
Ernesto Garratt Viñes Enviado especial
Venecia Las primeras secuencias de "W.E.", el segundo largo de ficción dirigido por Madonna -que se mostró ayer fuera de concurso-, resultan una profecía de lo que vendrá. Sin demasiadas sutilezas, la Madonna directora muestra dos relatos que irán en paralelo desde ese primer momento y con dos protagonistas mujeres: en el Londres de 1998, Abbie Cornish es Wally Winthrop, una dama de la alta sociedad cuyo marido, un connotado profesional de la salud, la deja plantada en la cena. Y en los años 30, Andrea Riseborough es Wallis Simpson, la futura esposa de Eduardo VIII, y quien es golpeada por su primer marido sin piedad, desnuda en el baño, hasta dejarla sangrando.
Con la caricaturesca idea de la victimización femenina de parte de los hombres, "W.E." tiene todos los andamios para funcionar desde el punto de vista de los recursos técnicos: una ostentosa ambientación de la aristocracia británica en los años 30, dirección de arte apropiada y una nada despreciable fotografía publicitaria. Sin embargo, hay algo que ni el dinero puede comprar: el talento para realizar una riesgosa apuesta como esta, con dos historias que se entrelazan sin pericia narrativa. El personaje de Wally Winthrop, creado por Madonna y sus guionistas, es una mujer obsesionada con la vida y escándalos de Wallis Simpson, una mujer que según la película es una víctima del amor que protagonizó un escándalo mayor por seguir su corazón. Y según Madonna, ayer en la rueda de prensa, el filme trata de "la lucha por los sentimientos verdaderos". Hay buenas actuaciones de parte de los siempre solventes Riseborough y James D'Arcy (Eduardo VIII), en los segmentos del pasado, cuando ellos viven el romance de cara al escándalo que significaba abdicar a la corona para casarse con una norteamericana, plebeya y divorciada.
Pero eso no basta para convertir esta ambiciosa película en un producto de calidad. "Esto es una historia de amor y no se pueden evitar los clichés de lo que es estar enamorado", decía Madonna. Y, la verdad, es que sin esquivar cliché alguno "W.E." se deja ver si uno la asume como una pieza muy menor.
Corín Tellado de altísimo presupuesto, "W.E." es un producto coherente de quien viene: una reina de la música pop que sabe escribir buenos estribillos. Pero cuando se trata de dirigir, no es más que una plebeya del montón detrás de las cámaras. Nada mejor que ese viejo dicho para explicar lo ocurrido acá: pastelero a tus pasteles.
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