

Es inusual que una obra literaria reserve sus últimas páginas para una nota aclaratoria en la que se explique, al cabo de más de seiscientas páginas de narración, que “ésta es una novela basada en hechos reales, y (como muchas novelas basadas en hechos reales) se toma libertades con la verdad histórica, mezcla realidad y ficción, y transforma figuras históricas en personajes literarios”. Pese a su trivialidad, la indicación es comprensible por parte de un autor que hace pocos años fue acusado de plagio por la utilización de fuentes no literarias en la elaboración de una obra de ficción narrativa. De hecho, en El contable hindú, la última novela publicada por el escritor norteamericano David Leavitt, uno de los méritos más sobresalientes radica en el trabajo de reapropiación de una constelación de textos en apariencia ajenos al ámbito de la “ficción pura” —libros de historia, biografías, testimonios autobiográficos, material epistolar, manuales especializados, etc.— para la construcción de una trama narrativa que, consciente de sus limitaciones y, al mismo tiempo, orgullosa de sus capacidades, se ofrece a sí misma como una alternativa de la “verdad histórica”.
La verdad que el libro pretende versionar, o hacer pasar por el tamiz de la ficción, la vida de Srinivasa Ramanujan, un genio que a estas alturas se cuenta entre las personalidades más destacadas de la historia del pensamiento matemático del siglo XX. Figura inclasificable, enigmática, casi legendaria, la efigie de Ramanujan suscita por si sola la fascinación desde la cual Leavitt busca delinear su personaje: oriundo de la ciudad india de Madrás, criado por una familia de brahmanes empobrecidos y de formación completamente autodidacta, su peripecia se resume en haber conseguido involucrarse, en el breve tiempo que le concedió una muerte prematura, en la primera línea de la especulación matemática occidental. La incontestable genialidad del hombre, su capacidad de llegar a conclusiones y resultados deslumbrantes con las escasas herramientas que le depararon una educación precaria y un sistema marginal, sumado a la extravagancia de su decurso biográfico, serán el eje de un extenso relato en el que se desentrañan, a la par, los conflictos históricos y sociales de todo un capítulo de la agitada vida europea en el último siglo.
El procedimiento narrativo escogido por Leavitt es indirecto y oblicuo. Aunque la presencia de Ramanujan en Cambridge durante la década de 1910 es el auténtico telón de fondo sobre el que se construye la novela, será la figura de otro personaje, G. H. Hardy, la destinada a protagonizar la narración. Hardy se hará responsable, después de recibir una carta de Ramanujan en 1913, de gestionar su traslado a Inglaterra, de velar por su incorporación a la comunidad académica inglesa y de acompañarlo en el trágico desenlace de su vida. El ejercicio propuesto por el autor, para nada novedoso en este tipo de relatos, consiste en invitar al lector a desentrañar el misterio de la personalidad del genio hindú a partir de los efectos que ésta produjo en la identidad del resto de los personajes. Para ello, el relato alternará inteligentemente dos voces narrativas: una imparcial, en tercera persona, encargada de relatar los pormenores que marcaron a la comunidad del College que acogió a Ramanujan y giró en torno a él “igual que los planetas remotos giran en torno a una estrella de la que apenas consiguen distinguir una vaga penumbra”; y otra subjetiva, en primera persona, que se ocupa de fabular una hipotética conferencia que el propio Hardy podría haber dictado para dar su visión del “caso Ramanujan”.
Debe destacarse el rigor con que Leavitt retrata en El contable hindú los conflictos de un periodo crucial en la vida intelectual inglesa: el impacto de la Primera Guerra Mundial en los pasillos académicos, el miedo ante los bombardeos y las desapariciones, la clausura de las fronteras y la urgencia por aclarar posiciones ante la masacre, son algunos de los elementos que se ponen en juego a raíz de la historia de Ramanujan. El conflicto entre cultura y barbarie, entre la evasiva abstracción que supone la especulación matemática y la realidad brutal de los hechos históricos, es uno de los mejor trabajados en la novela. Ramanujan, que proviene de una sociedad que aún conserva sus creencias, puede declarar despreocupadamente que su genialidad se explica por el dictado de alguna deidad del hinduismo. Para Hardy, en cambio, hijo de una cultura que se ha limpiado de toda devoción, sólo queda el contraste entre la exactitud de las fórmulas o de las ecuaciones y la turbación de su vida emocional. Su conflictiva homosexualidad, su diálogo con voces y fantasmas del pasado, su imposibilidad de afianzar los vínculos familiares: es el caos que se esboza tras la precisión de los números. Es mérito de Leavitt el hacer que la ficción logre hacer visible ese desgarro.
El contable hindú
David Leavitt
Traducción de Javier Lacruz, Anagrama, Barcelona, 2011, 620 páginas, $25.000.
NOVELA
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