

Camilo Marks
Una belleza vulgar, es la sexta novela de Damián Tabarovsky, uno de los escritores más representativos de la narrativa argentina actual, uno de los mejor acogidos por la crítica de su país y, además, un prosista cuya obra ha sido traducida a numerosos idiomas. En el libro que comentamos, Tabarovsky trata de hacer realidad el deseo imposible de Flaubert: una novela sin argumento. Pero, de todas formas, perfectamente argumentada. En este caso, el protagonismo corresponde a un objeto del reino vegetal que es testigo ajeno, imparcial y precario de unas vidas sin argumento que tratan de encontrar sentido y razón a sus existencias banales, insignificantes, predecibles, si bien resultan, paradójicamente, libres, sueltas, aleatorias. Aquí, Flaubert se da la mano con Mallarmé, quizá uno de los poetas más radicales de todos los tiempos, al haber querido elaborar poemas sin comunicación material; es decir, sin mensaje o contenido que no estuviese dado por la conformación y sonido de las mismas palabras. Y Tabarovsky intenta una novela sobre la desaparición de cualquier centro de gravedad posible en historias secretas, leves, transparentes, anodinas, que esconden su singular peso específico.
Por cierto, Tabarovsky no está inventando nada muy novedoso: hace una generación, Butor, Robbe-Grillet, Simon o Nathalie Sarraute emprendieron una tarea parecida con el nouveau roman francés. Una belleza... nos describe, en 146 páginas, la caída de una hoja de un plátano en cierta cuadra de una determinada calle de Buenos Aires, durante un día específico y a lo largo de varias horas de esa jornada.
El lector dejaría el libro a los pocos minutos si Tabarovsky sólo se limitara a contarnos qué es lo qué pasa con la dichosa hojita, llenando una tras otra carilla para relatar sus gráciles aventuras. No hay tal. El vuelo impredecible de ese juguete del viento asiste a dramáticas transformaciones urbanas, a múltiples desplazamientos humanos, a crisis políticas, económicas o sociales; en fin, a un sinnúmero de acontecimientos que han marcado y continuarán marcando a la megalópolis sudamericana por un largo tiempo.
Los hechos ocurren en la calle Thames -no se llama así por el río Támesis, sino por un oscuro funcionario inglés-, en el barrio de Palermo, dentro de un sector que conoció una época dorada y ahora es víctima de la atroz decadencia que sufre la mayoría de nuestras ciudades. De haber sido una vía empedrada, con casas señoriales y neoclásicas, ha pasado a ser una arteria sin carácter, colapsada por el tráfico, sujeta a inundaciones, saturada de basura o desechos arrojados por los transeúntes. Solamente subsisten los añosos árboles plantados a fines del siglo XIX, mudos testimonios de un pasado que desapareció para siempre. Una belleza... es la crónica de esos avatares y de quienes intervienen directamente en el actual diseño caótico, absurdo, de algo que fue centro habitacional y hoy es cualquier cosa: empresas inmobiliarias, compañías de servicios públicos, firmas transnacionales, pequeños y grandes comercios.
Como no se puede construir una novela únicamente en base a la historia de los edificios de una pequeña avenida alejada del centro, Tabarovsky intercala, en medio de las torres en altura y el ruido de las maquinarias, minibiografías de habitantes sin importancia, que, sin embargo, insuflan carácter a un vecindario que ya lo perdió. Un departamento elegante es ocupado por Raúl Segrei, quien quiso ser policía y terminó como encargado de un conglomerado que vende tecnología de la información. Alberto Ruiz es portero, se pregunta si su trabajo es un servicio y comparte habitación con su mujer y dos hijos. Luciana Bata, egresada de letras, es una joven brillante que hace reseñas para una revista digital; tiene ante sí una pésima narración sobre una receta de cocina que contiene una poción mágica, pero inhallable, pues en ella se encuentra el secreto del amor. En la esquina, el local de pizzas con venta a domicilio es dirigido por Ernesto Suárez. Sandra Galeano, veterinaria, acaba de volver de una reunión de ex compañeros de escuela primaria, recordando lo que se habló en la velada.
Y hay muchas otras crónicas semejantes que transcurren entre los cables de electricidad, las fachadas, los quioscos, en "la materialidad de un día cualquiera, del viento que sopla, en el exceso de la urbe, del estuario del Río de la Plata, del desierto de la pampa". Una belleza... es un texto incómodo, inquietante, para lectores insatisfechos y nada de vulgares.
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 28/08/2011 19:54 [ N° 1 ] |
este libro demuestra el buen pie en el cual esta la narrativa argentina. Con un tema "minimizado", es increible lo que se puede decir y transformar una obra en una buena novela. Tomar coo tema una hojita demuestra la exelencia de Tabarovsky como escritor.A veces al tratar de sobresalir con un mensaje sobresaliente se desbarata la obra. Ingrid |
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Posteado por: Germán Tapia 28/08/2011 23:54 [ N° 2 ] |
Las ciudades latinoamericanas han sido virtualmente destruidas, aniquiladas, despedazadas con el modelo neoliberal y ninguna se ha salvado, ni las gloriosas y cimeras Méxixo, Guadalajara, Rio de Janeiro, Bogotá, Cartagena de Indias, Lima, hasta las medianas, como Montevideo o mediocres y banales, como Santiago. El paisaje urbano de nuestra cpaital es uno de los ma´s desolados y desoladores del mundo, esos horrendos edificos nuevos para repoblar el centro y que luego, muy luego van a ser una ruina, el cerro Santa Lucía cubieto de torres feísimas, impersonales, imitativas, el San Cristóbal, próximo a ser devorado por edificios y más edificios, de modo que tampoco va a ser posible verlo desde ninguna parte, la fealdad y monstruosidad increíbles de las autopistas, los malls, la modernidad, ¿es posible imaginar algo peor? Antes, por lo menos, teníamos la gracia de la sobriedad y falta de pretensiones, ahora somos uno de los lugares más abominables del planeta. ¿Hay algo peor que los arquitectos chilenos? Nada o tal vez solo las compañías inmobiliarias, las empresas constructoras,los atroces depredadores del espacio natural, que crean fealdad más fealdad, horror más horror y todo el mundo feliz y contento. |
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Posteado por: Nuvia Jarpa 29/08/2011 17:39 [ N° 3 ] |
Estoy 100% de acuerdo con lo que dice Ingrid Lara en el Nº 1, me parece, además, inteligentísimo. En lugar de tocar temas pomposos, grandiosos, retumbantes, a veces las cosas más banales pueden dar lugar a obras mucho más interesantes, porque en cuanto a lo enorme, desproporcionado, desmesurado, me parece que ya está todo dicho. |
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Posteado por: Francisco Fernandez 29/08/2011 17:48 [ N° 4 ] |
Eso de la decadencia urbana, sobre todo en las ciudades del Tercer Mundo como la capital de nuestro país, que es tercermundista, subdesarrollado, atrasado, pobre, pobrísimo por donde lo miren, es tema de nunca acabar. Aquí nunca, pero nucna jama´s se ha respetdo el patrimonio cultrual, entonces no esperemos ahora que se respete la arquitectura, el diseño de las calles, las áreas verdes, nada de nada, lo imortante es el lucro, la destrucción, la aniquilación del medio ambiente, la conversión de la ciudad en una selva peligrosa, espantosa y peor que cualquier lugar habitable. |
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Posteado por: Ulises Gomez 29/08/2011 21:42 [ N° 5 ] |
A mí me parece curioso, en todo caso, que una novela que tenga como protagonista a una hojita que la hace volar el viento sea muy buena y si, tal como dice el crítico, eso no haría que nadie aguante más de dos páginas, entonces tienen que rellenar la historia con anécdotas, ahí lo encuentro muy dudoso. |
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Posteado por: marcelo lopez garcia 30/08/2011 00:42 [ N° 6 ] |
Dentro de las referencias a Flaubert |
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Posteado por: Elena Latlippe 30/08/2011 19:22 [ N° 7 ] |
La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, tiene, según recuerdo, como 600 páginas, está calificada como una de las grandes novelas de la segunda mitad del siglo pasado y la de Tabarovsky, por lo que nos informa Camilo Marks, tiene menos ded 150 páginas. La cantidad no siempre hace la calidad, aunque en algunos casos creo que sí existe una relación. |
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Posteado por: Leo Campos 31/08/2011 20:10 [ N° 8 ] |
A mí este libro me da la misma impresión que a Ulises Gómenz, Nº 5, debe ser algo muy fútil e insignificante, tal vez bien escrito, pero las aventuras de una hoja que vuela con el viento no me parecen el tema más atractivo para una novela. |
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Posteado por: Ernesto Parra 01/09/2011 01:04 [ N° 9 ] |
Me parecen muy pertinentes, aunque puedan estar fuera de un contexto estrictamente literario, las palbras de Germán Tapia sobre la decadencia urbana de las metróplis sudamericanas, y tercermundistas en general. Hace 50 años, los grandes espacios urbanos correspondían a las ciudades de países desarrolados, Norteamércia y Europa y hoy ocupan, sin excepción, vastísimas extensiones de lospaíses pobres y los más pobres del mundo, destruyendo la armonía natural, el equilibrio ecológico, el espacio vital, contaminando todo, desde el agua y el aure que respiramos, hasta la vida misma y todas sus formas. Porque la ciudad, y en concreto la ciudad tercermundista es, hoy, sin duda, el infierno en la tierra y el peor infierno imaginable . En 50 años más, será la selva de la depredación, la escasez, la miseria, el crimen, la violencia, la barbarie salvaje, y ya lo es en muchas partes del mundo. |
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Posteado por: Jorge Lagos 02/09/2011 01:53 [ N° 10 ] |
Por favor, ¿qué es lo que tiene que ver la sociología urbana con la literatura? |
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