Camilo Marks
Domingo 21 de Agosto de 2011
Schopenhauer en el ropero


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"Cuando me levanto en la mañana y miro mi rostro, me parezco mucho a Schopenhauer. Tal vez por esta identificación espontánea me enamoré tanto, una vez, de su ira y laxitud, de su incredulidad e ironía sin límites. El aliento añejo y húmedo de la mañana es la esencia del alma que rige a Schopenhauer: define, caracteriza en forma implacable, cada mirada, cada detalle, hasta el final de la noche. Cuando se estudia filosofía de la manera como la estudié yo, el concepto de carrera resulta ridículo. Así hablando, resulta lógico, obvio, que decidiera dejar en el vacío el título de filósofo e indagar en un infierno más cercano a las personas, al olor a parafina y tierra: la publicidad".

Quien así reflexiona es Alex Barco, protagonista de El hombre blando (Editorial Desatanudos, 137 páginas, $7.000), segunda novela de Gregory Cohen; vale la pena recalcar que tales especulaciones provienen tras un encierro tan claustrofóbico como el que produciría estar metido dentro de un ropero. El mercenario ad honorem , su título anterior, data de 1993 y seguramente el autor dejó pasar casi 20 años sin incursionar en el género prosístico mayor porque, entre varias otras ocupaciones, es docente universitario, director de cine, actor, poeta y, sobre todo, dramaturgo.

La cercanía, mejor dicho la intimidad de Cohen con el teatro se nota desde el comienzo hasta el final del escueto, denso, curioso relato que es El hombre blando : los diálogos impulsan la acción, que de otra manera sería casi inexistente, los diálogos definen a los personajes, que de lo contrario podrían ser nombres difusos, los diálogos, en fin, parecen ilustrar un drama en esencia fantasmal. A veces sólo faltan apuntes o direcciones a los escasos actores para hacernos creer que estamos ante una puesta en escena dramática.

Esto pudo haber sido un inconveniente, pero Cohen, que escribe bien, es inteligente y conoce su oficio, lo transforma en ventaja. Un día cualquiera, camino al trabajo, Alex se detiene en el quiosco de la esquina, lee el titular de un diario, se entera de un quíntuple homicidio, compra el tabloide y su sorpresa es enorme cuando comprueba que la foto del criminal corresponde a él mismo. Sin tener idea cómo, sin sospechar siquiera nada acerca de los hechos, Alex descubre que ha dado muerte a su mujer y a sus cuatro hijos.

De ahí en adelante las cosas se complican tanto que, de la pasiva y apacible vida que llevaba como ejecutivo de una firma publicitaria, pasa a sumergirse en una especie de existencia flotante que es, a la vez, pesadilla, alucinación onírica o quizá el transcurso de hechos paralelos, que él no puede controlar y que tampoco pueden explicárselos quienes toman parte en esta espectral trama.

Ellos son, en orden de aparición, el inspector de policía Lucio Canaro -más tarde asociado por el apellido con el famoso director de orquesta de tangos Francisco Canaro-; Julia, la suegra, que se llama igual que la occisa, y Brigitte, empleada de Julia, quien se autodenomina Pajarita en sus conversaciones con Alex. En esos fragmentos, los más dilatados del volumen, la asesora del hogar le expone al héroe sus estrambóticas teorías acerca del ángel caído o churgo, "personas que miran no sólo hacia afuera sino también hacia adentro".

La participación de Canaro es escasa y se limita a interrogar al sospechoso, tomar sus datos y examinar el domicilio, verificando que toda la familia ha desaparecido sin dejar rastros. Poco después, Alex halla un periódico de 1958, con idéntica información sobre los asesinatos que se le imputan. Esto posiblemente significa que un periodista, falto de noticias, pudo replicar esos acontecimientos remotos y, sin más, atribuírselos a él.

Julia, psicóloga de profesión, decide actuar manu militari y secuestra en su casa a Alex quien, en lo sucesivo, será atendido por Brigitte o Pajarita. El publicista engordará hasta lo indecible -gentileza de las dos damas a su cargo-, se deteriorará, se descompondrá hasta límites irreconocibles.

El hombre blando no es ni debe tomarse como narración policial. Carece de suspenso, los rasgos psicológicos son mínimos, la historia avanza o retrocede en una suerte de presente perpetuo, por lo que más bien es el reflejo de estados de ánimo: perplejidad, dolor, incredulidad, rabia y otras manifestaciones de la psique.

Frente a un diseño literario bien construido como éste, da lo mismo catalogarlo en tal o cual categoría, si bien le cuadra bastante la de ficción existencial. Y Cohen ha superado con holgura su primer trabajo novelístico.

10 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
21/08/2011 22:51
[ N° 1 ]

Me parece muy bueno el libro de Cohen.El tema muy novedoso, sale de comun entre las obras literarias actuales. Es muy de tono existencialista, lo que muy novedoso ya que no es el trdicional thriller.Ingrid Lara

Posteado por:
Germán Tapia
22/08/2011 00:34
[ N° 2 ]

Arturo Schopenhauer tuvo una influencia decisiva en el romanticismo tardío y en los movimientos artísitocs de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El caso más destacado fue Ricardo Wagner. Se ha dicho, con razón, que si Schopehauer no hubiera escrito El mundo como voluntad y representación, con su profundo nihilismo, su pesimismo recalcitrante, su visión de la vida como fracaso predeterminado, predestinado, preordenado, de la convivencia humana como un ciclo de desastres y catástrofes, Wagner tampoco habría compuesto Tristán e Isolda, su obra maestra. En la ópera están presentes todos los temas de Schopenhauer pasados por el cedazo del cromatismo wagneriano: el amor que nunc apuede realizarse y que solo es posible cumplir después de la muerte, el anhelo humano vacío de toda esperanza, la radical inutilodad de los esfuerzos humanos, en concreto los esfuerzos relacioandos con el Eros, la preeminencia de Thanatos en todo lo que hacemos, la voluntad y el deseo de morir para trascender tal vez improbablemente en el otro, toda la absurdidad, el bullicio, la inútil vacuidad de la existencia humana, tanto en el plano individual como en el social. La incredulidad e ironía sin límites de Schopehauer, a que hace alusión esta crítica en la cita de la novela de Gregory Cohen que transcribe, son la esencial del modo de pensar de un filósofo que hoy no es cómodo, es cada vez más políticamente incorrecto y paradojalmente cada vez más actual frente al sinsentido del mundo y la sociedad de hoy.

Posteado por:
Josefa Cernadas
23/08/2011 02:23
[ N° 3 ]

Encuentro fantástico disertar sobre Schopenhauer en una novela que apenas debe citarlo y que de seguro el crítico aprovechó para hacer un buen título de su columna.

Posteado por:
Ulises Gomez
23/08/2011 13:09
[ N° 4 ]

Yo ubicaba a Gregory Cohen solo como dramaturgo y cineasta, no tenía la más remota idea de que también es novelista. ¿No hay un dejo de ironía en todas las ocupaciones que Camilo Marks señala como esas a las que Cohen se ha dedicado, como diciendo, tal vez, que no se puede hacer de todo en la vida?

Posteado por:
Leo Campos
23/08/2011 14:57
[ N° 5 ]

Coincido plenamente con Ingrid Lara, Nº 1, en que, para variar, es interesante y atractiva una novela que pueda calificarse de existencialista, como las de Camus y Sartre, obras comprometidas cn su tiempo, a diferencia de esas novelas predigeridas, anodinas, insípidas que son la mayoría de lo que hoy se publica en Chile.

Posteado por:
Sergio Rojas Fernández
23/08/2011 19:48
[ N° 6 ]

Sí, la novela parece interesante a juzgar por todos los comentarios que aquí se han hecho y también por la crítica misma, que sin decir que es densa o pesada, la trata como si fuera de verdad una obra valiosa, algo cada vez menos frecuente en el panorama narrativo chileno.

Posteado por:
Iván Godoy
23/08/2011 21:02
[ N° 7 ]

Yo no encontré ninguan forma de ironía a referirse que Gregory Cohen ha sido muchas cosas, además de novelista esporádico. Todos los escritores, salvo muy, muy pcoos, tiene que hacer miles de oficios para poder ganarse la vida, en Chile, con escasísimas excepciones, si es que las hay, no creo que haya novelistas que vivan de lo que escriben.

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Francisco Fernandez
24/08/2011 17:20
[ N° 8 ]

Con Schopenhauer o sin Schopenhauer, parece que es un buen libro. Ahora, si a mí me resument en una ovela a todo Schopenhauer, Nietszche, Hegel, Kant o Marx y además es una buena novela, lo agradezco el doble.

Posteado por:
Claudio Hernandez
24/08/2011 23:05
[ N° 9 ]

Las mejores novelas que resumen a filósofos, psicólogos, pensadores, hechos históricos, situaciones culturales, lo que sea, son las buenas novelas policiales clásicas. Creo que para saber algunas cosas del antigio Egipto, Agatha Christie es insuperable.

Posteado por:
Elena Latlippe
27/08/2011 03:02
[ N° 10 ]

Me parece muy, pero muy exagerado darle tanta importancia a Agatha Christie, sin duda una escritora de entretención talentosa, pero de ahí a decir que lo más que uno puede aprender de Egipto es leyéndola a ella es como mucho. Creo que mucho, muchísimo más se aprende de la genial tetralogía José y sus hermanos, de Thomas Mann.

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