

"Los griegos pensaron con sabiduría al hacer de la Memoria la madre de las Musas", dijo Thomas Browne. La memoria del hombre es en verdad algo maravilloso. Una historia que no puede ser recordada, una canción que se evapora de la mente, un héroe cuyo nombre se nos escapa, una frase que pensábamos que nunca íbamos a olvidar, pero de algún modo se evadió, son obras de arte en esencia defectuosas. Por fortuna, hay historias, canciones, poemas -o fragmentos de ellos- que no podríamos olvidar aunque tratáramos de hacerlo y aquellos con quienes vivimos, los amigos que participan en nuestras vidas, también los recuerdan. Quizá la justificación final del arte reside en ser una doble fuente de felicidad: la de evocar la belleza que no podemos perder y la de compartirla con otros que la sienten tal como nosotros.
En síntesis, este es el argumento de Confía en ti mismo , de Emerson; el epígrafe "No distinguirás la huella de otros pasos; no verás rostro de hombre; no oirás nombre alguno..." es extraordinariamente adecuado para dar sentido a Llega un hombre y dice , primera novela de Nicole Krauss que gira en torno a la pérdida real, física, material, de la memoria de un hombre. El tema no es nuevo: las catástrofes mentales de Proust, la atomización en los restos humanos de Beckett o, por el contrario, los prodigiosos portentos retentivos en los textos de Borges y Kafka, son ejemplos de que la más importante facultad humana ha sido una preocupación crucial en la literatura. Sin embargo, Krauss riza el rizo al componer una obra donde ese rasgo es inexistente, llevando su ausencia hasta las últimas consecuencias.
Samson Greene, de 37 años, profesor de literatura en la Universidad de Columbia, es encontrado en estado miserable en algún punto del desierto de Mojave, sin saber quién es ni cómo se llama. En Nueva York, se le detecta un tumor cerebral benigno y, debido a la operación para extirpárselo, olvida completamente su pasado de los últimos 20 años. No obstante, puede rememorar con nitidez la infancia y el comienzo de la adolescencia: los juegos de la niñez, sus compañeros de curso, su primer amor, las comidas, un tío favorito y otra infinidad de detalles. El problema está en el presente: no tiene idea qué persona es Anna, su mujer, quien lo ama con desesperación; no se ubica en el departamento que ambos habitan; no muestra ninguna señal de reconocimiento hacia los miles de libros que cubren varias paredes del piso; en suma, su existencia es una semipenumbra de cosas remotas y una tiniebla cotidiana. En el orden práctico, Samson se maneja más o menos bien y sigue una rutina que le hace pasar por alguien normal: saca a pasear al perro, da caminatas por Manhattan, se controla con el profesor Lavell, eminente neurólogo que registra la evolución del paciente. En un nivel más profundo, no puede ser indiferente al sufrimiento de Anna y al desconcierto de cuantos le rodean. Y comienza a experimentar algo muy extraño mientras se enfrenta a la realidad y empieza a dudar si en verdad quiere recobrar el saber y el afecto perdidos.
Todo cambia cuando visita su facultad y se topa con Lana Porter, alumna suya que está al tanto de la situación del maestro y reacciona con una naturalidad pasmosa: apenas le hace preguntas, le cuenta anécdotas acerca de su desempeño docente y lo trata como si fuera el mismo de siempre. Entre ambos nace una amistad que se interrumpirá cuando la chica viaje a Los Angeles a realizar un posgrado. La llamada de Ray Malcolm, neurocirujano que efectúa experimentos sin precedentes sobre la conciencia humana, decidirá el destino de Samson.
Más de la mitad de Llega un hombre... transcurre en el establecimiento dirigido por Ray en Nevada. Lo que el sabio persigue es grabar las reminiscencias en equipos computacionales, para luego traspasarlas a recipientes voluntarios, almacenar datos intangibles -emociones, deseos-, contabilizar lo que nunca se ha cuantificado. Krauss, sin ser abstrusa, acude a la terminología de la física, la biogenética, la bioingeniería y al extenso vocabulario de la cibernética. Si no entendemos algo, nos lo podemos saltar, ya que los fines de Ray son transparentes.
Llega un hombre... cae en un terreno similar al de la ciencia ficción, sobre todo porque descansa demasiado en una jerga actual, que puede confundirse con el futurismo. Aun así, logra crear un mundo de genuino espesor literario y vuelo imaginativo. La desmemoria, auténtica protagonista de la ficción, llega a ser algo tan temido como ansiado.
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 31/12/2011 12:50 [ N° 1 ] |
Lo primero que quiero destacar es lo bueno que es el titulo de la obra, "LLega un hombre y dice", libro que es por lo que leo tan bueno como el titulo. Engrosaria el numero de libros con exelentes titulos como: No habra mas penas y olvidos, Una sombra ya pronto seras, Por ser vos quien sois, y otros, de exelentes titulos. El libro toca el tema que es y ha sido mi principal pesadilla, mi horror, el panico a perder la memoria, para mi es la maxima desgracia que le puede ocurrir a un ser humano, perder los recuerdos maravillosos de la infancia, la imagen de los padres, hermano, amigos, momentos maravilloss, que aun suceden, y que con el paso del tiempo recuerdos que mas se valoran, y que una horrorosa perdida de las memoria los perderia para siempre.La medicina , si se rata a tiempo el mal, retarda su avance, puede hacer algo, pero el daño es irreversible.Ingrid |
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Posteado por: Germán Tapia 01/01/2012 03:55 [ N° 2 ] |
Sin la memoria no seríamos nada. Es cierto que la mayoría delos animales la poseen, pero para ninguno tiene la importancia que tiene para los seres humanos. Sin ella, no tendríamso identidad, no seríamos capaces de distinguir nada y sobre todo no podríamos apreciar ninguna clase de arte, ninguna manifestación del hombre por trascender, ninguna aspiración por salir de nuestra ínfima condición doméstica. La memoria, como bien se dice en esta crítica, nos hace recordar la música, cualquier melodía o tema o canción que queda grabada para siempre en nuestra mente y nos permite de inmediato reconocer las historias que nos han contado y nos han leído cuando éramos niños o después hemos leído nosotros. Pero hay algo aún más importante, los pueblos sin memoria están condenados a desaparecer o a que sus formas culturales se descanezan para siempre en la noche de los tiempos. Y pienso que en cierta medida, eso es lo que está pasando en Chile, cada vez sabemos menos de nuestro pasado, cada vez nos interesa menos saber qué ha ocurrido en el país en las décadas recientes, porque son muy traumáticas o porque la estridencia absurda de la cultura audiovisual nos hace olvidar todo lo que hemos vivido, hay que hacer borrón y cuenta nueva para seguir adelante, pero ¿seguir adelante en qué? más autopistas, más supermercados, más edificios en altura, más deshumanización en todo, hasta que terminemos siendo una nación que carece de la más elemental identidad, que ignora su historia, que vive en un presente perpetuo de modorra y conformismo. |
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Posteado por: Ulises Gomez 01/01/2012 17:24 [ N° 3 ] |
¿Y qué pasa con los que tenemos mala memoria? ¿No tenemos identidad, personalidad, no podemos apreciar el arte ni la literatura? |
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Posteado por: Ernesto Parra 02/01/2012 23:10 [ N° 4 ] |
El título orginal en inglés es A man walks into a room, o sea que la traducción al castellano es una perífrasis o una aproximación, no sé si acertada o no, ya que es bien distinto llegar y decir (algo) a entrar en una pieza. |
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Posteado por: Elena Latlippe 02/01/2012 23:12 [ N° 5 ] |
Excelente y fascinante tema, siempre recurrente pero siempre bienvenido si es una buena obra, que, por lo que entendí, poco o nada tiene que ver con el Alzheimer. |
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Posteado por: Nuvia Jarpa 04/01/2012 19:43 [ N° 6 ] |
Las traducciones de los títulos de libros y películas son un misterio, nunca he entendido cómo Sunset Boulevard, de Billy Wilder, en España se llama El crepúsculo de los dioses, como la ópera de Wagner y aquí es El ocaso de una vida, y eso pasa con cientos de libros y películas, lo que al final es una falta de respeto hacia el lector. |
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Posteado por: Bernardo Gutierrez 04/01/2012 19:45 [ N° 7 ] |
Coincido con Ingrid Lara León en que perder la memoria por una enfermedad degenerativa o nerviosa debe ser terrible, pero también es terrible perder los recuerdos de la infancia, de los amigos, de los libros, de los amores debido al avance inevitable de la vejez. Esa me parece una de las peores injusticias de la vida. |
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Posteado por: Fernando Herrera 05/01/2012 17:17 [ N° 8 ] |
Estoy de acuerdo en que las traducciones de los títulos a veces son una calamidad, pero peor es cuando el libro entero está mal traducido y eso pasa, sobre todo, con las traducciones españolas, que a veces son un verdadero desastre y se transforman en una jerga que puede ser tan imcomprensible como para abandonar la lectura del libro. |
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 18/01/2012 12:36 [ N° 9 ] |
Impactante, el libro mas golpeador y revelador que he leido en mucho tiempo. Es aterrador el verismo que logra Oscar Contardo con este libro, lo que demuestra ademas, el hecho de que es un magnifico escritor, y que promete mucho por ser muy joven. Esta estupendamente bien escrito y se lee de unn golpe, a pesar que el tema es agobiante. Es increible por todo lo que ha pasado, seres humanos, iguales, a todos, y mejores en algunos casos, su unico pecado no ser como dicta la mayoria. Es de esperar que en el siglo xxl salgamos de la edad de la caverna y pasen a ser connacionales iguales sin discrimaciones aberrantes y medioevales. |
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