

Intenso, arraigado en lo tradicional y a la vez influido por técnicas modernas, Juan Mihovilovich ha incursionado con rigor y seriedad en casi todos los géneros literarios: la poesía (Extraños elementos), el cuento (El clasificador, Restos mortales), la novela (La última condena, El contagio de la locura) y la biografía testimonial (Camus obispo). Si hubiera que definir en pocas palabras un corpus extenso, sin concesiones a la moda ni a dialectos tribales o metalenguajes, a veces difícil y de apariencia intimidatoria, habría que decir que Mihovilovich parece jugarse entero en cada uno de sus libros y, aunque todos ellos sean, a primera vista, parecidos, el lector siempre encontrará hallazgos y se sorprenderá ante historias que retratan los hechos recientes de nuestro pasado, desde perspectivas un tanto lúgubres, si bien nunca con el pesimismo truculento y grandilocuente común a muchos autores de su generación.
Grados de referencia, su último volumen, es quizá la ficción más exigente y desgarrada de Mihovilovich. Contada en primera persona por un protagonista que se dirige a otro interlocutor en la forma educada que en Chile usamos para hablar, esto es, el empleo de “usted” —“Relájese. ¿Le gusta? ¿Se ha percatado cómo una palabra insignificante dicha al pasar puede alterar nuestra vida para siempre?”—, la totalidad del texto está compuesta por la cultivada confesión del hablante. Lejos del monólogo interior, pues se evitan las incoherencias y tanteos orales, sin mayor deuda con el flujo de la conciencia, donde se permite cualquier cosa, ajena al estilo libre indirecto, que objetiva la subjetividad, Grados… es, sin embargo, una curiosa y ardua construcción novelesca. En casi 300 páginas, sin diálogos ni participación de personajes ajenos al narrador, sin un solo punto aparte, en breves capítulos compactos, cuya misma tipografía sugiere densidad, asistimos a un discurso continuo, que sería monótono si no fuera por las distintas inflexiones de quien va exponiendo su vida a un oyente indeterminado. El procedimiento es riesgoso, porque a ratos es inevitable perderse en medio de esta marea verbal. Y también es peligroso, debido a que se presta para interminables digresiones: sobre la literatura, la fama transitoria, la frustración íntima, la incapacidad de ser trascendente, la amistad, la precariedad de la democracia nacional, los problemas gástricos y una infinidad torrencial de temas, algunos interesantes, otros algo prescindibles.
Grados… es un trabajo desembozadamente autobiográfico, aun cuando Mihovilovich se las arregla para disimular e incluso metamorfosear a un héroe que es él mismo. Todos los demás actores —Sergio, Ismael, Luciano, Natalia, Marina Cavieres, alter ego de la inefable Mariana Callejas— son meros nombres, apenas comparsas que acompañan la ruta vital e ideológica de quien resume su existencia en las recientes décadas. Asistimos, entonces, a los años como estudiante de derecho, al matrimonio y la paternidad tempranos, al período del exilio, a la lucha por los derechos humanos básicos, a las etapas de clandestinidad o semiclandestinidad, a la militancia en organizaciones opositoras proscritas, en especial la Izquierda Cristiana, o bajo el alero de la Iglesia, que aquí toman la denominación genérica de Cursillos de Cristiandad. Para ser francos, no eran precisamente asuntos teológicos o de catequesis los que se estudiaban en aquellas sesiones, ya que su amplitud superaba con creces las materias piadosas. Como sea, Grados… contiene la construcción de una personalidad, la evolución de sus gustos poéticos, estéticos, musicales —por ejemplo, al aludir a la gran soprano Jessye Norman—, el desarrollo intelectual del abogado y hombre de letras, en suma, todo lo que ha contribuido a que hoy sea quien ha elegido ser. Al respecto, es reveladora la enumeración de una serie de títulos que el propio Mihovilovich ha editado, con mención de premios y distinciones. Los turbulentos años 80 fueron, sin duda, los más dramáticos y cruciales en la evolución de este copioso novelista.
¿Estamos ante una sucesión de anécdotas egotistas, un ejercicio descomedido en la exhibición del yo? De ninguna manera. No existe la más remota posibilidad de crear textos desprendidos de elementos biográficos y que no reflejen nuestro tránsito por el mundo. Si el autor peca de ingenuidad y cae en excesos retóricos, ellos se compensan mediante la pintura cálida de una época en torno a la cual nada definitivo se ha dicho.
Grados de referencia
Juan Mihovilovich
LOM Ediciones, 2011, Santiago, 277 páginas, $8.900
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 04/09/2011 22:55 [ N° 1 ] |
Siempre constituye una alegria saber de un exelente escritor y poeta, Jua Mihovilovic, admas de contemporaneo en la Universidad. Exelente Juez y Escritor.Talvez en esta obra peque de ser demasiada autobiografica, aunque se trate de disimularlo, Ingrid |
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Posteado por: Germán Tapia 05/09/2011 02:05 [ N° 2 ] |
Los escritores que se formaron en la dictadura y que la reflejan directamente en sus libros han sido más ignorados por la crítica, la prensa y el público que otros que surgieron a partir del retorno a la democracia pactada y que prefieren sus introspecciones personales, la globalización, la internet, los juegos virtuales, los viajes, la vida en el exterior, las metróplolis europeas o norteamericanas. De hecho, aun no se escribe la gran novela de la dictadura y tal vez ya no se escribirá, pues los temas relacioandos con ella son laterales o meros telones de fondo, como el exilio, los conflictos generacionales,la música pop, las novelas de las últimas generaciones americanas, españolas, inglesas, y se expresan en el slang o el dialecto derivados del inglés, con miles de referencias a marcas, canciones, cantantes, modas, drogas, y, claro, mucho sexo, hétero, homo, grupal y por lo general mal tratado, trivial, pasajero, olvidable todo eso enseguida. Y ahora que se nos viene un futuro sin libros impresos, la decadencia literaria será inevitable. |
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Posteado por: Jorge Lagos 05/09/2011 17:09 [ N° 3 ] |
Las afirmaaciones de Germán Tapia me parecen fantásticas, a veces casi surrealistas. De la lucha de clases, oscuros conflictos de intereses, la maldición de vivir en ciudades exteanjeras y tantos otros tópicos, ahora nos lelva al futuro del libro y la lectura. Felicitaciones por su inagotable imaginación. |
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Posteado por: Elena Latlippe 05/09/2011 18:14 [ N° 4 ] |
Si una crítica literaria nos lleva a otros temas, ya muchos otros más, quiere decir que sirve para algo, tal vez para mucho: hacernos pensar, reflexionar, sentir, vivir, compartir y no simplemente leer una pieza que luego se guarda en la memoria o archiva para siempre. Además, la literatura, y la crítica literaria, que vive de ella, no existen en un vacío histórico, fuera del contexto social, ajenas al devenir humano. |
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Posteado por: Ulises Gomez 05/09/2011 21:39 [ N° 5 ] |
Entonces, para seguir la idea de Elena Latlippe, a propósito de crítica literaria podríamoshablar de carreras de caballos, ajedrez, box, la vida de los delfines, la deforestación de la Amazonía, el conflicto mapuche, la canonización de Alberto Hurtado... |
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Posteado por: Sergio Rojas Fernández 05/09/2011 22:37 [ N° 6 ] |
Con respecto a loq ue dice doña Ingrid Lara, Nº 1, yo creo que todas las novelas son biográficas o autobiográficas, sin que ello sea exhibicionismo ni egoísmo, tal como lo dice el crítico. |
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Posteado por: Josefa Cernadas 06/09/2011 20:53 [ N° 7 ] |
¿Pero quizá a esta novela se le pasa un poco el tejo en lo autobiográfica y autorreferente? |
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Posteado por: Ernesto Parra 06/09/2011 23:07 [ N° 8 ] |
Completamente de acuerdo con Elena Latlippe, Nº 4, las críticias literarias deben reflejar el momento histórico, el aquí y el ahora, el presente que vivimos , los conflictos sociales, en fin, todo lo que nos hace humanos, ciudadanos, pertenencietnes a una época y un lugar determinado. Por lo menos las críticas periodísitcas que, sin abandonar el juico de valor con respecto a los méritos o deméritos literarios de una obra, también se sitúen en el momento que vivimos. |
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