Camilo Marks
Domingo 25 de Septiembre de 2011
New York, New York


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Hay ciudades en las que la gente puede no haber estado nunca, pero reconoce de inmediato: París, Roma, Londres, Atenas, Río de Janeiro y varias más. Sin embargo, en el siglo XX y en lo que va corrido del actual, no existe una sola metrópolis que haya sido tan fotografiada, tantas veces filmada, en tantas oportunidades la protagonista de obras literarias como sucede con Nueva York. Desde Whitman, Melville, Dos Passos, Scott Fitzgerald, Dreiser, hasta Salinger, Doctorow, Auster, Mailer, Roth, la más importante ciudad norteamericana ha dejado una huella indeleble en sus libros. En ellos paseamos por los lugares más conocidos y nos adentramos en rincones que nadie tiene idea dónde están, ya que los novelistas neoyorquinos, con la típica soberbia de quien se siente viviendo en el ombligo del mundo, dan por sentado que su territorio es universal. La generación que en el presente canta las glorias o se revuelca en la miseria de esta Babilonia moderna está muy bien representada por Jay McInerney, Bret Easton Ellis y Jonathan Lethem.

Lethem (1964) sitúa todas sus narraciones —Huérfanos de Brooklyn, La Fortaleza de la soledad— en la isla de Manhattan, punto neurálgico de la megalópolis donde a diario confluyen millones de personas a trabajar, triunfar, fracasar o perderse en sus edificios, avenidas y calles numeradas de este a oeste. El escenario de Lethem sería el cénit del glamour si no fuera por el carácter espectral, fantasmagórico, algo apocalíptico de sus historias. Así, las firmas de Wall Street, las estaciones de televisión, las casas editoriales, los despachos de diarios y revistas están poblados por hombres y mujeres que llevan dobles o triples vidas, que se deslizan al borde de indefinibles precipicios o subsisten en la precariedad.

Chronic City, su última ficción, parece alcanzar un punto de no retorno en cuanto a los temas y el estilo del prosista. Los nombres mismos de los personajes, que evocan la tradición picaresca de Dickens al bautizarlos con sonidos onomatopéyicos o sentidos precisos —Pickwick, Twist, Pegotty—, poseen connotaciones característicamente yanquis: el héroe se llama Chase Insteadman y su apellido, que quiere decir “en vez de hombre”, es altamente improbable. También lo son sus circunstancias del momento. Chase es un joven atractivo, elegante, desenvuelto, perspicaz, con plena conciencia de ser alguien enteramente insignificante e inocuo en los círculos sociales donde se exhiben la riqueza y el poder. Aún así, se permite vivir en el ocio gracias a las rentas que recibe por su breve carrera como actor infantil: todavía es reconocido por quienes le siguieron y sus negocios están en manos de un agente. No obstante, la inmensa popularidad de Chase deriva de una situación implausible, en verdad una tragedia absurda: su novia eterna y amor de la adolescencia es la astronauta Janice Trumbull, atrapada en la Estación Espacial Internacional, desde donde le envía arrebatadas cartas románticas, que son, naturalmente, del dominio público.

En las oficinas de Criterion Collection, que produce ediciones de lujo de filmes clásicos en DVD, Chase conoce a Perkus Tooth, quien se hizo famoso por su arte de vanguardia anarquista y es considerado un crítico cinematográfico de culto. En adelante, la rutina de Chase cambiará radicalmente, pues la labia incendiaria y la voraz paranoia de Perkus lo arrastran a un universo paralelo, en el que nada es lo que parece y la verdad se entrega a gusto del consumidor. Perkus pasa recluido en un cuchitril y sólo recibe la visita de su proveedor de marihuana, que fuma para combatir una enfermedad denominada cefalea en racimo. Chase se convierte en el primer amigo que tiene acceso a este santuario; más tarde, se agrega la pareja de Georgina, multimillonaria de origen armenio, y Robert, jefe de gabinete del alcalde de Nueva York. Muy luego, Perkus los hipnotiza con sus fantasías: sacar a Marlon Brando de la isla en que se hallaba, participar en subastas virtuales de objetos carísimos, conseguir que Werner Herzog se interese en un guión de Perkus, ubicar locaciones de cintas olvidadas y suma y sigue.

Chronic City tiene numerosos personajes, aun cuando, tratándose de este peculiar narrador, destacan un árbol de cuyas hojas proviene el mejor cannabis, un tigre suelto y una espesa bruma que impide ver a la distancia. Cáustico, descreído, repleto de alusiones, Lethem pertenece a la clase de escritor que uno ama o detesta y este volumen no es una excepción a la regla anterior.

Chronic City
Jonathan Lethem
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz, Random House Mondadori, 2011, 445 páginas, $11.000.
Novela

15 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
25/09/2011 17:54
[ N° 1 ]

Tiempo atras solo se hablaba de la Roma Eterna,ahora con justa razon, porque es unica y bellisima se habla mucho de Nueva York.Ya en la obra de Do Passos, la verdadera protagonista de la novela Manhattan Transfer es Nueva York.Es una suerte poder conocer en el personaje de la novela, Chase Insteadman una persona con cierta suerte, elegante, buena pinta, en un habitante de Nueva Yorks, donde siempre le pintan personajes llenos de amargura, pobreza y angustia existencia, aunque en realidad el personaje dista bastante de ser un virtuoso, en manos del corrupto Perkus.. Ingrid.

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Germán Tapia
25/09/2011 22:33
[ N° 2 ]

Efectivamente Nueva York es la Babilonia moderna y creo que en ninguna novela la ciudad está tan bien retratada como en Manhattan Transfer, de John Dos Passos, publicada en 1925, hace casi un siglo y más vigente que nunca en sus temas, su estilo cinematográfico, su prosa originalísima, que hizo exclamar a Sartre que Dos Passos era el mejor novelista norteamericano de la primera mitad del siglo pasado. Los olores, los sabores, el viento, los ríos, el mar, y sobre todo las personas, un centenar de personajes de todas las clases sociales, a lo largo de un siglo, confluyen en esta narración magistral, monumental, entretenidísima, que termina poco antes de la gran crisis de 1929, pero ya la anuncia, la predice en sus páginas, como solo puede hacerlo la gran literatura. En Manhattan Transfer todo es una cierto, todo es extraordianrio, todo es logradísimo, desde el título, un lugar que ya no existe, hasta la forma de narrar, en que aparecen personajes como en cameo, que nunca más se verán, hasta otros cuyas vidas enteras desfilan ante nosotros, como los dos protagonistas centrales, Jimmy Herf, un hijo natural que asiste a la temprana muerte de su madre, sensible, con tendencias artísticas y cuya primera mujer, Helen, o Ellen o Helena, es la otra gran protagonista, una mujer también dotada de talento y gran inteligencia, pero que sucumbe a la seguridad que le da un marido rico, frío y calculador. El final, cuando Jimmy abandona Manhattan sin saber dónde va a ir, tomando la carretera, como tantos norteamericanos de su época, sin destino ni propósitos, sin saber qué hacer, solo deseando salir de ese hormiguero humano de devastación material, psíquica y moral que es Nueva York, es un final de antología, un final abierto y a la vez cerrado, quie nos apunta al absurdo que significa vivir como hormigas en grandes urbes sin compasión, donde se dan los máximos extremos de la riqueza y el poder, por un lado, y de la pobreza y la explotación por el otro y donde la vida humana termina careciendo totalmente de sentido.

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Ulises Gomez
25/09/2011 23:45
[ N° 3 ]

No he leído al tan celebrado Jonathan Lethem,pero sí a Jay Mcinerney y Bret Easton Ellis y los encuentro autores de soberanos bodrios. Entonces, si conforma el trío de los actuales mejores novelistas de Nueva York, prefiero pasar.

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marcelo lopez garcia
26/09/2011 14:28
[ N° 4 ]

Concuerdo con Don Ulises Gomez(3),
B.Ellis no sabe escribir.La que sí
me gustó pero es viejita,fué "La hogera de las vanidades" de Wolfe que por cierto no tiene nada que ver con el bodrio de película.Saludos.

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Nuvia Jarpa
26/09/2011 18:42
[ N° 5 ]

La hoguera de las vanidades, de Thomas Wolfe, no es tan viejita, como dice Marcelo López, Nº 4, es de fines de los 80, si mal no recuerdo, lo que es la nada misma en literatura. Este mismo crítico, Camilo Marks, ha dicho una y otra vez que la vigencia de las obras se mide en 50, 150, 200 o más años, así que 20 años no es nada, como dice el tango. Personalmente, no encontré que la película fuese tan mala, no recuerdo al director, pero sí a los actores Tom Hanks y Melanie Griffith, la verdad es que apenas me acuerdo, pero sí sé que la encontré entretenida.

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Jorge Lagos
26/09/2011 18:51
[ N° 6 ]

Concuerdo con Jorge Lagos, Nº 2, y también con Ingrid Lara, Nº 1, en que Manhattan Transfer es una delas grandes novelas del siglo pasado, una de las más influyentes y tracendentales. Sin embargo, no se encuentra en librerías o si eso pasa, llegan poquísimos ejemplares de nuevas traducciones que muy luego se agotan. Yo tengo una edición de 1960, que era de mi familia, de la editorial Planeta, en una colección empastada, sin embargo, sospecho, mejor dicho sé, que hay versiones nuevas en nuevas traducciones, porque se me ha informado que la censura franquista cortaba, arreglaba o suprimía muchso pasajes de muchos libros, entre otros, los tres de la trilogía USA, también de Dos Passos, El paralelo 42, La primera catástrofe y El gran dinero, libros que ya no se ven en ninguna parte. Bueno, eso no es raro en este país, donde lo único que se encuentra son los bodrios de Marcela Serrano, Isabel Allende o los textos de autoayuda o confesiones de famosillos de la televisión.

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Josefa Cernadas
26/09/2011 19:01
[ N° 7 ]

Eso de la astronauta varada en la estación espacial, del árbol que produce la mejor marihuana o del tigre suelto por Nueva York me suena a surrealismo de segunda clase, a surrealismo de pacotilla. Tal vez Nueva York sea la ciudad más fascinante del mundo, tal vez sea solo un montón de edificios apilados sin ton ni son, pero no cabe duda que, literariamente hablando, la Gran Manzana dejó de der un territorio muy fértil en materia de literatura.

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Elena Latlippe
27/09/2011 14:48
[ N° 8 ]

Pienso lo mismo que Josefa Cernadas, Nº 7, Nueva York hace mucho que dejó de ser la ciudad fascinante, atractiva, magnética, excitante que era para convertirse en un puro y simple gigantesco mall, ya que todo es comprar, comprar y comprar o bien ir a musicales producidos en serie o bien comer en restoranes en serie y carísimos o por último acudir a un McDonalds para no morirse de hambre. Y no se puede fumar en ninguna parte, ni en la calle, lo que es casi criminal, pues el paíos que inventó, patentó todas las marcas y distribuye las licencias mundiales de cigarrillos, ahora está lanzado en una cruzada mundial contra el tabaco, en vez de hacerlo contra la gordura, que es una plaga, no hay norteamericano que no pese 500 kilos.

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Luis Muñoz González
27/09/2011 15:34
[ N° 9 ]

Si el tabaquismo es tan dañino, y de seguro que lo es según todo lo que se escribe y dice sobre él, no veo por qué no terminan desde ya con este flagelo, con la sencilla medida de criminalizar su consumo, tal como se hace con la cocaína, le heroína, la morfina, etc. ¿Por qué los gobiernos no lo hacen de inmediato y se termina con el problema? ¿O es que no pueden renunciar a los miles de millones, billones, trillones de dólares que reciben por los impuestos al tabaco? Pero si les interesa más la salud de las personas, entonces renuncien a esas ganancias y conviertan de inmediato al consumo de cigarrillo en un crimen penado con cárcel. ¿En qué quedamos?

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Ernesto Parra
27/09/2011 15:51
[ N° 10 ]

Pasar de Nueva York y de las novelas sobre esa ciudad al tema del tabaquismo me parece, como se diría en inglés, far fetched, llegar muy lejos, tirado de las mechas.

Posteado por:
Alicia López
27/09/2011 23:09
[ N° 11 ]

Como fumadora, estoy 100% de acuerdo con Luis Muñoz, Nº 9, si se criminaliza con pena de presidio al tabaquismo, todos tendremos que dejar el vicio, las compañías tabacaleras tendrían que cerrar y el mundo sería tan sano como los norteamericanos, es decir, el infierno en la tierra, la pesadilla de las pesadillas.

Posteado por:
Leo Campos
28/09/2011 01:09
[ N° 12 ]

No es tan tirado de las mechas lo del tabaquismo, porque en un país donde se condena a meurte a una persona en 1989...¡y se la ejecuta en 2011!, sinq ue nadie diga nada, sin que se arme ningún escándalo, sin que apenas se coemnte, bueno, tiene que ser un paìs podrido hasta lo más profundo de sus cimientos, un país donde la idea misma de justicia es una burla, un país gobernado por gente repugnante y dirigido por una casta ignominiosa. Y ellos pretenden dictar normas de conducta al resto del mundo, ellos dicen lo que es bueno o malo, ellos se creen campeones de los DDHH cuando ni siquiera dejan fumar en la calle su propio invento, el cigarrillo. Por suerte, todos los imperios caen, edl romano duró 2 mil años, a estos pobres diablos les quedarán un paer de décadas, ojalá los chinos nos salven de ellos luego.

Posteado por:
Jorge Alvarado Robles
29/09/2011 12:03
[ N° 13 ]

Posteado por:
Luis Muñoz González
27/09/2011 15:34
[ N° 9 ]

Claro, como la penalización terminó definitivamene con el consumo de drogas, hoy nadie fuma marihuana, la cocaína desapareció de las grandes corporaciones, y la pasta base no afecta a nuestras poblaciones...

Estamos súper bien.

Lo único que logramos con eso son bandas de narcotraficantes, muertes, violencia, balaceras, y gente que para conseguir su droga es capaz de matar, robar o prostituirse.

Penalice el cigarrillo no más, y espere por obtener sus tan esperadas y deseables consecuencas. Tome asiento, eso sí.

Saludos.

Posteado por:
Luis Muñoz González
30/09/2011 01:31
[ N° 14 ]

Lo de la penalización del cigarrillo era una broma, muy exagerada pero solo broma. Mi comentario se refería a los códigos éticos y morales que han implantado en todo el mundo los norteamericanos y a su repulsivo doble standard: a ellos no les gusta el tabaco y hasta prohiben a la gente fumarlo en sus casas, como sucede en Nueva York, ellos son los campeones de los DDHH y acaban de ejecutar a un hombre que fue sentenciado...¡en 1989!, ellos dicen promover la justicia independiente y condenar a tribunales fijados con anterioridad a la comisión del delito y tienen a personas encarceladas sin juicio en Guantánamo por años de años, en fin, podría seguir hasta el infinito. Personalmente, no tengo nada contra los fumadores, es más, fui fumador, lo dejé y a veces lo retomo, sin embargo, me parece una aberración monstruosa que se persiga a los fumadores como delincuentes, sobre todo en el paìs de donde provienen todas las marcas de cigarrillos, así como me parecen monstruosas todas las incoherencias y malignidades de la política exterior -e interna- de ese paladín de la democracia que son los Estados Unidos de Norteamèrica.

Posteado por:
Bernardo Gutierrez
30/09/2011 01:34
[ N° 15 ]

El título de la crítica se debe referir, supongo, al film de Scorsese que protagonizaron Liza Minelly y Robert de Niro, aunque la canción la hizo mucho más popular Frank Sinatra. Francamente, no lo encuentro muy original.

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