Camilo Marks
Domingo 11 de Diciembre de 2011
La bruma de las leyendas


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Nosotros, los ahogados , de Carsten Jensen, saludada como la novela más importante publicada en Dinamarca en los últimos 25 años, traducida a numerosos idiomas y leída por varios cientos de miles de personas, es un libro imponente e intimidatorio. En sus casi 700 páginas, Jensen nos cuenta la historia del pueblo costero de Marstal y de las generaciones que lo habitaron durante una época en que Europa se vio sacudida por cambios políticos de efectos devastadores. Nosotros... comienza en 1848, cuando las naciones nórdicas eran pobres y atrasadas y finaliza en 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial. En Marstal, sin embargo, nada parece variar demasiado: el único destino para los hombres es hacerse a la mar y la principal ocupación para las mujeres, sean esposas, hijas o hermanas, consiste en esperarlos, en ocasiones por años, a menos que mueran tragados por las olas; de ahí proviene el título del volumen, ya que poco a poco el puerto se va transformando en una ciudad de ahogados.

La obra de Jensen ha sido comparada con las epopeyas marinas de Melville, Stevenson o Conrad, y el paralelo es válido hasta cierto punto. Mientras esos autores compusieron gestas épicas con fuertes componentes metafísicos y religiosos, Jensen tiene poca paciencia con los asuntos de Dios, sus intereses son absolutamente concretos y sólo da cabida incidental a temas espirituales en la persona del pastor Abildgaard, quien cumple funciones mas bien burocráticas. En lo que sí coincide con sus antecesores es en el detallado inventario de dantescas aventuras oceánicas y en la recia masculinidad del grupo de personajes que pueblan el relato: con escasas excepciones, todos son hombres, hombres fornidos, implacables, inteligentes, capaces de vencer el miedo y la adversidad. O niños que aspiran a convertirse en marineros para seguir el camino de sus padres.

Nosotros... está escrita sin prisas, en forma paulatina y al principio puede desconcertar al público de hoy, habituado a la acción o los efectos extraliterarios. Pero si traspasamos los capítulos iniciales, caeremos en el embrujo desconocido, violento, seductor y repulsivo a la vez, de un mundo ignorado, repleto de seres excéntricos y hechos fantásticos, donde reinan leyes propias y costumbres inauditas. Más de la mitad de la narración transcurre a bordo de barcos a vela que navegan a los confines remotos de la Tierra: Australia, Polinesia, el Polo Norte, el Cabo de Hornos. A las tormentas que duran semanas, les sigue la calma chicha y la imposibilidad de avanzar debido a la ausencia de viento. Las condiciones son tan extremas y la convivencia tan dura, que apenas resisten los obcecados y aquellos a quienes les sonríe la suerte. El azar juega un rol muy superior a la voluntad humana. Las embarcaciones civiles que entonces surcaban las aguas iban dirigidas por capitanes que no albergaban propósitos santos: comercio de esclavos, expoliación de riquezas, asentamientos coloniales. Tampoco se enfrentaron con dóciles nativos que, a fuer de sangrientos guerreros, practicaban el canibalismo y la reducción de cabezas. Jensen entrega una crónica desnuda, sin un ápice del romanticismo que asociamos con este tipo de ficciones.

En Marstal asistimos a la evolución de un conjunto de actores que ven cómo su villa prospera y luego decae a raíz de los buques a vapor. Laurids Madsen se pierde en el Pacífico sur y por mucho tiempo no se sabe nada de él. Su hijo Albert, decidido a encontrarlo, pasa pellejerías que son la parte más original y amena de Nosotros... De regreso en Marstal, se convierte en la figura fundamental de lo que es una pujante urbe y halla su razón de existir en el cuidado del pequeño Knud Erik. Klara, madre del chico, muy joven, se enamora de Albert, muy mayor, y cuando la relación va a desembocar en matrimonio, Albert fallece en misteriosas circunstancias. Klara adquiere una fortuna, con la cual destruirá la fisonomía misma del vecindario que siempre ha odiado.

Nosotros... hace un uso peculiar de la técnica del narrador omnisciente: la tercera persona, que va mutando según el periodo cronológico y alguien que se introduce cual testigo plural -vivimos, estuvimos, nos habló-, conformando así una estructura que es, en parte, retrato íntimo de una comunidad y, en parte, exposición de sucesos reales, envueltos en la bruma de las leyendas. Aunque el vocabulario náutico sea abrumador y Jensen parezca creer que el pasado danés es de común alcance, su vasto friso novelesco es un grato y saludable descubrimiento.

11 Comentarios publicados
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ingrid maria victoria lara leon
11/12/2011 16:49
[ N° 1 ]

Para nosotros los sureños, proximos al mar, es impactante ver como en esta vasta novela se retrata el estilo de vida que tanto conocemos en la vida de los pescadores del Sur.En mmenor escala,por supuesto, se dan las mismas miserias, actos de heroismo, tragedias, que en la novela. Tambien los marinos de nosotros, se forman generacion, tras generacion, esperando los niños, desde temprano poder seguir las huellas de su padre. En el plano narrativo es estupenda la forma de relato en tercera persona, ya que solo leemos, novelas que dicen; sali, camine, mire, me fui, todo en primera persona. Ingrid

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Germán Tapia
11/12/2011 22:35
[ N° 2 ]

La literatura escandinava y danesa es una de las mejores del mundo, no solo en el género policial, donde ahora sobresale y lo ha renovado en forma espectacular, sino en autores como Jensen, que ha cosechado un éxito sin precedentes para una narración tan extensa y compleja como esta. Tendemos a pensar que esos países siempre han sido ricos y prósperos, pero eso les viene desde hace muy poco, ya que a lo largo del siglo XIX miles de daneses, suecos y noruegos emigraron a Estados Unidos por la precariedad de la vida en sus países, por las estrecheces que pasaban, incluso hasta la miseria en que vivían. Y uno de los grandes méritos de la literatura, sobre todo si es buena literatura como esta, es derribar los mitos y hacernos ver la autèntica realidad, como ocurre con la monumental novela de Jensen, que como toda gran obra que transcurre en un peurto y en el mar, es épica, grandiosa, de dimensiones heroicas, casi colosales. El precio del libro tampoco es tan elevado -sí, es caro, pero no tanto- si se considera el anorme trabajo de traducción y edición de una obra completa, rica, poderosa, matizada. Muy buena crítica.

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Ernesto Parra
12/12/2011 13:50
[ N° 3 ]

Confieso que soy algo flojo y 700 páginas de navegaciones y regresos me intimidan, empleando la misma palabra que emplea Camilo, así que lo pensaré dos veces antes de embarcarme en este buque tan grande.

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Alicia López
12/12/2011 13:59
[ N° 4 ]

Compré el libro antes de leer esta crítica movida por las cintas, la solapa, las contrasolapas, las críticas internacionales, etc. y francamente no fui capaz de llegar a la mitad. Cuestión de gustos, supongo.

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Margarita Fernandez
13/12/2011 00:04
[ N° 5 ]

Dicen que las críticas sirven mucho para tomar la decisión de leer o no leer un libro. En este caso, aunque se trate de una novela tan aplaudida, confieso que, tal como le pasa a Ernesto Parrea, Nº 3, también me intimida. Quizás en las vacaciones...

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Ulises Gomez
13/12/2011 00:06
[ N° 6 ]

El narrador omnisciente es la mejor forma de narrar que se ha conocido y todos los grandes escritores del siglo XIX, siglo de oro de la novela, lo emplearon. Jensen hace lo mismo y hace bien, porque la gente ya está aburrida del experimentalismo, de las vanguardias, de las exquisiteces formales.

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Andres Calle
13/12/2011 14:25
[ N° 7 ]

La novela es excelente, notable, sobresaliente, la compré en Madrid más barata que acá, pero nunca tanto, es un libro que vale su peso en oro, se lee sin pausa y claro que es cierto que tiene mucho vocabulario náuticio, pero eso no molesta ni obstaculiza la lectura, también hay novelas que tienen mucho vocabulario médico, jurídico, científico, y no por eso dejan de ser buenas novelas.

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marcelo lopez garcia
13/12/2011 15:31
[ N° 8 ]

Creo que la única novela marina que
he leído es "El viejo y el mar".En verdad no sé pero nunca me he sentido atraido por ellas.

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Silvia Selowsky
13/12/2011 19:31
[ N° 9 ]

Pero El viejo y el mar tiene como mucho 150 páginas y se lee en un rato. En cambio esta novela danesa parece que es para especialistas náuticos, lo que debe obedecer a esa manía de los escritores actuales de documentarse hasta la saciedad antes de escribir una línea. Y eso no pasaba con los novelistas de antes, que yo sepa no estudiaban años de años para escribir bien y entretenido.

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Jorge Lagos
14/12/2011 15:43
[ N° 10 ]

No tiene nada de malo documentarse para escribir una novela, sobre todo si es sobre el siglo pasado y antepasado, doña Silvia. Claro que Cervantes o Shakespeare no se documentaban, tampoco lo hacían los escritores grecolatinos, pero ahora son otros tiempos y el lector exige más precisión y datos reales.

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Alicia López
14/12/2011 15:47
[ N° 11 ]

Coincido con Ingrid María Victoria Lara, Nº 1, prefiero mil veces la snovelas escritas en tercera persona a aquellas escritas en primera, que por lo general son demasiado autorreferentes, narcisistas, egocéntricas, hasta maniáticas. A mí, por citar un caso, me importa un cuesco cuaándo el protagonista o la protagonista se duchan, qué es lo que sienten, cómo se miran al espejo y eso es imposible en tercera persona, ya que es el escritor quien nos da un juico o nos exige a nosotros, los lectores, formarnos una opinión sobre personajes, acontecimientos y realidad circundante.

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