Camilo Marks
Domingo 17 de Julio de 2011
La muerte del autor


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E l hombre sin acción (Forja, 2011, 189 páginas, $9.260), de Francisco Díaz Klaassen (1984) es su segundo libro y viene precedido por la Antología del nuevo cuento chileno (2009). Cristóbal Block, protagonista de la ficción, es, a todas luces, alter ego de Díaz Klaassen y si no llega a poseer sus mismos rasgos físicos -por lo demás, nadie tiene cuerpo en esta fantasmal novela-, las cosas que hace, la vida que lleva, todo lo que expresa parece corresponder a lo que piensa, dice y hace este joven autor. Por fortuna, él sigue entre nosotros, a diferencia de Cristóbal, quien muere a los 28 años. No estamos adelantando el final, ya que en el primer capítulo Carmen le expresa a Ramón, padre de Irina, otra muchacha fallecida, que su esposo Wilhelm no vino al funeral del hijo de ambos.

Así, aparte de ser un relato desembozadamente autobiográfico, El hombre... es también la crónica de varias existencias paralelas, unidas y a la vez separadas por las intensas preocupaciones vitales, literarias, estéticas y de todo orden que acechan a Cristóbal. El texto se construye en dos escenarios que discurren por vías separadas y en lugares geográficos distintos, incluso con un lenguaje diverso, el castellano peninsular y el dialecto chileno más o menos culto. Carmen y Ramón hablan en una extensa conversación, con la que comienza y termina la novela. Un idioma íntimo, con frecuentes interpelaciones, ora convulso, ora sereno, corresponde a la primera persona, interpretada por Cristóbal. Para marcar las disparidades, Díaz Klaassen usa letras cursivas en los largos parlamentos de Carmen y caracteres normales en las disquisiciones y reminiscencias de Cristóbal. El procedimiento no es nuevo, pero resulta útil al lector para seguir meandros que, de otra forma, se podrían haber disparado en abstrusas lucubraciones. Y el pretexto para dar la voz a Cristóbal tampoco es original, si bien cumple con el objetivo de convertirlo en expositor de su propio yo cada vez que su creador lo estime conveniente. Ramón roba el diario del difunto en un descuido de Carmen y así podemos entrar en su intimidad. Todo esto puede sonar a artificio fácil; sin embargo, El hombre... expone ambigüedades y una cuota de sorpresas, por lo que pese a ciertos ripios, su lectura es valiosa.

Lo más interesante se halla en la parte decididamente memorialista. Esta contiene pasajes inevitables: la primera vez que besé a una mujer, la primera vez que me masturbé, la primera infidelidad. Con todo, las definiciones de Cristóbal con respecto a su futuro oficio constituyen el paradigma definitorio de este extraño texto: "Un tal Díaz Klaassen me dijo una vez que los libros y la literatura estaban al borde de su destrucción", para añadir: "Me volví escritor. Me volví inmortal. El único problema con este tipo de inmortalidad es que necesita de terceros que la validen, de una audiencia que baje o suba el pulgar ante lo que se le presenta a sus ojos". En busca de esa validación, Cristóbal acude, literalmente, a todas las editoriales que funcionan en Chile -ni la que publicó a Díaz Klaassen es omitida de la lista- y recibe, en cada caso, sendas respuestas que cortésmente declinan la impresión de sus manuscritos. Se declara, entonces, un escritor fracasado. Alrededor de esta figura giran las digresiones de El hombre... . Algunas son francamente ingenuas o bien derivan hacia consideraciones éticas, políticas o sociales más bien genéricas. No obstante, la idea del fracaso como algo ineluctable, algo radical, un veneno que instila la misma actividad de escribir, de escribir por escribir, sabiendo que no se será leído, conocido, comprendido, es un elemento perturbador, chocante, a ratos genuinamente patético y desgarrador y ese elemento viciado, cruel, permea la escritura del volumen: "A veces me pregunto si ser un hombre derrotado conlleva el conocimiento de esa derrota. Lo que Thomas Mann llamaba la esencia del artista". Mucho antes, su novia Emilia había hecho pedazos lo que conocíamos de la ficción que, no por casualidad, lleva el mismo nombre que ésta, calificándola de parodia, pastiche, inepcia, una fábula incomprensible, repleta de cabos sueltos: "Tienes que contar algo, algo que valga la pena escuchar: contar historias, con tramas interesantes, y luego cerrarlas".

El hombre... , como se ve, plantea dilemas sin resolver en la novelística del presente. Y aun cuando se aproxima demasiado al ensayo, en las justificadas palabras de Cristóbal reside su mérito: lo que no se dice es preferible a aquello que se ve en el papel.

7 Comentarios publicados
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ingrid maria victoria lara leon
17/07/2011 19:36
[ N° 1 ]

como se puede ver a la larga con detalles, disfraces,subterfugios, lo que sea, toda novela es autobiografica, en el fondo, pero no muy en el fondo.Para ser la 2 | novela es novedosa. Ingrid.

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Germán Tapia
17/07/2011 22:24
[ N° 2 ]

El tema de los manuscritos sin publicar o de los autores y autoras que tienen que lidiar con las empresas editoriales, esos engendros mayúsculos del sistema neoliberal, puede ser tratado de forma humorística o bien patética en la novela de Díaz Klaassen, no lo sé, porque no le he leído y no me dan muchas ganas de leerla después de leer esta crítica. Pero es un hecho cierto, y muy conocido, que hoy en día muchos escritores que hacen interminables listas y finals de espera en las editoriales, y que tienen muchísimo más talento que el de autores que se publican y que ocupan los primeros lugares en los ránkings de libros más vendidos porque el público chileno ha caído en la necedd, la insensatez, la comodidad absurda de leer a los mismos de siempre, con las recetas de siempre, torpes, mal armadas, mal planteadas, predigeridas. Entonces, debe ser muy difícil, debe ser muy triste y desilusioannte ser escritor hoy en Chile, sobre todo ser escritor joven, con ambición y legítimos deseos de reconocimiento, su vida tiene que ser no precisamente un camino de rosas, sino una lucha cuesta arriba por logrr siquiera un mínimo grado de reconocimiento. Y no hablemos de esos absurdos premios, los estatales son un negociado armado entre cuatro paredes, los otros ya no sirven ni como estímulo. Entonces, lo que dice el crítico acerca del fracaso como algo inevitable, una fatalidad que se cierne sobre los escritores de ficciones, es lo que más valoro de su reseña, porque refleja la verdad de lo que son la literatura y el libro en Chile.

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Elena Latlippe
18/07/2011 11:27
[ N° 3 ]

Creo que es un poco presuntuoso decir que una novela, de un autor extremadamente joven, representa la verdad de lo que son la literatura y el libro en Chile.

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Nuvia Jarpa
19/07/2011 01:21
[ N° 4 ]

La inmensa mayoría de los autores jamas tienen reconocimiento por sus obras o este les tarda mucho en llegar. Así que ánimo Sr. Díaz Kaassen.

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Ernesto Parra
20/07/2011 01:17
[ N° 5 ]

La vida es un fracaso, la literatura es un fracaso, todo es un fracaso, y contar historias interesantes para la gente es algo que deben hacer muy bien Isabel Allende y Cía., ya que inevitablemnte están en los primeros lugares de ventas. Al resto no lo lee nadie, sobre todo en Chile, donde lo único que se lee son libros de autoayuda, copuchas mediáticas o bestsellers prefabricados. Por suerte, hay gente que sigue escribiendo y lo hace bien o al menos en forma decente, y trde o temprano termina por imponerse o leerse.

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Ulises Gomez
20/07/2011 18:03
[ N° 6 ]

Felicito a Ernesto Parra, Nº 5, por su optimismo. Creo que el libro y la literatura están desapareciendo, sobre todo en Chile, donde nadie lee ni siquiera los textos escolares, pues lo únicoque hacen es bajar resúmenes de la internet, sin darse el mínoimo trabajo de leer 200 páginas, menos aún obras de peso como el Quijote o Coronación. Es una lástima, pero es así y creo que ya no tiene vuelta.

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Margarita Fernandez
21/07/2011 12:57
[ N° 7 ]

Germán Tapia, Nº 2, a quien siempre es un agrado leerlo por lo inteligente y porque se aparta del terremo puramente literario para adentrarse en la política cada vez que comenta estas críticas, se compadece y lamenta la situación de los escritores que hacen antesala en las editoriales y que nunca o casi nunca son publicados. Sin embargo, vivimos en un país muy alejando de los grandes centros culturales y de los centros de consumo, así que me pregunto sómo será la situación de los escritores en Europa o Estados Unidos. No olvidemos que John Kennedy O'Toole se suicidó porque no aceptaron nunca el manuscrito de La conjura de los necios, que después fue considerada una obra maestra.

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