Camilo Marks
Domingo 18 de Diciembre de 2011
Una máquina de matar

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Si es cierto que las mujeres están reinventando el género negro desde un punto de vista puramente femenino, no lo es menos que, en su afán por ser tan duras como el más recio de los machos, puede pasárseles la mano. Christa Faust, quien ha publicado varias novelas de crimen y horror, ha sido cineasta, modelo y chica de cabina en un peep show de Times Square, parece destinada a convertirse en reina del pulp gracias a su estilo, áspero y cortante como el de los mejores maestros clásicos -Thompson, Cain, Himes- y a historias cómicas, trepidantes, revulsivas, en las que a uno no le queda otra opción que tomarlas o dejarlas, sea porque cae rendido ante la fascinación del argumento, sea porque los temas y situaciones le resultan insufribles. A la cara , primera narración suya que nos llega, es también el primer trabajo firmado por Faust que ha concitado apoyo crítico, bastante merecido al momento de juzgar esta obra según los parámetros que deben aplicársele: suspenso, acción, sorpresas a granel.

Angel Dare, estrella de cine porno retirada, está en la cuarentena y dirige una rentable agencia de muchachas escort , ayudada por su nombre, su habilidad para los negocios, su profundo conocimiento del medio. Un pilar del establecimiento es Didi, antigua belleza de películas clandestinas, amiga íntima de Angel, paño de lágrimas cada vez que una de las jóvenes enroladas se ve en problemas. La otra pieza clave es Malloy, ex policía, de origen mexicano-irlandés, indispensable matón que protege la integridad física de las damas a su cargo, leal a toda prueba, aunque siente escrúpulos por esta clase de empresas.

A la cara es, de principio a fin, una perturbadora, cínica, compleja radiografía del comercio sexual en la capital de la industria cinematográfica y, a la vez, principal proveedora de videos triple X para todo el mundo: Los Angeles. La metrópolis californiana ya ha sido escenario habitual de relatos en que campean el crimen y la corrupción, desde Chandler en el pasado, hasta Connelly y Ellroy en el presente. Sin embargo, la mirada de Faust, menos literaria y refinada, es más cáustica, humorística y en gran medida más aguda que la de sus predecesores. En lugar de la burocracia policial, de tiendas exclusivas o bares elegantes, tenemos basurales, casas destartaladas, moteles carreteros baratos, autos usados. El glamour y toda la parafernalia hollywoodense han sido desterrados a favor de sitios de comida rápida o estaciones de servicio para llenar el vehículo y salir arrancando. En el fondo, de eso se trata: persecuciones para huir de forajidos armados o carreras contra el tiempo para salvar el pellejo, en las que Angel, ahora una máquina de matar, se sale con la suya.

La protagonista se hundió en una trampa cuando aceptó filmar la última cinta para hacerle un favor a Sam, el director que la hizo célebre; así, se compromete en una conspiración de la mafia rumana que trae a adolescentes para prostituirlas y luego dejarlas tiradas en la calle. Por milagro, sale viva y junto a Malloy y Didi, librarán una guerra sin cuartel con el objeto de vengarse de los asesinos, recuperar la dignidad y, en última instancia, salvar a las menores convertidas en esclavas. La cacería es implacable, en el camino quedan decenas de muertos y A la cara pasa a ser un thriller singular: los agentes uniformados brillan por su ausencia, los tribunales ni se mencionan y la heroína actúa fundamentalmente por espíritu de revancha.

Angel sabe disparar, corre riesgos y se maneja a la perfección en circunstancias imprevisibles. No obstante, su mayor cualidad reside en su paradójica mente, que expone, en forma hiperbólica, coloquial, grosera, sus reacciones instantáneas o bien consideraciones más políticas. Entre las últimas, es preciso destacar su pragmática visión acerca de una de las actividades más lucrativas del orbe, la clase de personas que proliferan en ella, las transnacionales "decentes" que se mueven detrás de la pornografía y, sobre todo, la respuesta a muchas preguntas que flotan en el aire: ¿por qué la gente acude a locales especializados y paga DVD eróticos si en su casa tiene lo mismo gratis con la internet?; ¿por qué se sigue yendo a cines sucios, hediondos, peligrosos si podemos contemplar cosas mejores en el hogar?; ¿cuál es el motivo de que en el siglo XXI haya trata de blancas?

A la cara termina siendo un texto excéntrico, astuto, absorbente, escandaloso, que se sigue sin respiro, siempre que se tengan nervios de acero y estómago firme.

10 Comentarios publicados
Posteado por:
ingrid maria victoria lara leon
18/12/2011 15:09
[ N° 1 ]

no se hasta donde es valedero del aporte de las mujeres al genero negro. No se aporta nada a la literatura con darle al asesinato, droga, pornografia, groserias.Al parecer tampoco se nota en la obra en comento la mano de la ley y la existencia de tribunales de justicia. A mi parecer esta novela constituye Mal momento para la literatura,. Ingrid

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Germán Tapia
18/12/2011 18:27
[ N° 2 ]

El pulp o las novelas policiacas que se vendieron en los años 20, 30 y 40 en Estados Unidos revolucionaron la literatura y la forma de entender la literatura. Historias violentas, agresivas, pasionales, subversivas, daban cuenta del lado B de la soceidad norteamericana, de su callejones oscuros, los antros del vicio,las zonas desde donde era imposible salir por la pobreza, el abandono, la miseria, el alcoholismo, el mundo de los fracasados, los condenados a jamás salir de su entorno de violencia y cerimen, los loserr que desnudaban la falacia profunda, el fracaso estrepitoso, la ruina del sueño americano y del American Way of Life. Introdujeron por primera vez el slang, dieron carta de ciudanía literaria a las groserías y garabatos, por primera vez otorgaron voz a hombres y mujeres fuera del sistema, contra el sistema, antisistema que no tenían expresión en el mainstream cultural ni en diarios, revistas o medios para la gente culta. Se trataba de ficciones paranoicas, tal vez mal escritas según cánones convencionales, repletas de modismos y giros coloquiales y que, de una u otra forma, cambiaron para siempre el panorama de la narrativa moderna. Y sobre todo de la nrrativa policial: atrás quedaron las casas y ambientes elegantes de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Dorothy Sayers, cuyo detective es un noble, Lord Peter, para dar paso a garitos, tugurios, prostíbulos, antros donde la respetabilidad desaparece para dar lugar a la sordidez y el desencanto. En ese sentido, es una de las formas más radicales de literatura que se conocen.

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Ernesto Parra
19/12/2011 00:22
[ N° 3 ]

No entendía bien la crítica: ¿es una novela de frentón pornográfica o es una crítica a la pornografía? ¿es un policial o un porno? Como sea, me interesó, no tengo nada contra la pornografía y menos contra los policiales.

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Margarita Fernandez
19/12/2011 12:41
[ N° 4 ]

Yo sí estoy 100% contra la pornografía, don Ernesto, Nº 3. Me parece intrínsecamente antisocial y me parece que históricamente ha degradado a la mujer, la ha convertido en un objeto, una mercancía, un fetiche sexual para satisfacer las necesidades de machos agresivos, violentos, depredadores. resulta que ahora, después de haber sido un delito o haber sido combatida por el feminismo y todos los movimientos progresistas, retorna en gloria y majestad, es aceptada, celebrada, incluso tratada como forma de arte. Para el que tenga dudas con respecto a sus nocivos y deletéreos efectos, les recomiendo leer a Kate Millet.

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Elena Latlippe
19/12/2011 16:59
[ N° 5 ]

Yo no tomaría tan a la libre la pornografía, hay muchas formas de considerarla, pero por algo está ligada con la prostitución infantil, con cosas más graves como la pedofilia y con el narcotráfico. Se desprende claramente de la crítica que Christa Faust no justifida nada de eso, y que su heroína, una mujer adulta que sabe lo que hace, es una ex estrella del cine porno, todo lo cual me parece aceptable y hasta decente. Nadie tiene por qué meterse en las ocupaciones u oficios de los adultos siempre que no constituyan delitos o dañen a los demás. Pero de ahí a aceptar la pornogreafía a destajo...hay un buen trecho.

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Nuvia Jarpa
20/12/2011 01:28
[ N° 6 ]

No sé si la pornografía es intrínsecamente antisocial, degradadora de la mujer, machista, nociva, en verdad no lo tengo claro porque mucha agua ha pasado bajo el puente desde los libros de Kate Millet, Betty Friedhan o Germanine Greer, ya el mundo no acepta las tonterías sexistas de antes con tanta facilidad. Algunos incluso dicen que la pornografía es educativa y que, mientras sea practicada y observada por adultos, no es dañina. Pero a mí, fruto de mi educación liberal, me siguen cabiendo muchas dudas, aunque, insisto, no la condeno per se.

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Fernando Herrera
20/12/2011 19:20
[ N° 7 ]

Gran parte de la gran literatura tiene un carácter profundamente antisocial, piénsese en el marqués de Sade, Swift, Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, los surrealsitas, en fin, la lista es interminable. Y la pornografía, si es antisocial o no, porque no estoy seguro de ello, ni siquiera lo había pensado, existe desde que tenemos uso de razón, en las pinturas griegas, en los frescos de Pompeya, en los grabados japoneses, así que me extraña que se alegue contra las novelas que presentan ese carácter.

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Bernardo Gutierrez
21/12/2011 15:22
[ N° 8 ]

El pulp, evidentemente, se ha reinventado, y se ha reinventado en gran medida gracias a las mujeres, como la francesa Fred Vargas, que hna insuflado nuevos bríos, garra y comicidad a un g´nero mirado en menos porque antes se solía vender en los kioscos, pero gracias al c ual surgieron grandes nombres de la narrativa norteamericana. Más importante, creo, es que el policial se ha reinventado gracias a Sara Paretsky, Sue Grafton, Ruth Rendell, P. D. James, Karin Fossum, Asa Larsson y una serie de brillantes y exitosas practicantes femeninas de la novela negra. Bravo por ellas, porque son un regalo a los lectores.

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Bernardo Gutierrez
21/12/2011 16:30
[ N° 9 ]

Debo agregar que con lo que dije no descarto a brillantes escritores policiales hombres, como James Lee Burke, Ian Ratkin, Henning Mankell, Jo Nesbo, Arnaldur Indridason, Dennis Lehane y muchos más.

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Ulises Gomez
22/12/2011 19:35
[ N° 10 ]

Hay que tener mucho cuidado al hablar de pornografía y explayarse sobre los efectos que produce. Es cierto que no puede criticarse a adultos que participan activamente en esta industria ni a adultos que compran productos de ella o bien ven películas pornográficas gratis, desde su casa, en la internet. Por desgracia, hay una línea, muy delgada,q ue separa a la pornografía de actividades mucho más peligrosas e ilícitas: la pedofilia, el coemrcio sexual con menores de edad, a trata de blancas, el narcotráfico, el crimen organizado, las mafias y mucho más. De modo que hay que ser muy, pero muy cauteloso al abordar el tema.

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