

Con El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) plantea al lector un ejercicio narrativo que enlaza varios hilos y los desata con eficacia y agilidad.
El protagonista y narrador regresa a Argentina porque su padre agoniza en el hospital. Este acontecimiento -la proximidad de la muerte de aquél- detona en el narrador una secuencia de preguntas acerca de la relación con su padre, la identidad de éste y su familia y su propia identidad. Mientras vela junto al progenitor inconsciente, el hijo -un joven escritor- descubre que su padre ha estado investigando la desaparición y muerte de Alberto Burdisso (en junio del 2008), que quizás se vincule con la desaparición de su hermana Alicia Burdisso, en 1977, durante la dictadura.
La estructura de la novela -hábilmente urdida en torno a capítulos breves de distinta extensión- inserta unas en otras una serie de simétricas "desapariciones" y "búsquedas" en un espiral que tiende hacia una epifanía y apaciguamiento final. La primera (y quizás más importante de aquellas) es la búsqueda de la infancia y la juventud olvidadas o escasamente recordadas por el protagonista (la desaparición de su padre, del hogar y de una época), luego la búsqueda de los "desaparecidos" Alberto Burdisso y de su hermana Alicia (la desaparición de la patria) y, finalmente, la búsqueda -y el cuestionamiento- permanente de los medios y posibilidades idóneas para narrar esta historia.
El narrador -que sobre todo en la primera parte está muy bien construido- oscila entre una atractiva modalidad de "narrador poco confiable" con gruesas lagunas en su memoria, medio confuso a causa de una medicación agresiva de orden siquiátrico (en la primera parte), el autor -o mensajero- de una acuciosa investigación policial en el tono de una crónica roja (en la segunda parte) y un brioso narrador que -una vez superado el bloqueo amnésico- afina cuentas con su pasado, el de su familia y de su patria (en la tercera).
La aplicación de técnicas narrativas provenientes del reportaje periodístico -el expediente Burdisso, la sección más extensa de la novela- está muy lograda, aunque se prolonga en exceso y llega, por momentos, a resultar reiterativa. Con todo, esa "latitud" sirve de contraste con la brevedad acerca de la desaparición de Alicia Burdisso, una desaparición en un pozo más profundo y cuyos vestigios y responsables son más difíciles de reconstruir y perseguir.
El empleo de las técnicas periodísticas, con todas sus huellas a la vista, importa un esfuerzo importante de Pron por vencer la incredulidad del lector. El escritor rosarino se toma con rigurosa seriedad el precepto de Coleridge y recurre a una gran gama de elementos para ganarse al lector acerca de la "verdad de los hechos" narrados, entre cuyas estrategias pueden mencionarse la honestidad del narrador -inestable y confuso pero vital-, el uso de las ya referidas técnicas tomadas a préstamo de la crónica periodística y un muy explícito epílogo donde señala: "Los hechos narrados en este libro son principalmente verdaderos, algunos productos de las necesidades del relato de ficción, cuyas reglas son diferentes de las de géneros como el testimonio y la autobiografía; en ese sentido me gustaría mencionar aquí lo que dijera en cierta ocasión el escritor español Antonio Muñoz Molina, a modo de recordatorio y advertencia: 'Una gota de ficción tiñe todo de ficción'". Pron (o el narrador, mejor dicho) señala enseguida que su mismo padre revisó el manuscrito de esta novela y que el lector puede informarse de sus comentarios en un sitio de internet a cuyo "link" remite, reforzando la credibilidad del autor y del relato.
Este afán de verosimilitud constriñe sanamente las posibilidades de lectura porque obliga a urdir una interpretación del texto que lo abre a las circunstancias personales del autor y a las circunstancias culturales y políticas de Argentina. Las preguntas acerca de la responsabilidad de los padres y abuelos en los terrores y miedos de las generaciones presentes, de la oportunidad y conveniencia de hurgar en el pasado personal e histórico y acerca de las dificultades de narrar una tragedia colectiva dejando emerger progresivamente las tragedias individuales, planean, interceptan e impulsan el relato de Pron y mueven al lector a desbordarse fuera del texto sin perder contacto con él.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia parece intentar recoger demasiados hilos y afrontar sucesivamente un complejo registro de emociones, hechos y reflexiones respecto de los cuales el autor no siempre se da el tiempo y el espacio suficientes para desplegar con la esperada profundidad. Sin perder, en ningún momento, coherencia e ilación, el relato parece, no obstante, deslizarse acumulativamente por los personajes mediante una prosa austera y exenta de sentimentalismo.
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