Camilo Marks
Domingo 18 de Septiembre de 2011
La juventud perpetua

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Frédéric Beigbeder es, junto a Michel Houellebecq, el autor más exitoso y traducido de la Francia actual. Figura muy mediática, ha colaborado como cronista de la noche o crítico literario en revistas, periódicos y televisión, hasta que publicó 13.99 euros, que permaneció meses en las listas de bestsellers, pero fue la causa de su despido en la agencia de publicidad en la que trabajaba, al revelar los secretos de la propaganda moderna. Windows on the World y Socorro, perdón, así como Último inventario antes de liquidación, en el que reseña en forma desprejuiciada los 50 mejores libros del siglo XX, confirmaron a Beigbeder como heredero de la tradición satírica o del furor declamatorio que ha producido a esos genios del descontento que son Molière, Voltaire, Diderot, Victor Hugo, Zola y tantos otros que han iluminado a una de las grandes literaturas del mundo.

Una novela francesa, su último título, merecedor del prestigioso Premio Renaudot, es parecida y distinta a todo lo que antes ha concebido Beigbeder. Parecida, porque se basa, de manera exclusiva y excluyente, en sus propias vivencias, y distinta, ya que ahora no hay disfraces u omisiones, sino el retrato descarnado de él mismo, de su familia, de lo que es capaz de recordar. Hacia el final, en el capítulo llamado “Mitómanos”, nos dice lo siguiente: “Es la historia de una Emma Bovary de los setenta; es la historia de un niño melancólico porque creció en un país suicidado, criado por unos padres deprimidos por el fracaso de su matrimonio; es la historia de la muerte de la gran burguesía cultivada; es la historia de un país que consiguió perder dos guerras haciendo creer que las había ganado: es la historia de una nueva humanidad, o de cómo unos católicos monárquicos se convirtieron en capitalistas mundiales. Así es la vida que he vivido: una novela francesa”.

El suceso que gatilla la escritura es el arresto de Frédéric, a las puertas de una discoteca, por consumo de cocaína en la vía pública y los días siguientes bajo detención preventiva en condiciones infrahumanas. Irónicamente, muy poco después, su hermano, el empresario Charles Beigbeder, recibirá la Legión de Honor de manos del Presidente de la República. El problema más grave es que Frédéric, adolescente perpetuo que a los 45 años se niega a madurar, no logra rememorar nada de su niñez ni de sus primeros años: “Mi infancia está por reinventarse: la infancia es una novela. Dado que Francia es una nación amnésica, mi ausencia de memoria es la prueba irrefutable de mi nacionalidad”.

Sin embargo, de modo imperceptible, en la soledad de la prisión se van abriendo espacios, luces, empiezan a aparecer rostros, personas, fragmentos de diálogos y aunque Beigbeder no posea la gigantesca memoria de Proust, a quien cita en un par de pasajes, se las arregla para componer un cuadro vívido y elocuente de los cataclismáticos cambios que ha experimentado su patria. La mayor virtud de esta obra es, sin duda, su honestidad. Y cuando estamos frente a un texto tan honesto, podemos, casi sin percibirlo, encontrar verdaderos descubrimientos sobre la naturaleza humana, terreno en el que la literatura mantiene varios cuerpos de ventaja sobre las ciencias, como lo señala Houellebecq en el prólogo. En Una novela… notamos que, en el presente, la vida de un hombre se divide en dos períodos, la infancia y la edad adulta y que resulta inútil discutir lo contrario. Quizá en otro tiempo existía una tercera fase, llamada vejez, que hacía de nexo, pues volvían las reminiscencias de la infancia y ello otorgaba unidad a una vida humana. Hoy por hoy, eso parece estar desapareciendo.

La familia de Beigbeder, mezcla de la alta burguesía y la aristocracia provincial, es examinada desde el heroísmo absurdo de la Primera Guerra Mundial, el comportamiento cuasi suicida de la Segunda para ser, a partir de 1945, dominada por un intenso apetito de consumo, que alcanzará un nivel de paroxismo con posterioridad a 1968. El acontecimiento más divertido y escalofriante tiene lugar cuando los abuelos de Frédéric, monárquicos, católicos, derechistas, dieron refugio a una familia judía durante la ocupación alemana porque el arzobispo de Toulouse dijo en una homilía que todos somos hermanos. Y también, claro está, porque eran gente rica y distinguida.

Una novela… podría resentirse por el acusado narcisismo de Beigbeder, que centra la narración en un solo punto de vista. Aún así, es una crónica fascinante y desmitificadora del mundo contemporáneo.

9 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
18/09/2011 22:56
[ N° 1 ]

Maravilla la lucidez conque Beigbeder retrata la sociedad en que le toco vivir. Es un retrato preclaro de la sociedad francesa entre guerras y post Segunda Guerra Mundial.Es extraordinario que un frances retrate tan claramente la sociedfad francesa. Una gran novela sin duda. Ingrid

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Germán Tapia
19/09/2011 18:34
[ N° 2 ]

Los verdaderos responsables de la II Guerra Mundial fueron los gobiernos de Francia e Inglaterra, con la complicidad de sus pueblos y sus políticos quepermitieron el ascenso de Hitler al poder y el apoderamiento sucesivo de países sin hacer nada, hasta que no les quedó más que declarar la guerra cuando estaba eneralizada por la invasión a Polonia en 1939. La diferencia es que Inglaterra sufrió lo indecible por su ceguera e insensibilidad, ya que los alemanes prácticamente destruyeron el país, en cambio Francia fue invadida casi sin derramamiento de sangre y ocupada por 5 años, con la complicidad de todos los francesases que, no vamos a decir que lo pasaron muy bien, pero nada hicieron en contra de los nazis, salvo colaborar de modo descarado, delatar, establecer el infame gobierno de Vichy y vero cruzados de brazos cómo la peor tiranía que ha conocido la hustoria extendía sus tentáculos por el resto del mundo. Claro, el cine, la literatura, la propaganda nos hna proporcionado el mito de la resistencia, que no fueron sino unos pocos pelagatos que no hicieron mella alguna en el enemigo. Si no hubiera sido por la intervención norteamericana, muy tardía, Hitler habría ganado la guerra y quién sabe cómo sería el mundo hoy día. Y es absolutamente cierto lo que dice Beigbeder, Francia ha perdido las dos guerras mundiales y se jacta de haberlas ganado, además, también fue cómplice en el entronizamiento de Franco, pues no solo no colaboró con los republicanos, sino que puso en campos de concentración a todos los españoles refugiados que llegaban después de la derrota. ¡Menudo ejemplo de país victorioso!

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Luis Muñoz González
20/09/2011 13:41
[ N° 3 ]

Estoy muy de aucerdo con que Francia perdió la guerra, también le pasó lo mismo en Argelia y eso puede decirse de Inglaterrra, ambos países pretenden erguirse como modelos democráticos y económicos y dejan mucho que desear, si no, miren todas las regiones más catastróficas del mundo, son ex colonias francesas o inglesas, países africanos y asiáticos expoliados, con hambrunas, a veces sin viabilidad política e histórica.

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marcelo lopez garcia
20/09/2011 15:37
[ N° 4 ]

En verdad fueron los rusos quienes salvaron Europa.Respecto a Beigbeder,lo he leído.Su estilo es parecido al de Houllebecq o salvando las distancias, Palahnuik. Te encanta o lo aborreces.Saludos.

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Nuvia Jarpa
20/09/2011 23:51
[ N° 5 ]

Totalmente de acuerdo con Marcelo García. Aunque inicialmente la política exterior de Stalin fue desastrosa, como todo lo que hizo en realidad, pues se alió con los nazis, finalmente los alemanes invadieron la ex Unión Soviética y ahí comenzó finalmente la derrota alemana. Nadie ha podido jamás llegar victorioso a Moscú y Napoleón, que lo intentó un siglo y medio antes, también comenzó su declinación tras el fracasado intento de conquistar ese país. Los rusos, entonces los soviéticos, además, fueron los que mas sufrieron en términos de pérdidas materiales y enormes pérdidas de vidas, millones de millones de personas que fueron asesinadas por la Wehrmacht, a pesar de lo cual ni el cine, ni las series televisivas ni la literatura han dado cuenta de este horrendo fenómeno. En cambio, seguimos viendo o leyendo las heroicas gracias de ingleses y franceses que no solo permitieron el ascenso de Hitler, sino que han glorificado su oscuro pasado con falsedades, historias de aventuras y un anecdotario infinito de autobombo. No he leído a Beigbeder, sí a Houelllebecq, quien no me gusta mucho. Pero este libro me interesó mucho y a pesar del precio me las arreglaré para obtenerlo.

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Ernesto Parra
21/09/2011 14:32
[ N° 6 ]

Por lo visto, ahora los malos de la película con respecto a la Segunda Guerra Mundial son los ingleses y franceses. A mí me parece que es ir demasiado loejos, porque sin desconocer las responsabilidades históricas de sus gobiernos, nadie pudo prever jamás el horror del Tercer Reich. Entonces, lógicamente los primeros culpables tendrían que ser los alemanes, que apoyaron sin vacilación a los nazis, participaron en sus atrocidades y quiseron instaurar un milenio ario y no estuvieron tan lejos de lograrlo.

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Fernando Herrera
21/09/2011 16:18
[ N° 7 ]

Totalmente de acuerdo con Marcelo López, fueron los rusos los que salvaron a Europa y de paso también al resto del mundo.

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Margarita Fernandez
21/09/2011 23:25
[ N° 8 ]

Al paso que vamos, terminaemos lamentándonos que los rusos no hayna terminado domianndo todo el mundo y que el comunismo no haya fracasado tan estrepitosamente como fracasó, lo que es una suerte inmensa si solo se considera superficialemnte el inmenso nivel de sufrimiento, privaciones y horrores que causó.

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Leo Campos
22/09/2011 13:55
[ N° 9 ]

Qué curioso, por no decir extraño, que las críticas de Camilo Marks casi siempre terminen en comentarios políticos, ahora les tocó a los nostálgicos de la Guerra Fría. Personalmnete, creo que fue una época espantosa, con el mundo a punto de volar en pedazos, no la viviría de nuevo.

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