes, pero los profundiza y trabaja, presionando sobre sus elementos y conflictos. A diferencia de la realidad en que hay muchas variables, historias y componentes que se entreveran, acá son pocas, combinadas con simpleza, elaboradas y expuestas con demora en todas sus dimensiones, alcanzando así una suerte de hiperrealismo.

El esquema estructural y temático de la novela pasa por la dicotomía —abordada con inteligencia en el texto— entre la presencia (fantasmal) del pasado y de los personas muertas amadas versus el derecho de los vivos y la fuerza (casi) violenta del presente. La nobleza del enamoramiento de María Dolz reside en su renuncia a aferrar al ser amado y a atribuirse el derecho a castigar a los vivos, “grabando a fuego la insignia del delito”.

La novela de Javier Marías, por el carácter en extremo intelectualizado del narrador , diálogos y referencias y por esa ralentización del “tempo” narrativo, proyecta una congelamiento de las emociones, una distante frialdad en el “pathos” que apuesta, de manera brillante, por un “antisentimentalismo radical” en el enfoque del conflicto sentimental por excelencia.


2 Comentarios publicados
Posteado por:
Beatriz García - Huidobro M.
04/07/2011 09:32
[ N° 1 ]

Sus columnas son siempre muy interesantes, bien construidas y escoge textos que están dentro de un parámetro de calidad y sensibilidad, lo que acaba siendo muy orientador.

Posteado por:
Gladys Gutiérrez Fernández
06/07/2011 12:09
[ N° 2 ]

Estimado Sr. Gandolfo. No he leído la novela que critica, pero dado su comentario quedé muy informada de su contenido.
Felicitaciones por su elocuencia y amplia mirada para hacer sus análisis.

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