Pedro Gandolfo
Sábado 31 de Diciembre de 2011
Tranströmer por Mascaró


Pedro Gandolfo2.jpg

El tono, la altura, el ritmo, la dicción, la cadencia, el modo, la voz, la textura, la sintaxis e, incluso, la puntuación -todos ellos esenciales en el logro del mayor efecto poético- se perciben alterados en la traslación desde un idioma hacia otro. Roberto Mascaró se halla perfectamente consciente de esta restricción cuando emprende la traducción de la poesía del último Premio Nobel de Literatura, Tomas Tranströmer, editadas en El cielo a medio hacer y Deshielo a mediodía : él mismo las denomina sólo "versiones", "aproximaciones" o "recreaciones". Por ello, de entrada, cabe hacer un reconocimiento especial al traductor, por sus excelentes versiones de la poesía de Tomas Tranströmer, versiones que constituyen ellas mismas -sin perjuicio de su fidelidad al original- muy buena poesía en español.

Tranströmer, en lo que estas dos estupendas antologías de su obra dejan entrever, no es un poeta de fácil lectura para quien aprecie en la poesía sólo la proximidad del lenguaje, su cotidianidad o llaneza diaria. El lenguaje poético de Tranströmer está fuertemente enrarecido, desfamiliarizado hasta llegar al límite de lo hermético: no sigue el borde y el devenir acostumbrado de las cosas.

En este plano, el acceso a su poetizar no pasa por la lógica común: su poesía no es narrativa, anecdótica ni coloquial. Emplea a menudo metáforas complejas, una simbología dispersa, muy espiritual, pero de una naturaleza más bien panteísta, en la que abundan imágenes inusuales de gran riqueza plástica provenientes del paisaje nórdico sobre todo, y del de otras regiones visitadas por el poeta. Si hubiera que caracterizarla de algún modo, su decir tiene un rasgo extático intenso, casi místico, que se expresa en versos de gran concisión y síntesis (es un maestro en la composición del haikú) o en métricas más extensas, pero que siempre surgen de una experiencia anterior, inefable, que está más allá de la palabra, y del cual el poema es a la vez atisbo y vestigio. El lenguaje pierde en sus poemas su correlato exterior convencional y construye una referencia interior autónoma y distinta, como la de los sueños, es un lenguaje desprovisto de cualquier función utilitaria e instrumental, que no hace cosas, sino que, simplemente, es. El poeta sólo puede merodear aquello señalado e indecible: "Lo salvaje no tiene palabras/ (...) Lenguaje, pero no palabras". Ese carácter extático de su poesía le otorga a la mirada del poeta sueco un tono de contemplación inmóvil, de quieta distancia, incluso en los momentos en que las imágenes se tornan oscuras, melancólicas y perturbadoras.

Las dos antologías traducidas por Mascaró son equivalentes en calidad e interés. El cielo a medio hacer trae el regalo de una deslumbrante autobiografía y, Deshielo a mediodía , la ventaja de tratarse de una versión bilingüe que permite al lector realizar interesantes comparaciones. De esta última compilación transcribo el siguiente poema titulado "En la Europa profunda": "Yo, casco oscuro que flota entre dos puertas esclusas,/ descanso en la cama del hotel, mientras alrededor despierta la ciudad./ La alarma silenciosa y la luz gris penetran/ y me suben lentamente hasta el próximo nivel: la mañana.// Horizonte escuchado. Algo quieren decir, los muertos./ Fuman, pero no comen, no respiran pero les queda voz./ Voy a apurarme por las calles, como uno de ellos./ La catedral ennegrecida, pesada como la luna, hace flujo y reflujo".

El poema de Tranströmer pende de ese "yo" inicial ("casco oscuro flotante entre dos puertas esclusas·") que, como un barco navegando, es un yo inestable, en movimiento de ascenso y descenso. El ritmo y los contenidos del poema son crecientes, avanzan desde la cotidianidad del dormir y el descansar a la revelación de la mañana (en la primera estrofa), desde la voz escuchada de los muertos hasta la visión final "que hace flujo y reflujo" (en la segunda).

Al primer verso, de una sintaxis complicada (que es resuelta por el traductor añadiendo las comas), verso de significado abstruso pero de tono ominoso, le siguen otros en apariencia más llanos, luminosos y corteses. Con todo, la mañana ( morgonen , en sueco) a que asciende el poeta al final de la primera estrofa no es una mañana cualquiera (como lo sugieren las tensas combinaciones "alarma silenciosa" y "luz gris"), sino una cierta prolongación del dormir hacia la ciudad que viene al encuentro del durmiente. El horizonte no es algo que se vislumbra sino que se escucha: es la voz de los muertos, los muertos de esa "Europa profunda", que el poeta persigue por las calles de la ciudad despierta y que lo conducen a aquella "catedral ennegrecida". La luna, un ícono romántico -alterada por el atributo "pesada"- sugiere una marea (flujo y reflujo) que conduce al poeta a la luminosidad penumbrosa de la catedral ennegrecida. Lo "ennegrecido" de ella, ¿No alude acaso a alguna pérdida fundamental?

0 Comentarios publicados
Email Contraseña

Archivo

      Mayo 2012     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Los más comentados

La farándula y Camila Vallejo

251 comentarios

La vida de nosotros

158 comentarios

“La muerte no puede quitar lo que el amor ha puesto en su sitio”

143 comentarios

El liviano ritmo de las noticias en TV

132 comentarios

Roger Waters admite "shock" tras reunión con Piñera: "Sus respuestas fueron sorprendentes"

127 comentarios

Mall o mal en la ciudad de Castro: una herida irreparable

82 comentarios

Teletrece: el problema no es de Onetto

78 comentarios

Los más recientes

Maturana

4 comentarios

Noticias del Oso Pepe

0 comentarios

Hija del alma

10 comentarios

La nostálgica "The artist" se consolida como la película favorita de Hollywood

0 comentarios

Manifestación contra Pedro Sabat reflota tema de seguridad en los canales de TV

7 comentarios

El matrimonio de "Los Venegas" llevará teatro al living de la casa

0 comentarios

CHV pondrá a prueba a un grupo de videntes en nuevo estelar

0 comentarios



  • Blogs de Revistas
Acceso a ediciòn impresa de El Mercurio Noticias online en Emol.com